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Documento número 4

Muñoz Palao. «Salaverría pesimista». Periódico Liberal del 18 de marzo de 1921.

Réplica de Muñoz Palao a José Mª Salaverría en «El casticismo y baturrismo en Arte»

El optimismo tiene sus peligros. Nos hace ver las cosas de color de rosa, y luego las cosas son negras. Sobreviene enotnces una depresión de la voluntad motriz.

Pero esto acontece a los espíritus débiles, que abundan por desgracia.

El optimismo es alentador. Todo cuanto se hae hecho en el mundo lo ha el optimismo. Ante una ilusicón perdida, surge otra. Ante un optimismo destrozado por la realidad, surge otro alentador.

El pesimismo lo nieg atodo: es la desconfianza, es la inseguridad, es la inercia, es anticipar la muerte. El pesimismo mata la fe; la fe humana y la divina.

Salaverría es un escritor brillante. Yo por sus escritos lo juggo un hombre bueno. Hace años leía sus escritos en «ABC» con gran placer, porque eran unos escritos alentadores.

Pero desde hace tiempo, Salaverría se ha vuelto pesimista. Ya no leo sus escritos. Leo algunos, porque me atrae la limpia prosa del escritor, su cultura, su fondo honrado.

Y me pregunto a menudo: ¿Qué cambio se ha operado en el espíritu de Salaverría? ¿Qué velo de negrura se ha interpuesto entre su cerebro y la realidad de la vida? ¿Por qué los rayos limpios del solo no llegan aya la su poderosa retina de vasco?

Hace aproximadamente un mes que Salaverría criticaba agriamente el libro de Luis chamizo «El Miajón de los Castúos»; lo censuraba porque está escrito en el lenguaje, con los giros, con las expresiones propias de los extremeños que viven en los campos de montañas.

Y al censurar a Chamizo, censuraba de paso a Vicente Medina, a Gabriel y Galán, a Pereda…

¿Es que Salaverría no sabe que las grandes ures son un conglomeado de los campos?

Cierto que en las grandes urbes los sentimientos está más afinados, lasideas son más sutiles, el cerebro y le corazón está más desenvueltos. Pero por lo mismo uq esto acontece, están más próximos a la degenración.

La ciudad obsorbe y agota. El campo produce y fructifica.

La ciudad es hechudra de los hombres. El campo, el río, la montaña, es hechura de la naturaleza.

Nosotros somos hijos de la naturaleza, somo un producto de la naturaleza, en ella nos desenvolvemos.

Todo cuanto la ciudad consume, en productos, en ideas, en sentimientos, tiene que acudir el campo a reponerlo.

A poco que ahondemos en la genalogía de todo hombre «fuerte», encontraremos siempre a unos ascendientes que vivieron en contacto con la naturaleza.

Luis Chamizo nos muestra en su libro las firmes ideas, los altos sentimientos, los nobles propósitos de los hombre que, viviendo en los campos, forjan los cimientos de las patrias, y sostienen limpio el manantial que abastece a las ciudades.

En la montaña y en el llano, junto a la ribera o sobre la loma, el hombre que todos los días saluda al sol junamente con el canto de la alondra, yu lo despide a la tarde melancólica cuando trina el ruiseñor; el que durante el día labra la tierra, gúia el árbo, apacenta el cordero a la noche cuentra siempre las estrellas escuhando a los grillos; el que en un amplio horizonte ve partirse las nuves sobre su cabeza, y siente después cóm moja sus pies el rorrente impetuoso que brama por los barrancos; ese hombre esel depositario del alma de las razas, y a él acudeen todas las civilizaciones cuando ven fracasados sus intentos.

El sentimiento, la poesía, el alma de este hombres lo que presenta luis Chamizo en su libro, y Salaverría lo censura llmándole «baturrismo». ¿Cómo querrá Salaverría que hablen los hombres que luchan con las rocas, con los torrentes, con los lobos y con las águilas?

Y bien vistom, el habla de estos hombres está más en armonía con la realidad de las cosas: su fonética es más exacta que la que presenta en sus libros la Real Academia de la Lengua. «Jierro» es una expresión más excta que «hierro».

Ahora, recientemente, en otro artículo en «ABC», Salaverría nos habla de Costa, del « Hombre Gesto»; y con su palabra elegante, consu pensamiento sutil, nos expone una porción de frases filosóficas e históricas, atinadas, muy convincentes como genralizaciones.

Pero en resumen, el artículo de Salalverría va encaminado a quitar importancia a Costa, a su obra, a su política. Se extraña y el que se «infle» al polígrafo, y de que España quiera levantarle un monumneto en el Moncayo.

Nosotros no vamos a discutir ni a analizar la obra de Costa; pero, con toda modestia, nos permitimos decir a Salaverría que a lo que España quiere levantar un monumneto es a la idea, a su senitr, a su deseo, que hoy sinteriza en Costa, porque Costa sinterizó en sus escritos y discursos una aspiración nacional.

Costa a hecho resurgir en la nación ideas y propósitos que en los tiempos de buena marcha político-administrativa se ponían en práctica.

Son estos, impulsar las energías nacionales en todos los órdenes: en el orden social, en el orden económico, en el orden moral.

Desenvolver la riqueza inerior de España, que es grande la tenemos abandonada. España quiere ser grande, porque tiene derecho a serlo por su posición geográfica, por su suelo, por su cielo y por sus hombres.

Sea costa, sea Ganiver, sea a Floridablanca. Lo de menos es el hombre: lo importante es la idea, es el propósito.

España siente hoy un anhelo, una aspiración, y el monumneto es el lugar de ctia donde han de concurrir las voluntades y los corazones. Ir contra él, por el detalle del nombre o del lugar, es perjudicr a la noble idea, al redentor aliento. Que se haga el monumento en el Moncayo, frea a Aragón, en cuyo centro se eleva la columna a Lanuza, con la esfera arriba, que tiene escrito en su ecuador «Justica, Ley Suprema».

Y en Castilla otro monumento a Los Comuneros, que fueron muertos por aquel Rey que desvió a nuestra Patria de sus verdaderos destinos.

Y si queremos completar la obra, hagamos otro monumento grandioso en Sierra Nevada a la Reina Isabel, que en el sentir y en el obrar es la cumbre de la nacionalidad española. MUÑOZ PALAO. 17 de Marzo 1921.

Documentación: Carlos Baena García de la Sociedad Científica de Mérida.

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