en MEMORIA INTELIGENTE, NO SER EMÉRITO NO ES UN DEMÉRITO, PENAL DE OCAÑA, PROFESOR TITULAR DE UNIVERSIDAD EN FUNCIÓN DE SUSTITUTO DEL SUSTITUTO, Uncategorized

2019 09 27

Escritorio / Papers en revisión frecuente

 

ACERCAMIENTO A LA NOVELA PENAL DE OCAÑA DE MARÍA JOSEFA CANELLADA, VOZ DE MUJER UNIVERSITARIA EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

APPROACH TO THE NOVEL PENAL DE OCAÑA BY MARÍA JOSEFA CANELLADA, VOICE OF UNIVERSITY I WOMEN N THE SPANISH CIVIL WAR

Por Antonio Viudas Camarasa

aviudas@unex.es

Miembro Activo Clases Pasivas (1 sep. 2019 — continúa)
Académico Numerario (25 jun. 1988 — continúa). Medalla número 20
Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes. Trujillo.
Profesor Titular de Universidad. 
Alma Mater: 1969-1974. Universidad Complutense de Madrid. 
Alma Faber: 1974-2019. Universidad de Extremadura
Departamento de Filología Hispánica y Lingüística General
Facultad de Filosofía y Letras. Cáceres. Extremadura. Spain

Penal de Ocaña: testimonio comprometido y directo de la guerra civil

En este acercamiento a Penal de Ocaña deseo dar unas notas sobre la génesis de la novela y su recepción. Encuadro la novela como testimonio directo de María Josefa Canellada, su autora, en la labor de enfermera voluntaria en el bando republicano en el Hospital de Sangre creado por el partido Izquierda Republicana, emplazado en el Casino de Madrid, entre las calles de Alcalá y Aduana, desde donde la autora oía los obuses que caían en la calle de Preciados; en esta calle céntrica estaba el mítico Hotel Florida donde se alojaban los corresponsales de guerra extranjeros. Desde la terraza donde subía a tomar el sol se divisaba la ya legendaria torre del edificio de La Telefónica, en el que Arturo Barea e Ilsa, censores a las órdenes del general Miaja, vivían su idilio amoroso en guerra, una relación real que se convierte en literatura autobiográfica en la novela La llama de la trilogía La forja de un rebelde  terminada en París durante el último año de la guerra civil, antes de fijar su residencia de exiliado en Gran Bretaña como locutor de la BBC en sus emisiones para Sudamérica.

Agustín de Foxá describe el Madrid de finales de agosto en el trance de salvar a Pedro Otaño, gracias a la estratagema del doctor Campos en el Hospital Provincial, en la trama del idilio entre el protagonista y Pilar.

Agustín de Foxá expresa la sensación de cambio del Madrid en guerra al describir el urbanismo de la ciudad atravesada por los camiones que se dirigen al frente de la Sierra.

 

[José Félix] Salió a la calle. Encontró un Madrid desolado, diferente, con los mismos edificios y la misma gente; aquella era ya otra ciudad. Se daba cuenta, así, de la fuerza enorme de las ideas. A pesar de la geografía, aquello ya no era España. En la Gran Vía, en Alcalá, acampaba la horda; visión de Cuatro Caminos y de Vallecas, entre los hoteles suntuosos de la Castellana, bajo los rascacielos de la avenida del Conde de Peñalver. Los “paqueos” habían cesado, pero los autos ocupados por milicianos recorrían incesantes las calles.

Partían los camiones con banderas rojas para el frente de la Sierra al grito de “F. A. I., F. A. I.”, “C. N. T.”, amenazando con los puños cerrados, agitando los fusiles, en mangas de camisa, con correaje, mezclados con milicianas de anchas caderas, sargentos y hombres con pantalón de pana. (Foxá, 1973: 200)

Penal de Ocaña es la historia de un idilio incipiente entre María Eloína Carrandena, enfermera de 20 años, con Miguel Ángel Arriola, militarizado tan pronto cumple la edad reglamentaria. La protagonista dispuesta a ir a las trincheras si era necesario acompañando a su hermano menor Juanillo. Lo expresa el 30 de octubre cuando se muere Ángel, el herido de la cama 3, y piensa que el herido hubiera podido ser su hermano mayor Arturo o el menor: “A Juanillo también le rajarían su carne, sus manos, que yo levantaría al cielo como una promesa de paz”. Y exclama: “Yo con él a las trincheras” (Canellada, 1985: 39). Una mujer militante “una bata blanca en constante función de sí misma. Hacer, hacer” (Canellada, 1985: 106) en la retaguardia sin miedo a dar la vida si era necesario en primera línea de fuego. La historia de una universitaria de la Segunda República dispuesta a la acción humanitaria en tiempo de guerra.

En el Casino de Madrid María Josefa Canellada empieza su voluntariado de joven enfermera. Se entrega a los enfermos y al servicio de la humanidad, desde el 2 de octubre de 1936 hasta su traslado forzoso al penal de Ocaña en Toledo, en el Frente del Centro. En esa población participa en la transformación de un presidio sucio y destartalado en improvisado Hospital de Sangre hasta octubre de 1937. Un año de compromiso de enfermera, sin ideología militante, del que deserta, por problemas éticos y morales, desengañada ante las injusticias con los heridos que comenten sus superiores, los mandos militares, comisarios políticos del centro hospitalario.

Los primeros meses en el Casino de Madrid son de ilusión por hacer algo para mejorar la situación y no quedarse parada en la calle en las colas de racionamiento para conseguir leche o carbón. María Josefa Canellada ayudando a los demás se siente feliz y se le nota eficaz, aunque desea que la guerra acabe pronto y se deje de derramar la sangre inocente de jóvenes soldados. Se le ve, se le nota feliz cumpliendo su objetivo, cometido y misión de hacer todo lo que puede por los demás en tiempo de guerra, siempre anhelando que llegue pronto la paz.

Entre octubre del 36 y enero del 37 María Josefa Canellada cumple con sus turnos de enfermera voluntaria. La visión de su alter ego se completa con la descripción de los hospitales de sangre de Madrid y la mención peculiar que aporta Agustín de Foxá del instalado en el Casino de Madrid:

 

“Los hospitales de Madrid ya estaban llenos de heridos. El palacio de March y el Hotel Palace eran hospitales de sangre, y en el balcón del Casino de Madrid ondeaba la bandera blanca con la Cruz Roja; habían pegado en las fachadas papeles donde se leía: «Silencio, silencio». Aquello entristecía a la calle de Alcalá” (Foxá, 224).

 

Cuando a finales de enero de 1937 se lleva a cabo el traslado forzoso del Hospital de Sangre por estrategia militar al penal de Ocaña en la provincia de Toledo, la angustia abruma a la protagonista y se rebela ante las injusticias internas que sufren algunos de sus heridos que son llevados directamente al fusilamiento o se les da el alta sin estar curados enviándolos de nuevo a luchar en las trincheras.

 

Una estudiante universitaria de la universidad de Madrid en el Centro de Estudios Históricos

María Josefa vive y describe la guerra en carne viva. En esta novela autobiográfica se observa la desazón de numerosos intelectuales, que tanto lucharon para que la Segunda República Española fuera una realidad.

Canellada es deudora intelectual de los hombres del Centro de Estudios Históricos, obra de la Junta de Ampliación de Estudios. Su formación universitaria se debe a personas tan importantes y comprometidas con la innovación filológica y humanística como Ramón Menéndez Pidal, Américo Castro, Manuel Gómez Moreno, Tomás Navarro Tomas, Pedro Salinas, Homero Serís, Samuel Gili Gaya, el joven José Fernández Montesinos y el anciano Elías Tormo y otros. De todos ellos son sus discípulos los jóvenes María Josefa Canellada y Alonso Zamora Vicente, junto a Julián Marías, joven estudiante de filosofía y admirador de los profesores José Ortega y Gasset, Javier Zubiri y Manuel García Morente.

Penal de Ocaña tiene el Atlas Lingüístico de la Península Ibérica, dirigido por Tomás Navarro Tomás, como testimonio de la ruptura intelectual en la ciencia española y María Josefa Canellada, junto con Alonso Zamora Vicente, es uno de los testigos más fieles y cercanos:

“Sigo yendo al Centro por la tarde.
El profesor N. [Navarro Tomás] me ha ofrecido su casa y le ha pedido a don Ramón [Menéndez Pidal que sigue dirigiendo el Centro]  que me encargue de otro trabajo que no sea el de Índice, donde estoy sola. Me han llevado a corregir pruebas toda la tarde.

Es curioso ver cómo en los mapas dialectales de las paredes, banderitas pinchadas con alfileres, van marcando ahora frentes y avances de las tropas. También es interesante para mí ver cómo me siento un poco fuera de todo eso, y cómo mi casa es el Hospital” (Canellada, 1985: 39).

 

En ella se evidencia todo lo que el Centro de Estudios Históricos hacía para renovar los estudios humanísticos y filológicos en España y  que se fue al traste por culpa de la guerra civil: recuperación del folclore oral, las lenguas de la Península Ibérica con su atlas plurilingüe, la música tradicional  y el romancero, el cultivo de la música clásica, la recuperación de la literatura del Siglo de Oro con el guiño al Quijote, y la románica con la traducción de Os Lusiadas de Camões y otros vistazos de innovación dirigidos a la cultura de la vieja Europa en las numerosas facetas que fomentaba la Junta de Ampliación de Estudios, siendo su presidente Santiago Ramón y Cajal, que puso la biología española en el mapa internacional. Los hombres del Centro de Estudios Históricos hicieron que la filología española fuera referencia obligada para los investigadores extranjeros.

La joven Canellada estudia con su esfuerzo personal trabajando de auxiliar de clínica con el padre de la novia de su amigo Julián Marías, coautor con Carlos A. Del Real y Manuel Granell de Juventud en el mundo antiguo: (crucero universitario por el Mediterráneo), publicado por Espasa Calpe en 1934, organizado por el historiador del arte Elías Tormo y otros en el verano de 1933, siendo decano de la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid Manuel García Morente. María Josefa tiene como una de las mejores amigas a Lolita Franco: “… que era muy amiga de María Josefa Canellada porque ella trabajaba con su padre en la consulta médica; también el que fuera su marido, Julián Marías” (Pedrazuela, 2010: 82-83)

Desde 1933 María Josefa Canellada alterna trabajo y universidad. Había estudiado el bachillerato en el Instituto San Isidro de Madrid gracias a sus matrículas con premio con las que conseguía matrícula gratuita. Ya universitaria se ayudó con el trabajo que llevaba de secretaria de la revista Índice, dirigida por Pedro Salinas. En la universidad conoce a todos los grandes maestros de la época dorada de la Facultad de Letras de Madrid, del año 1933 hasta el golpe militar.

Entabla especial relación con su admirado maestro, Tomás Navarro Tomás, un republicano muy activo que se hizo cargo de la dirección de la Biblioteca Nacional, cuando Miguel Artigas se encuentra en el bando sublevado. Artigas desde la prensa nacionalista divulga verdades a medias sobre la conservación del patrimonio artístico español en el Heraldo de Aragón (5 de junio de 1937), imprecisiones que llegan al Director del Museo Británico, que genera su visita de inspección internacional para examinar Las Meninas, custodiadas en las Torres de Serrano de Valencia.  Los republicanos del Centro de Estudios Históricos tienen sus detractores entre ellos Joaquín de Entrambasaguas, que fue mi profesor de literatura del Siglo de Oro en 1973 en la Universidad Complutense, en Pérdida de la universidad española (1938, págs. 50-51) había tildado a  Américo Castro de «maniquí erudito», a Sánchez Albornoz de «inverecundo» y los trabajos de Navarro Tomás «gorgoritos fonéticos», de «poesía presupuestaria» la de Pedro Salinas y de «inefable» a Homero Serís. Las citas apud (Pedrazuela, 2010: 155)

Tomás Navarro Tomás es su maestro y es el ideal universitario para María Josefa Canellada. La guerra lo exilió y gracias a Dámaso Alonso, tanto el novio de María Josefa, Miguel Ángel Arriola, alter ego de Alonso Zamora Vicente en Penal de Ocaña como María Eloína Carrandena, alter ego de María Josefa Canellada, leen sus tesis doctorales en la inmediata posguerra.

El 14 de diciembre de 1936 María Josefa se despide de Tomás Navarro Tomás que se va a Valencia con los intelectuales republicanos evacuados por orden del Gobierno. Le comunica con firmeza: “–No, no señor. Yo debo quedarme aquí, en mi sitio”. Se fija que ha cambiado el sombrero por una boina y que lleva un abrigo nuevo y que muestra una sonrisa y una voz más acogedoras y paternales que nunca. No supo decirle las muchas cosas que quería decirle y apenas le dijo nada y llama la atención del lector con la técnica del monólogo interior:

 

“(¿Y nuestras clases del aula pequeña, frente a la sierra? Yo tengo que hacer mi tesis doctoral con usted. Y tengo que trabajar mucho con usted. Y tengo que ponerle otra mañana de primavera flores de almendro encima de su mesa…)  (Canellada, 1985: 106).

 

La cronología comparada entre la vida de María Josefa y la de Alonso Zamora Vicente corren paralelas con la de los dos protagonistas de la novela. Gracias a los testimonios recogidos por Mario Pedrazuela y otros que hemos conocido por otras fuentes se documentan las veces en que a través de recuerdos y de cartas aparece Zamora Vicente en la novela. Me he encontrado lo que publiqué en internet unos días antes de empezar el Itinerario AZV el 7 de noviembre de 2016 y unos días antes de participar en las sesiones presenciales de la Sociedad Científica de Mérida. Sitúo a Zamora Vicente, como soldado republicano, tras visitar Sesa (Huesca) en ese verano de 2016. Ahora puedo aportar más datos y mejorar la visión gracias a la investigación que estoy llevando a cabo para relacionar la presencia de ambos en Penal de Ocaña y completar mi ensayo “Alonso Zamora Vicente en la guerra civil española”.

La historia tiene que ser vista desde todos los ángulos posibles para conocerla mejor. Lo difícil es encontrar fuentes fiables y convincentes. En dos años mi visión ha cambiado para mejorarse en muchas ocasiones. He ahondado en la biografía de escritores que les pilló la guerra en ambos bandos. Pedro Caba, Luis Chamizo, Pedro de Lorenzo y Manuel Pacheco se encontraban en el bando sublevado. Arturo Barea, Alonso Zamora Vicente y María Josefa Canellada en el bando republicano. En todos he visto el horror de la guerra en los labios de los escritores o de sus familiares y amigos (Pedro Caba, Luis Chamizo, Pedro de Lorenzo, Manuel Pacheco, Alonso Zamora Vicente y María Josefa Canellada) con los que he mantenido relación personal.

Cuanta más información se tiene de un asunto mejor se lo conoce. Empecé con Zamora Vicente, me pasé a Santiago Ramón y Cajal, me entretuve gratamente con Arturo Barea. Unamuno me ha conquistado de nuevo como cuando yo era un joven lector de sus libros prohibidos y ahora investigando la obra de María Josefa Canellada me encuentro atando muchos cabos sueltos que desconocía o no sabía relacionar unos con otros, que no descubrí cuando Alonso Zamora Vicente me regaló un ejemplar del libro recién salido de la imprenta.

Algo tengo claro, en el bando republicano en la guerra civil no había pensamiento único y unas veces convivían o estaban enfrentados los republicanos convencidos, los socialistas, los anarquistas, los comunistas e incluso los monárquicos en minoría. A la escritora María Josefa Canellada se la debe enmarcar en el socialismo cristiano occidental, el socialismo humanitario. Ve que el comunismo soviético de 1936 no es posible llevarlo a cabo en España y como en algún sitio he leído la monarquía no podía volver por falta de seguidores y el comunismo era muy difícil de imponerse en la sociedad española de 1936. La mayoría de los intelectuales del Centro de Estudios Históricos eran republicanos socialistas y expresaban sus ideas como Gregorio Marañón, Miguel de Unamuno, Manuel Azaña, José Ortega y Gasset, en activismo intelectual, discrepando entre ellos. No había pensamiento único entre los intelectuales de la España de la Segunda República. Había discrepancias muy saludables. Las nuevas nacientes minorías revolucionarias soviéticas y anarquistas no eran aceptadas por la inmensa mayoría como algunos historiadores posmodernos y sobre todo británicos nos han querido hacer ver.

La historia de la guerra civil española y su posterior resultado tiene que beber en numerosas fuentes para encontrar o acercarse a la verdad de los hechos sucedidos. Cuanto más leo, más información acumulo y con ella cada día cambio más de opinión. Eso es la maravilla que se goza cuando se investiga cualquier aspecto de la historia, la filosofía, la creación literaria y la ciencia. Se está siempre en la búsqueda de un buen ojo clínico intelectual para todos los aspectos de la vida.

Quiero insistir en ello: la voz de esa mujer que habla en la novela es la voz de una escritora culta, que conoce la literatura anarquista:

 

“Pero hay algunos que se van antes de que les den el alta médica.

¿A dónde se fue aquel sargento Aguado, el 36, tan buen muchacho, tan amigo de aprender algo más, herido en una mano? Me regaló al marchar uno de sus tesoros,

una Montaña de Eliseo Reclus; prometió escribirme en cuanto supiera a dónde le destinaban, y nadie, ni los compañeros de su Brigada, volvió a tener noticias suyas” (Canellada, 1985: 143)

 

y también la literatura innovadora que se lee en España en esos años anteriores a la guerra. Entre esos libros conoce los que llegan a la revista Índice, la primera edición de Retrato de un artista adolescente de James Joyce que traduce Alfonso Donado, seudónimo de  Dámaso Alonso, ese joven poeta y lector de español en universidades británicas. Conoce el Ulises en la versión francesa y la literatura románica y universal más importante de la época.

El lector de Penal de Ocaña debe tener en cuenta que María Josefa Canellada suma a la rica cultura que vivió la Edad de Plata de la literatura del siglo XX en Madrid, los conocimientos intelectuales y personales que le reportó su estancia en Buenos Aires entre 1948 y 1952.

 

 

Para entender los avatares de la censura en España. una muestra: las versiones de “Penal de Ocaña” (1954-1985) de María Josefa Canellada

Inventario de ediciones. Conozco la existencia de las siguientes versiones de Penal de Ocaña:

  1. El original que se presenta al premio literario de novela de El Café Gijón. Desconozco si se conserva alguna copia mecanografiada.
  2. Galeradas impresas para Ínsula. Debajo del título Penal de Ocaña aparece como subtítulo Diario de una enfermera. He consultado un ejemplar, conservado en la Biblioteca Alonso Zamora Vicente, que son las galeradas impresas que se presentan a la censura por la Editorial de la revista Ínsula, dirigida por Enrique Canito, con “Copyright, 1955 by María Josefa Canellada”, impresas en el “Taller de Artes Gráficas de los Hnos. Bediá de Santander”. En la primera página se lee en letra manuscrita muy parecida a la de Alonso Zamora Vicente: “Galeradas devueltas por la censura: prohibición absoluta, total. Primavera, 55. Lo presentó  Ínsula”. En letra impresa “ÍNSULA. Madrid. 1955”. En página en blanco se lee “Dibujos de Valdesaz” que deberían ilustrar las cinco viñetas que se señalan en las galeradas. Se reproduce la nota aclaratoria completa que empieza por “Transcribo, tal como las encuentro de un cuaderno de diarios…” y termina “Por la transcripción María Josefa Canellada” que se reproducirá en la edición de 1964 de Editorial Bullón firmada por M. J. C. En una página preliminar se lee: “como un río caudal, así van ellas, lágrimas de mi duelo“ que debo descubrir quién es el autor.  En la página siguiente se anota: “Aquí puede ir el dibujo del miliciano, o emplearse para una portada” [parece ser letra manuscrita de Alonso Zamora Vicente]. El ejemplar que he consultado tiene numeración de imprenta hasta la página 41. Desde la 42 a la 89 se numera a lápiz en el margen superior derecho de las galeradas en letra de imprenta. Las viñetas se indica que deben intercalarse con el texto. La viñeta 1 antes de 16 de octubre “¿… qué tragedias menudas? La viñeta 2, antes de 14 de diciembre. La viñeta 3 antes de “Traducimos “Os Lusiadas” Miguel ángel y yo”. La viñeta 4 insertarla en la página 62 de las galeradas y la viñeta 5 en la página 84 en 25 de setiembre. Censura que vuelve a vivir el único ejemplar de la novela que conozco porque no se la dejan a los investigadores para realizar un estudio minucioso y cotejar variantes con las otras dos ediciones publicadas. En varias ocasiones se encuentran pegadas unas hojas con papel cebolla con textos mecanografiados indicando donde se deben añadir. En una ocasión es nota autógrafa, describiendo el patrimonio histórico de Ocaña.
  3. Fragmentos que publica Camilo José Cela. Papeles de Son Armadansen 1957, págs. 71- 75. Penal de Ocaña. Diario de una enfermera.
  4. Fragmentos que publica Luis Rosales. Cuadernos Hispanoamericanos, Nº 103 (julio 1958), págs. 49-58. Penal de Ocaña. Diario de una enfermera.
  5. Penal de Ocaña. La versión censurada que se publica en la editorial Bullón de Madrid. A la censura se presenta el original en copia mecanografiada en papel cebolla. Se conserva en el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares. Consultado por María Victoria Navas Sánchez-Élez y Juan Ribera Llopis. Se suprime el subtítulo Diario de una enfermera. Nota aclaratoria “Transcribo, tal como las encuentro, las notas de un cuaderno de diarios que llegó a mí por casualidad. Perteneció a María Eloína Carrandena, de veinte años, estudiante universitaria en Madrid en 1936, compañera mía que fue en la Facultad de Letras. // No he intentado siquiera retocarlo ni pulirlo para que no pierda el agrio sabor de autenticidad que rezuma / Por la transcripción, // M. J. C.”
  6. Penal de Ocaña. La última versión en vida de la autora en Espasa Calpe en la colección Austral con prólogo de Alonso Zamora Vicente. La nota aclaratoria queda reducida a “Cuaderno de diarios de María Eloína Carrandena, estudiante de Letras en Madrid en 1936”.

 

Ante este inventario de ediciones deseo que alguien lleve a feliz término una documentada edición crítica, puesto que he encontrado a vuela pluma variantes dignas de tenerse en cuenta. María Josefa Canellada escribió Penal de Ocaña con voluntad de estilo, conociendo las técnicas narrativas de los numerosos diarios literarios anteriores y estando al día de las técnicas narrativas de su época. Consiguió ser finalista de un premio literario de prestigio, pero la censura y luego la autocensura ha hecho posible que hoy sea vista desde una perspectiva insospechada: la de la memoria inteligente que apuntó Cajal en El mundo visto a los ochenta años.  Esta es la razón principal, en mi opinión, por la que ha pasado desapercibida para los historiadores de la guerra civil española. Es una novela que no encajaba en los cánones de ninguno de los dos extremos ideológicos. Para la censura franquista era la novela de una republicana y para la visión contraria es la novela humanitaria de una republicana que denuncia las injusticias de la guerra con “el agrio sabor de autenticidad que rezuma”. La novela está agotada en las dos ediciones y solo se encuentran ejemplares en algunas bibliotecas y a veces en el mercado de segunda mano.

Tras el silencio de la versión con censura total para la editorial de la revista Ínsula, en 1964 se publicó PENAL DE OCAÑA en la editorial Bullón, con leves supresiones  al original presentado a la censura como han estudiado María Victoria Navas Sánchez-Élez y Juan Ribera Llopis en “La obra narrativa de Alonso Zamora Vicente y María Josefa Canellada bajo la mirada del censor”,  comunicación expuesta verbalmente el sábado, 12 de noviembre de 2016 en el  Itinerario Artístico Literario Alonso Zamora Vicente 100 años de su nacimiento, Etapa 1. Malpartida de Cáceres y publicada en la Revista de Filología Románica  Vol 34 (2017), pág. 89-99.

La versión definitiva revisada por la autora vio la luz en 1985 con prólogo de Alonso Zamora Vicente en la colección Austral de la editorial Espasa Calpe.

 

 

Una novela silenciada por la censura y desconocida o ninguneada por los estudiosos de la guerra civil

Penal de Ocaña es una novela de la guerra civil censurada y silenciada e ignorada por los investigadores. Habla de la guerra sin necesidad de pregonar que habla de la misma. Da luz nítida sobre muchos aspectos desconocidos de la guerra civil. El principal: la moral y la ética en la guerra civil.

Se inició con unos cuadernos de diarios de la guerra civil escritos por una enfermera. La autora la preparó para ser conocida en la versión del ejemplar presentado al premio de novela del Café Gijón en 1954. En 1955 mecanografió la primera versión en copias de papel cebolla para ser publicada en la revista Ínsula. No pasó la censura y fue silenciada como libro hasta 1964.

Como muy acertadamente afirma Emilio Gavilanes:

“… es una novela apenas mencionada, ni siquiera entre los especialistas de la literatura de la guerra civil” (Gavilanes, 2016).

El hecho de que en 2016 no se conociera esta novela Gavilanes lo achaca a los problemas de censura durante el franquismo y al olvido de los temas de la guerra civil cuando aparece la edición definitiva en 1985. Lo primero es evidente, lo segundo es matizable.

La crítica posmoderna y su bibliografía durante los primeros años de la democracia española pecaron, en mi modesta opinión, del sesgo de confirmación en la mayoría de sus numerosos autores. Se tenía una admiración infundada en todo lo que opinaban los tratadistas extranjeros, sobre todo los británicos. Esta obra, como tantos aspectos de la literatura de la guerra civil, fue ignorada por desconocimiento como causa principal, además de no coincidir con los intereses ideológicos de algunos autores.

Hubo muy pocos lectores que leyeran Penal de Ocaña con las claves con las que la ha leído Emilio Gavilanes.  Incluso los especialistas en literatura escrita por mujeres no le han hecho caso a esta obra, a pesar de que como muy bien afirma Gavilanes en ella hay una voz firme de una mujer culta, comprometida y engagé con los inocentes que sufren las consecuencias de la guerra:

 

“Lo que hay es una voz de mujer que habla, que cuenta, que se expresa, que reflexiona, que se lamenta, que llora… Y es la delicadeza de esta voz la que nos tiene subyugados de la primera a la última línea”. (Gavilanes, 2016).

 

Lo que hay es la voz de una mujer, que basándose en sus cuadernos de diarios escritos durante los quince primeros meses de la guerra civil, cuando la autora tiene 24 años (Infiesto, Asturias, 1912- Madrid 1995), traslada todas sus vivencias a una joven universitaria de 20 y su propia biografía se transfigura en la biografía de su personaje de ficción.

Recién llegada a Salamanca después del periplo argentino con su esposo, domiciliados en la calle Milicias Nacionales, hoy Primero de mayo, paradoja de la vida, para dos republicanos activos durante la guerra civil, ella en Madrid y Ocaña, y él, con carnet de la CNT, en el batallón Turia de Levante en la retaguardia de intendencia en los frentes del ejército del Centro y en el Frente de Aragón en su estancia en Sesa (Huesca) y el Frente de Balaguer y otras posiciones en torno a  Igualada y Barcelona.

En ese domicilio de Milicias Nacionales de Salamanca después de conocer personalmente a sus tres amigos argentinos, con toda probabilidad personajes que intercala en la novela para poder pasar la censura y que muy probablemente sean Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Daniel Devoto. Me baso para escribir esta conjetura en las veces que Zamora Vicente me citó a estos autores verbalmente y a los testimonios de amistad que en más de una ocasión me ha trasmitido Juan Manuel González Martel sobre estos autores y el matrimonio Zamora Vicente. Me remito al último estudio de este autor sobre la visita de Jorge Luis Borges a la Real Academia Española, de la que el investigador canario, director que fue de la Casa Lope de Vega, propiedad de la Real Academia Española, presentó en el Itinerario Artístico Literario Alonso Zamora Vicente en Malparida de Cáceres el 13 de noviembre de 2016 MESA REDONDA–DEBATE AZV–5: Alonso Zamora Vicente: Testimonios y miradas II, leída por Rosa Lencero Cerezo. Se ha publicado con el título: La primera vez que, en abril de 1973, Jorge Luis Borges visitó la sede de la Real Academia Española y “compartió” con los académicos españoles, según AZV, Secretario perpetuo de la Institución en  Revista de Filología Románica  Vol 34 (2017), págs. 163-170,  Nº especial: Homenaje a Alonso Zamora Vicente (1916-2006): Filólogo, escritor, embajador de la lengua española y maestro.

 

Penal de Ocaña y el humanismo existencialista cristiano

Canellada vive cuatro años en Buenos Aires, ciudad que “estaba inmersa en la atmósfera existencialista desde hacía algunos años” (Zuleta, 1994, 600 en la que en 1932 Raimundo Lida en Sur había traducido ¿Qué es metafísica? de Heidegger.

Emilia de Zuleta nos ilustra con la noticia de Diálogo existencial (1937) de Carlos Alberto Erro que descubre un Unamuno existencialista por vez primera para los americanos y exiliados españoles.

Los Zamora-Canellada en 1948 se encuentran con las traducciones en Losada de Sartre (La náusea y El muro) y en 1949 ¿Qué es la literatura? Albert Camus traducido enser y recopilado su teatro en Losada en traducción de Guillermo de Torre y Aurora Bernárdez.

En la revista Realidad 1948 en Buenos Aires Martín Heidegger defendía tesis muy opuestas a las de Jean Paul Sartre en su ensayo en la primera parte de Carta sobre el humanismo. María Josefa Canellada se alinea más con Heidegger que con Sartre.

Recuerdo cómo Alonso Zamora Vicente en 1973 en clase se reía y sonreía de los profesores más jóvenes de mi Facultad que epataban con la llegada del boom de la novela sudamericana y las discusiones bizantinas de la prensa de la época sobre qué es literatura y la imposición en los estudios de COU del comentario de texto a lo francés a través de un famoso libro sobre el asunto.

El lector debe leer Penal de Ocaña como una novela autobiográfica donde la presentación de dietario y la estructura de la novela esconden muchas lecturas que no se citan. Desde la novela religiosa de Bernanos a otras muchas producciones que pasan desapercibidas por el lector (como Julien Green y François Mauriac). En la Biblioteca AZV están algunas obras de estos autores en ediciones publicadas en vida de María Josefa Canellada (1912-1995):

Bernanos, Georges:

  • Un crime (1935) Paris. Librairie Plon.
  • Les grands cimetieres sous la lune / (1938) Paris. Librairie Plon.
  • Journal d’un curé de champagne (1936) Paris. Librairie Plon.
  • Sous le soleil de satan. (1951) París. Librairie Plon.
  • Bajo el sol de Satán (1955), traducción de José Vila Selma, Madrid. Excelicer, 1955.
  • La libertad, ¿para qué? (1955), versión castellana de Odete Boutard. Buenos Aires. Librería Hachette, 1955.
  • Nueva historia de Mouchette (1982), traducción de Jesús Ruiz, 4a. ed, Barcelona, Luis de Caralt, 1982.

Green, Julien:

  • Adrienne Mesurat (1927) París, Librairie Plon.
  • Minuit (1936), París, Librairie Plon.
  • Si yo fuese usted… (1950), traducción de Abel Mateo, Buenos Aires, Emecé.
  • Cada hombre en su noche (1961), traducción de J. Ferrer Aleu, Barcelona, Plaza & Janés
  • Naufragios (1987), introducción, Rafael Conte; traducción, Emma Calatayud.  Madrid: Espasa-Calpe.
  • Varuna (1994), traducido del francés por Mauricio Wacquez, Anaya & Mario Muchnik.

Mauriac, François:

  • Le baiser au lépreux (1922), París, Bernard Grasset.
  • Le fleuve de feu (1923), 37ª ed., París, Bernard Grasset.
  • Les Péloueyre (1923), París, Calmann-Levy.
  • Le désert de l’amour (1925, Paris, Bernard Grasset.
  • La robe prétexte (1925), edición: 13ª ed, Paris, Bernard Grasset.
  • Thérèse Desqueyroux (1927), 6ª ed., Paris, Bernard Grasset.
  • Le noeud de vipéres (1932), París, Bernard Grasset.
  • Les angles noirs, (1936) París, Bernard Grasset.
  • Mes grands hommes  (1949),  Monaco, Editions du Rocher.
  • De Pascal a Graham Greene (1952), traducción de Aurora Bernárdez, Buenos Aires, Emecé.
  • Thérèse Desqueyroux ; Thérèse en casa del doctor ; Thérèse en el hotel ; El fin de la noche,  (1953), traducción del francés por Fernando Gutiérrez, Barcelona, José Janés.
  • El mal (1955) traducción de Elvira Riera de Camerlingo, Buenos Aires, Losada.
  • El hijo del hombre (1962), versión española de Carmen Castro, Madrid, Taurus, 1962.
  • El desierto del amor (1970), prólogo de Lorenzo Gomis, Barcelona, Salvat Editores, Madrid, Alianza Editorial.

Es una novela moral y ética sobre los horrores de la guerra contados sin cruda visión y humanitaria congoja. Problemas que se ven con cariño y amor al desvalido desde una perspectiva de afecto femenino. La peste de Penal de Ocaña no son las ratas de Albert Camus, sino que la peste misma es la guerra. Esta novela pertenece a la novela existencial humanitaria con visión religiosa solidaria cristiana de compromiso que no entiende que los sublevados no dejen de tirar obuses sobre Madrid ni el día de Navidad. El existencialismo que desarrollan desde un punto de vista laico tantos escritores de los años cuarenta y que desarrollan desde un punto de vista cristiano tantos autores de esas décadas, entre ellos aunque la crítica no se haya dado cuenta de ello esta novela ignorada de María Josefa Canellada.

 

Un republicano socialista, Arturo Barea y una novelista cristiana, María Josefa Canellada coindicen en lo absurdo de la guerra civil española

Me detengo en el sentimiento de dos novelistas del bando republicano. Un hombre socialista convencido, Arturo Barea y una mujer María Josefa Canellada, una estudiante universitaria voluntaria en un Hospital de Sangre. Desde perspectivas complementarias coinciden en el horror de la guerra. Los dos con el tiempo desisten y huyen de sí mismos para encontrarse a sí mismos. Barea va dando tumbos y María Josefa Canellada se elimina cuando le obligan a tratar a los heridos de guerra como presos políticos. En el fondo los dos no ven sentido a la guerra que están sufriendo y de la que son protagonistas activos. Barea como propagandista del Frente Popular y censor de guerra y creador de posverdades. María Josefa Canellada siendo siempre fiel a su verdad y a su compromiso con el prójimo con unción de solidaridad humana y convicción religiosa: trabajar y ayudar a los heridos.

 

El cura de Arturo Barea: Leocadio Lobo

Traigo a colación las palabras que Arturo Barea le hace decir a Leocadio Lobo, el cura comunista que está salvando curas del paredón por misión gubernativa republicana, muy amigo de los anarquistas. Barea y María Josefa Canellada se plantean la guerra como testimonio de su existencia propia y del mal que sufre el hombre con ella. María Josefa Canellada en forma de dietario existencial muestra lo horrible del sufrimiento de sus enfermos, jóvenes que matan en el frente y mueren heridos con metralla en sus propias carnes en las camas del Casino, Hospital de Sangre de Izquierda Republicana.

Dejo la cita y que cada lector, buen lector que saque sus consecuencias. Arturo Barea pone en boca de su amigo y compañero de residencia del Hotel Victoria el padre Leocadio Lobo esta reflexión sobre el horror de la guerra:

 

“Y esta guerra. Tú dices que es repugnante y sin sentido. Yo no. Es una guerra bárbara y terrible con infinitas víctimas inocentes. Pero tú no has vivido en las trincheras como yo. Esta guerra es una lección. Ha arrancado a España de su parálisis, ha sacado a las gentes de sus casas donde se estaban convirtiendo en momias. En nuestras trincheras, los analfabetos están aprendiendo a leer y hasta a hablar y están aprendiendo lo que significa hermandad entre hombres. Están viendo que existe un mundo y una vida mejores que deben conquistar y están aprendiendo también que no es con el fusil con lo que lo tienen que conquistar, sino con la voluntad. Matan fascistas, pero aprenden la lección de que no se ganan guerras matando, sino convenciendo. Podemos perder esta guerra, pero la habremos ganado. Ellos aprenderán también que pueden someternos, pero no convencernos. Aunque nos derroten, seremos los más fuertes, mucho más fuertes que nunca, porque se nos habrá despertado la voluntad. Todos tenemos nuestro trabajo que hacer, así que haz el tuyo en lugar de hablar de un mundo que no te sigue. Sufre y aguántate, pero no te encierres en ti mismo y comiences a dar vueltas dentro. Habla y escribe lo que tú creas que sabes, lo que has visto y pensado, cuéntalo honradamente con toda tu verdad. No hagas programas en los que no crees, y no mientas. Di lo que has pensado y lo que has visto y deja a los demás que, oyéndote o leyéndote, se sientan arrastrados a decir su verdad también. Y entonces dejarás de sufrir ese dolor de que te quejas” (Barea, La llama, 1958, 305)

 

Leocadio Lobo le dice a Arturo Barea que no mienta, algo difícil siendo responsable de la propaganda que tiene que emitir por radio por orden del general Miaja. María Josefa en su novela Penal de Ocaña nunca miente, tiene una moral a prueba de bomba, quiere ser buena y ejerce de buena en su buen hacer y desea como Arturo Barea que la guerra termine pronto. Pero cuando Madrid recibe ayuda de los tanques y ametralladoras rusas, ya intuyen que la guerra en noviembre de 1936 va para rato. Y cuando el gobierno se va a Valencia y deja solo al general Miaja saben e intuyen que la guerra acaba de empezar. Arturo Barea y María Josefa Canellada, dos voluntarios que se quedan en Madrid. Donde tienen que estar a defender sus ideales. Uno para defender un ideal político militante, la otra para curar en misión humanitaria las heridas de soldados heridos en las trincheras y ayudar a bien morir a los desheredados de la fortuna. Los dos, Arturo Barea y María Josefa Canellada, necesitan de ojos lectores que sepan reinterpretar sus escritos. Hasta ahora desconozco estudios que interpreten en su justa medida la obra de Arturo Barea. De María Josefa Canellada tenemos dos ensayos. El primero con muchas luces escrito por Alonso Zamora Vicente en el prólogo a la última edición de Penal de Ocaña en 1985, el segundo es un estudio breve y denso de una lectora muy sagaz, mi amiga y condiscípula en Alonso Zamora Vicente, Emilia de Zuleta, “María Josefa Canellada, narradora” (Zuleta, 1994).

Los críticos e historiadores

Los críticos e historiadores de la literatura vivida en la guerra civil han estado muy ocupados en la literatura inventada sobre la guerra civil. Poco a poco estos dos autores se pondrán en su sitio, sin necesidad que hispanistas de profesión llenen el hueco que debían haber ocupado los estudiosos españoles con más vivencias referidas por tradición oral. La leyenda de la guerra civil ha sido más contada por extranjeros que por investigadores españoles y tanto Arturo Barea como María Josefa Canellada han sido bastante olvidados. Son necesarios nuevos enfoques documentados sobre este hecho que ha marcado y sigue marcando a la sociedad española. Otros autores que conozco y en los que deseo profundizar en otro momento dan otra visión del primer año de la  guerra civil. Me refiero a Manuel Chaves Nogales, un periodista independiente de las dos Españas, en su relato A sangre y fuego (Chile, 1937), Agustín de Foxá, un falangista militante, en Madrid. De Corte a Checa (1938) y Pío Baroja, un escritor que había novelado las guerras carlistas, en Ayer y hoy (Chile, 1939). El mito de las dos Españas se desmorona ante la realidad de numerosas y plurales Españas en los años inmediatos previos a la guerra civil. La España liberal tenía muchos matices que no se podrían reducir nunca a los dos colores del rojo y azul del arcoíris del comunismo y del fascismo reinante en Europa.

 

El pueblo sufridor

El pueblo español, que sobrevivía en los dos bandos, es el que sufrió la guerra y las consecuencias de la misma. El pueblo siempre ese gran olvidado. Arturo Barea con el padre Leocadio Lobo dio testimonio del sufrimiento del pueblo. María Josefa Canellada dio testimonio de los heridos y muertos en dos Hospitales de Sangre, el del Casino de Madrid y el del presidio de Ocaña convertido en Hospital de Sangre, recordando a sus maestros del Centro de Estudios Históricos, sobre todo a Tomás Navarro Tomás, las canciones tradicionales de los folcloristas del centro como El conde Olinos, el canto militante de “En pie los pobres del mundo”, los compañeros de clase de la Ciudad Universitaria, los heridos, soldados procedentes de todas las regiones del bando republicano, sus padres en paradero desconocido, su hermano Daniel, en el frente de Peguerinos y Guadalajara, su hermano José “Juanillo”, y al pueblo trasterrado de Carabanchel y Villaverde con sus mulas y carros y familia con viaje a ninguna parte parados junto a la calle de Alcalá. Una novela donde todo el pueblo de Madrid sufre, mientras los periodistas extranjeros se divierten con señoritas y botellas de licores caros en las suites del Hotel Florida.

Ni Ernest Hemingway ni Georges Bernanos ni Georges Malraux ni otros escritores extranjeros han contado la guerra de España con la veracidad y el existencialismo vivido por Arturo Barea y María Josefa Canellada. Hemingway no llegó a describir la realidad del pueblo en guerra. Georges Bernanos abandonó Mallorca en la primavera de 1937 y André Malraux dejó su escuadrilla España en febrero de 1937 y viajó a dar conferencias a Estados Unidos. La guerra vista por tres escritores reporteros. Barea vivió la guerra en los primeros meses en Madrid y luego fue perseguido por los propios mandos militares y políticos hasta que en 1938 se autoexilia en París. María Josefa Canellada permaneció toda la guerra en el bando republicano. Primero como voluntaria ilusionada en Madrid y Ocaña y luego como española decepcionada en Madrid. El pueblo español y su sufrimiento no les dolieron en carne propia a ninguno de los tres escritores extranjeros. En cambio, en estos dos autores, Barea y Canellada, complementarios con visiones convergentes y divergentes machadianas, el pueblo auténtico está siempre presente en sus testimonios y confesiones vividos.

 

Observaciones al margen sobre la memoria inteligente

“Hemos de empeñarnos en abandonar de una vez por todas los cacareos conservadores o revolucionarios” (Zamora Vicente, 1985: 12).

 

Leo, pienso y escribo a borbotones lo que me sale de dentro o me dictan mis neuronas. Está claro y muy claro: el que piensa, lee y escribe u opina en la sociedad del siglo XXI donde se piensa poco, se lee poco y muy pocas veces bien y se escribe con sesgo de confirmación, consigue aportar nueva visión en sus escritos. De los que siempre repiten lo mismo se aprende poco, de quienes discrepan aprende el discrepado a pensar en nuevos argumentos para rebatirlos y superarse o rectificar en sus opiniones y pensamientos.

Mi memoria inteligente se apoya en el magisterio de mi maestro Alonso Zamora Vicente. Mirar con sosiego escribía en 1985 “el fruto de la confrontación de los espíritus” todo lo contrario de lo que está haciendo en 2018 en España:

 

“La guerra, como experiencia formativa, debe ser reconsiderada, y hemos de empeñarnos en abandonar de una vez por todas los cacareos conservadores o revolucionarios. Es hora de ir mirando con sosiego el fruto de la confrontación en los espíritus, fruto consecuencia de una meditación profunda sobre las circunstancias y las conductas. Y entresacar de esta meditación lo que de valioso pueda sobrenadar al margen de anecdóticas y archisabidas actitudes interesadas. Seguir obstinados en posturas combativas es la mejor manera de minimizar o trivializar el episodio de la guerra civil, que, indudablemente, tuvo su grandeza y su limpia generosidad” (Zamora Vicente, 1985: 12)

 

María Josefa fue enfermera voluntaria en el hospital de sangre de Izquierda Republicana instalado en el casino de Madrid hasta el 24 de enero de 1937 y luego en el de sangre del antiguo penal de Ocaña. Zamora Vicente, soldado en el ejército republicano desde 1937 a 1939. Liberado de un campo de concentración y depurado en 1939, testigo y protagonista del exilio interior de España. Leyendo y escuchando su voz he aprendido a ejercer mi memoria inteligente para situar una novela de la guerra civil censurada e ignorada porque no es una novela ideológica, es una novela en carne viva en la que se aborrece la guerra y se está esperando siempre el momento de la paz que no llega. Se terminó la guerra civil y el matrimonio Zamora-Canellada empezó nuevas luchas vitales que logró superar gracias al esfuerzo y al trabajo para reconstruir todo lo que la guerra había destrozado: el pensamiento innovador para ver el mundo desde todas las perspectivas posibles. Su magisterio sigue en pie y sus libros son fuente imprescindible de conocimiento de la España del siglo XX. Penal de Ocaña me ha ayudado a conocer desde dentro lo que fue la guerra civil en la narración de una escritora que tiene valores que debemos seguir descubriendo.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA SELECTA

Barea, Arturo. (1958).  La forja de un rebelde. III. La llama. Buenos Aires: Editorial Losada.

Canellada, María Josefa (1955). Diario de una enfermera. Editorial Revista Ínsula. Santander: Taller de Artes Gráficas de los Hnos. Bediá de Santander. Galeradas impresas. 89 pp. Censura total, prohibida su publicación. Ejemplar consultado en la Fundación Biblioteca Alonso Zamora Vicente. Cáceres.

— (1957). “Penal de Ocaña. (Diario de una enfermera) [Fragmentos]”. Papeles de Son Armadans en 1957, págs. 71- 75. [20 de enero, 26 de julio, 1 de setiembre]

— (1958).  “Penal de Ocaña (Diario de una enfermera) [Fragmentos]. Cuadernos Hispanoamericanos, Nº 103 (julio 1958), págs. 49-58. [16 de diciembre, 15 de enero, 23 de enero, 25 de enero].

— (1964). Penal de Ocaña. Madrid: Editorial Bullón.

— (1985). Penal de Ocaña. Madrid: Colección Austral, Espasa Calpe número 1653. Prólogo de Alonso Zamora Vicente.

Entrambasaguas, Joaquín (1938). Pérdida de la universidad española. Bilbao: Impr. Palomeque.

Foxá, Agustín de (1973). Madrid. De corte a checa. Madrid: Editorial Prensa Española. Novela terminada en septiembre de 1937. Publicada en 1938.

Gavilanes, Emilio (2016). Penal de Ocaña, de María Josefa. Náufragos en tiempos ágrafos. http://naufragosentiemposagrafos.blogspot.com/2016/11/penal-de-ocana-de-maria-josefa-canellada.html Consulta online 12 de octubre de 2018.

González Martel, Juan Manuel (2017). “La primera vez que, en abril de 1973, Jorge Luis Borges visitó la sede de la Real Academia Española y “compartió” con los académicos españoles, según AZV, Secretario perpetuo de la Institución”, Revista de Filología Románica , Vol 34 (2017), págs. 163-170. Nº especial: Homenaje a Alonso Zamora Vicente (1916-2006): Filólogo, escritor, embajador de la lengua española y maestro.

L. S. T. (2018). “Penal de Ocaña”,  Enciclopedia Cabranes. http://enciclopedia.cabranes.es/v_portal/informacion/informacionver.asp?cod=132&te=14&idage=102&vap=0. Consulta online 17 de octubre de 2018.

Navas Sánchez-Élez, María  Victoria y Ribera Llopis, Juan. (2018). “La obra narrativa de Alonso Zamora Vicente y María Josefa Canellada bajo la mirada del censor”, Revista de Filología Románica  Vol 34 (2017), pág. 89-99. Nº especial: Homenaje a Alonso Zamora Vicente (1916-2006): Filólogo, escritor, embajador de la lengua española y maestro.

Pedrazuela, Mario (2010). Mario Pedrazuela: Alonso Zamora Vicente: Vida y filología. Alicante: Universidad de Alicante. Servicio de Publicaciones.

Prendes Guardiola, Manuel (2010). Mujer en la guerra: sobre Penal de Ocaña, de María Josefa Canellada. por Manuel Prendes Guardiola (03/03/2010). Literarias. Escritores de Asturias. https://www.escritoresdeasturias.es/literarias/numeros-anteriores/ano-2010/marzo-numero-14/mujer-en-la-guerra-sobre-penal-de-ocana-de-maria-josefa-canellada-por-manuel-prendes-guardiola-03032010-.html.

Real, Carlos A del, Marías, Julián, Granell, Manuel (1934). La Juventud en el mundo antiguo: (crucero universitario por el Mediterráneo). Madrid: Espasa Calpe.

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Zamora Vicente, A. (1985). Alonso Zamora Vicente. Prólogo a María Josefa Canellada, Penal de Ocaña, Colección Austral, Espasa Calpe número 1653, págs. 11-28.

Zuleta, Emilia de (1994). María Josefa Canellada, narradora en Sin fronteras. Homenaje a María Josefa Canellada, edición a cargo de B. Pallares, Peira, P. y Sánchez Lobato, J. Madrid: Editorial Complutense, págs. 599-612.

 

 

Resumen

Se aborda la génesis de la novela y su recepción. Se encuadra la novela como testimonio directo de su autora en la labor de enfermera voluntaria en el bando republicano en los hospitales de sangre de Madrid. Sus primeros meses de su destino en el Casino de Madrid y su situación angustiosa en el destino de Penal de Ocaña. Se analiza la guerra en esta novela autobiográfica como desazón de los intelectuales que formaban parte del Centro de Estudios Históricos en relación a personas tan importantes y comprometidas con la innovación filológica como Ramón Menéndez Pidal, Américo Castro, Tomás Navarro Tomas, Pedro Salinas y sus discípulos jóvenes estudiantes María Josefa Canellada y Alonso Zamora Vicente. La novela Penal de Ocaña tiene como fondo el Atlas Lingüístico de la Península Ibérica dirigido por Tomás Navarro Tomás, y es el reflejo de la ruptura intelectual en la ciencia española que floreció con la Junta de Ampliación de Estudios, y María Josefa Canellada es uno de sus testimonios más fieles y cercanos.

 

Palabras clave

Penal de Ocaña, María Josefa Canellada, Novela de la Guerra Civil y prisiones franquistas, siglo XX

 

Abstract

We study the genesis of the novel and its reception is atudied. The novel is framed as direct testimony of its author in the work of volunteer nurse on the Republican side in the blood hospitals of Madrid. Her first months in her role in the Casino de Madrid and her anxiety in her destination at Penal de Ocaña. The war is analyzed in this autobiographical novel as an annoyance of the intellectuals who were part of the Historical Studies Center in relation to such important and committed people with philological innovation as Ramón Menéndez Pidal, Américo Castro, Tomás Navarro Tomas, Pedro Salinas and their young students disciples María Josefa Canellada and Alonso Zamora Vicente. The novel Penal de Ocaña has as background the Atlas Lingüístico de la Península Ibérica directed by Tomás Navarro Tomás, and is the reflection of the intellectual breakdown in Spanish science that flourished with the Junta de Ampliación de Estudios, and María Josefa Canellada is one of his most faithful and close testimonies.

 

Key Words

Novel of the Spanish Civil War and Franco´s prisons, María Josefa Canellada, XXth Century

 

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