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2017 02 27 Antonio Viudas Camarasa

Actualizado el 2017 03 02, 12:02h

Acto en homenaje al escritor Arturo Barea

4 de marzo 2017, a las 10:30 horas, en la plaza junto al edificio de las Escuelas Pías

Placa en recuerdo a este autor tan vinculado al barrio de Lavapiés.

Las cosas nunca vienen solas. Estando preparando el itinerario artístico literario Alonso Zamora Vicente me puse en contacto con la agencia Balcells para un trámite en relación con nuestro condiscípulo Mario Vargas Llosa, al mismo tiempo que gestionaba  la edición de una obra de Arturo Barea.

La agencia, pasado el verano, me puso lateralmente en contacto con William Chislett y ahora os estoy escribiendo comunicándoos que el día 4 de marzo de 2017 se llevará a cabo el deseo popular de «dar el nombre de Arturo Barea a la plaza situada frente a las  Escuelas Pías de Lavapiés, entre las calles Sombrerete y Embajadores».

Me apetece poner un listado de obras autobiográficas sobre la guerra civil, siendo una de las principales La forja de un rebelde de Arturo Barea y conociendo la existencia gracias a Mario Pedrazuela Fuentes de una  novela inconclusa de Alonso Zamora Vicente de la que está preparando un estudio y edición.

Es curioso mi recuerdo. La primera persona que me habló de Arturo Barea en su casa fue Juan Manuel Rozas. Era 1979. En la Complutense nadie hablaba de Arturo Barea. Había un profesor que nos hablaba de literatura de vanguardia y nos adiestraba en los mejores Joyce, Borges y otros. Era Zamora Vicente, ese profesor no hablaba nunca de la guerra.

Conocía de sobras quién era Arturo Barea porque había estado en Argentina cuando el locutor de la BBC la visitó más tarde. La guerra era tema no comentable para Zamora Vicente.

Cuando murió  Arturo Barea Cela puso en Son Armadans una breve nota. Otro profesor de cuyo nombre no me acuerdo en estos momentos había hecho una reseña muy negativa a una de las últimas novelas de Barea.

Barea fue silenciado en la prensa española y en los manuales de literatura editados en España mientras vivía. Hasta después de aprobar la Constitución del 78 Barea era un desconocido. Con el cine de Camus se abre un efímero paso en las letras españolas a Barea novelista historiador.

Ahora 80 años después de aquel julio del 36 tenemos la perspectiva suficiente para encuadrar la narrativa autobiográfica de la guerra civil. La propaganda política la conocemos de sobras, pero la guerra civil contada por sus propios protagonistas nos da nueva luz.

Son escritores que escriben desde dentro de su ser, novelando escasas veces. Ya tenemos suficiente perspectiva histórica para ver sus escritos como autobiografía colectiva. El primer año de guerra en Madrid lo he conocido releyendo dos obras. La primera Penal de Ocaña de María Josefa Canellada y la segunda la Forja de un rebelde. El Madrid de Lavapiés a la Telefónica con Arturo Barea ha pasado ante mi vista. El Madrid de San Francisco el Grande a la Biblioteca Nacional y el Museo del Prado me lo ha enseñado Penal de Ocaña. Mientras María Josefa Canellada cura enfermos en el edificio del Casino, convertido en Hospital de Sangre, Arturo Barea censura partes de guerra a los periodistas extranjeros en el edificio Telefónica, donde gracias a su singular estructura los obuses sólo rompen cristales mientras los corresponsales extranjeros juegan a la guerra en el Hotel Florida. Las novelas de María Josefa Canellada y Arturo Barea son novelas vividas, la de Hemingway no tanto. Por eso escribió lo que escribió Arturo Barea sobre la novela del corresponsal de guerra.

Me quedo con esta idea: hay que volver a enfocar la literatura sobre la guerra civil, que fue un ensayo en el que en estos días vemos a potencias encontradas con intereses encontrados.

No se explica cómo pudo durar tanto tiempo una guerra cuando todos los protagonistas esperaban que se acabara pronto. Barea pasó de ser un colaborador de la autoridad militar a un perseguido por otra autoridad militar. María Josefa Canellada pasó de ser una voluntaria altruista para salvar soldados heridos a abandonar su voluntariado porque no estaba  dispuesta a ser un elemento más del poder militar. Al fondo la biografía de soldado de Alonso Zamora Vicente, del reemplazo del 37 en el bando rojo y como panorama global las potencias extranjeras apoyando con sus armas a que los dos bando juegan y hacen posible que la guerra perdure. El pasado 30 de enero Juan Manuel González Martel me presentó enfrente de las Trinitarias a un coleccionista de la división Cóndor y cerca del edificio Caixa me indicó el objetivo de los obuses, la sede de las embajadas de los países del Este, no el Museo del Prado. Al estar tan cercanos las autoridades republicanas con Timoteo Pérez Rubio al frente ordenaron la evacuación de sus fondos hacia la Torre de Serranos de Valencia. El maestro de la Filología Española, Tomás Navarro Tomás, cargo republicano tuvo mucho que ver en este asunto cultural y al parecer muy cercano a su lado un soldado raso llamado Alonso Zamora Vicente. Poco a poco vamos atando cabos sobre un acontecimiento tan singular como es la guerra civil española. Los testimonios diversos autobiográficos y la descalificación de los documentos dan nueva luz. Ochenta años son ya años para dejar de verter sentimientos y empezar a enjuiciar los hechos históricos con perspectiva nueva. Arturo Barea y María Josefa Canellada dos escritores olvidados que poco a pocos van saliendo de su olvido gracias al esfuerzo de quienes han creído en su valor. Hay escritores que han vivido la guerra civil y han escrito sobre ella y escritores que nacidos años después han novelado la guerra civil. No es lo mismo novelar lo vivido, que novelar sobre lo aprendido. Las perspectivas no son las mismas.

Algunas novelas, relatos  y cuentos autobiográficos, publicados hasta 1965, para leer con la perspectiva de 2017 sin dejarse influir por lo dicho por la crítica (listado en construcción, perdonen las molestias y las posibles ausencias):

1937

1937. Manuel Chaves Nogales. A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España. Ercilla, Santiago de Chile, 1937.

1937. André Malraux. L’Espoir, Gallimard, 1937.

1938

1938. Agustin de Foxá.  Madrid, de Corte a checa. Salamanca: Jerarquía, 1938; segunda edición corregida y aumentada San Sebastián: Librería Internacional, 1938).

1938. Arturo Barea. Valor y miedo, 1938 (cuentos de la Guerra Civil).

1938. Gustav Regler. La gran cruzada. Escrita en 1938. Publicada en inglés en  1940, en Nueva York, prólogo de Ernest Hemingway. Madrid, Tabla Rasa, 2012, 555 pp. Prólogo de Ernest Hemingway. Estudio de la obra de Georg Pichler. Traducida por Carmen Gómez García y Katja Tenhaeff.

1940

1940. Hemingway, Ernest For Whom the Bell Tolls. New York: Charles Scribner’s Sons. Reseña de Arturo Barea

1941

1941. Arturo Barea. The Forging of a Rebel. The Forge (1941), The Track(1943) and The Clash (1946).

 

 

 

 

 

 

 

1943

1943. Max Aub. El laberinto mágico sobre la guerra de España, de Max Aub.  Campo cerrado (1943), Campo de sangre (1945), Campo abierto (1951), Campo del Moro (1963), Campo francés (1965) y Campo de los almendros (1968).

1943. Rafael García Serrano. La fiel infantería.

1947

 

1947. José Luis Sampedro. La sombra de los días, no publicada hasta 1994.

 

1949

1949. Francisco Ayala. La cabeza del cordero. Buenos Aires, 1949

 

1953

1953. Ramón J. Sender.  Mosén Millán, México 1953 y versión definitiva Requiem por un campesino español. Nueva York: Las Américas, 1960.

1955

1955. María Josefa Canellada. Penal de Ocaña. Penal de Ocaña (diario de una enfermera). 1955. Censurada. María Josefa Canellada. Penal de Ocaña. Prólogo de Alonso Zamora Vicente. 1985.

1965

1965. Agustin de Foxá. Misión en Bucarest y otras narraciones. Madrid, Prensa Española, 1965.

 

Autobiografías recientes

Material pendiente de clasificación:

  1. Mika Etchebéhère Mi guerra de España  Ma guerre d’Espagne à moi, Paris, Les Lettres nouvelles, Denoël, 1975,
  2. James Yates. De Misisipi a Madrid. Memorias de un afroamericano de la Brigada Lincoln.
  3. Nana de Juan.  La generación del silencio. 2009

Novelas sobre la guerra civil, publicados antes de 1970,  para leer desde la perspectiva de 2017 sin dejarse influir por lo dicho por la crítica (listado en construcción, perdonen las molestias):

1.

2-

3.

 

 

Arturo Barea emitiendo, bajo el seudónimo de Juan de Castilla, desde la BBC para Hispanoamérica

En busca de la tumba de Arturo Barea

La lápida fue restaurada en 2010 con la colaboración de Paul Preston, Javier Marías, Gabriel Jackson, William Chislett, Elvira Lindo, Santos Juliá, Michael Eaude, Nigel Towson, Edwin Williamson y Jeremy Treglown.

Foto facilitada por William Chislett

Inaugurada en Oxford una placa en honor de Arturo Barea

Placa en recuerdo de Arturo Barea, promocionada por William Chislett y otros, 

en la fachada del pub The Volunteer

Foto facilitada por William Chislett

Una Plaza en Lavapíes dedicada a Arturo Barea sería inaugurado por fin el 4 de marzo. Hablan Carmena, Ian Gibson, Elvira Lindo y yo mismo [William Chislett].

 

Documentación:

 

 

Arturo Barea, la forja de una memoria

Publicado por

Creo compartir lo que Elvira Lindo me cuenta. Cuando era pequeña yo también pedía a mis abuelos que me contarán historias de la guerra. Tenían un tono épico, como de antiguas gestas. Y, sin embargo, eran reales. Aunque puede que hubieran vencido al tiempo por lo inverosímil de esa realidad. Los de mi generación hemos preguntado sin filtros, sin costuras, con inocencia. Con la tranquilidad del que se ve seguro y sin nada que temer. Puede que haya llegado el momento de hablar en serio de esa maldita guerra. Aunque Elvira me advierte, no es tan sencillo: «En España se dejó de hablar de la guerra durante tanto tiempo que te pones ahora a discutir con la misma vehemencia que como si estuviera reciente. Y si no somos capaces de hablar de la guerra sin considerar al otro sospechoso de algo, es imposible hablar de ello». De ser así, tal vez en este caso debiéramos empeñarnos en reivindicar la esencia. Hablar simplemente de literatura.

 

Arturo Barea vuelve a Lavapiés, por Sergio del Molino

Al final de su vida, Barea imaginó un regreso a Madrid en un libro raro, triste y mucho peor que La forja titulado La raíz rota. En él, su sosias vuelve a una ciudad extraña, en la que ni siquiera reconoce a la familia que abandonó, a esa mujer y esos hijos que quedaron en España y a los que no volvió a ver. Lo de este sábado será un regreso póstumo a una ciudad que ya no le expulsa y le declara su amor. Quizá tarde, como se declaran los mejores amores, pero con pasión y contundencia.

Arturo Barea tendrá un plaza en Lavapiés

El autor de la célebre trilogía de ‘La forja de un rebelde’ tendrá un acto homenaje el 4 de marzo

«Su idea era muy clara desde el principio: “No queríamos que fuera un homenaje desde las instituciones, sino desde los lectores” –explica Isabel. De hecho, uno de sus grandes aciertos para lograr tan rápidamente lo que se propusieron fue desvincularse absolutamente del Comisionado de la Memoria Histórica. “Es un homenaje a los valores de Barea, así que no queríamos plantearlo desde el lado de la política, sino desde el de la cultura”.

El País Madrid

Arturo Barea, un ‘rebelde’ forjado en Lavapiés

 El escritor, que falleció en el exilio en 1957, tendrá una placa en el barrio de Lavapiés, al que describió como pocos en la trilogía ‘La forja de un rebelde’

Arturo Barea tendrá su plaza frente a las Escuelas Pías de Lavapiés

Miércoles 21 de diciembre de 2016, 18:37h

La Junta de Gobierno, presidida por la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, ha ratificado el acuerdo del pleno de Centro en el que se aprobó por unanimidad dar el nombre de Arturo Barea a la plaza situada frente a las Escuelas Pías de Lavapiés, entre las calles Sombrerete y Embajadores, ha informado este miércoles la portavoz del Gobierno municipal, Rita Maestre.
La propuesta de recordar a Arturo Barea dando su nombre a una calle o plaza en el barrio de ‘Avapiés’, como él mismo lo denomina en su obra, nace de una petición popular promovida por sus lectores a través de una plataforma de peticiones on-line. Desde el inicio contó con el apoyo de hispanistas, periodistas y escritores españoles y británicos como William Chislett, Paul Preston, Antonio Muñoz Molina o Elvira Lindo. «La belleza de su obra sobre la ciudad y su gente y la desgarrada sinceridad de su relato sobre la Guerra Civil en Madrid justifican recordar y recuperar el espíritu humanista y reconciliador de Barea», reza la petición.

¿SABÍAS QUÉ ARTURO BAREA TENDRÁ UNA PLAZA EN EL BARRIO DE LAVAPIÉS DE MADRID?

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