en PACHECO 2020

Actualizado 2020 10 04 8:45

Emilia Oliva García

en

MANUEL PACHECO

EN BARCARROTA

7/8 N 2020

*Emilia Oliva García

 «La voz francesa en la narrativa de Manuel Pacheco. El anti-cuento»

 Palabras clave:

análisis, Manuel Pacheco, lecturas francesas, narrativa, registros de escritura, «La casa vieja», no surrealismo, André Breton, corriente experimental, anti-literatura, César Vallejo, Nicanor Parra, concepción ética y poética, anti-cuento, alambicada forma académica universitaria.

 

Emilia Oliva García. Curriculum vitae

Foto realizada por María Jesús Manzanares

Emilia Oliva García (Malpartida de Plasencia, 1957) poeta, es licenciada en Filología Románica y en Filología Hispánica por la Universidad de Extremadura. Ha ejercido en Institutos de Enseñanza Secundaria de Cáceres y provincia, en las Escuelas de Idiomas de Cáceres y Plasencia y en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Extremadura. En colaboración con Juan Duarte, llevó a cabo la crítica de arte en el suplemento Árrago del diario Hoy. Actualmente es editora en la
revista literaria En Sentido Figurado. Ha recibido varios premios de poesía: el Ciudad de Zaragoza, 1997 con (re)fracciones; el León Felipe, 2011: Quien habita el fondo; el García de la Huerta, 2018: Cuerpo sin voz; el de microrrelatos para el teatro, 2018, IES Al-Qázeres: “AM-PUTA-CIÓN. Cárcel de amor”.
Además, ha publicado Los ecos y las sombras. Música para un instante de morir (Alcancía, 2006) y Cifras de una fracción periódica (De la luna libros, 2013). Como investigadora de la obra de José Antonio Cáceres: edición de la obra poética completa Autosugestión (ERE, en proceso). Comisaria de
exposiciones en el MEIAC: Corriente alterna. Un libro esencial de José Antonio Cáceres, 2018-2019; y Unidad del mundo, 2019-2020; la reedición de Corriente alterna (2019); primer estudio monográfico sobre la obra del autor La consciencia de ser. José Antonio Cáceres (2019). Publicaciones en proceso:
la obra experimental Figura (UEX, 2020); Susurros (Revista Egiar, 2020) y El largo camino (Arteactivo, 2020).

RESUMEN  

«La voz francesa en la narrativa de Manuel Pacheco. El anti-cuento». Emilia Oliva García

vie., 25 sept. 20:20
El análisis sobre la impronta de las lecturas en lengua francesa en la narrativa de Manuel Pacheco permite ampliar la riqueza de registros de su escritura. El análisis de «La casa vieja», lejos de circunscribirse a las claves creativas del surrealismo y de su admirado André Breton, se centra en desvelar otros procedimientos de escritura que proceden de escritores en lengua francesa y que Pacheco desvía hacia las corrientes experimentales de la anti-literatura encabezadas por César Vallejo y Nicanor Parra. Abunda en la concepción ética y poética de la escritura como reflejo del mundo real y la vida cotidiana frente a las alambicadas formas académicas y universitarias de los poetas coetáneos a Pacheco. ·La casa vieja» se construye como un anti-cuento.

2020 10 04 8:41

TEXTO ONLINE

La voz francesa en la narrativa de Manuel Pacheco. Un anti-cuento

Emilia Oliva García

La Obra en Prosa de Manuel Pacheco (OP de MP) se erige como un terreno de exploración para marcar distancia con los modos y formas de escritura canónica o universitaria y pretende abrir un campo de experimentación en el que lo cotidiano, la propia vida, forme parte de la obra sin maquillaje alguno.  Pacheco esgrime una idiosincrasia en la forma de escribir heredera de los poetas malditos que rechaza tanto las normas establecidas del arte como los convencionalismos sociales y se integra en las corrientes innovadoras del siglo XX que abandera la anti-poesía de un Vicente Huidobro o un Nicanor Parra. Lo comenta en su prosema del 22 de mayo de 1993: análisis de la acidez del libro de Cosme López García “Ácido poético” que considera imprescindible:

“ahora que los poetas jóvenes son casi todos filólogos y atienden más a la belleza que al hombre y al mundo que les rodea, ellos buscan palabras bellas y escriben sobre jardines o viajes, mucha venecia, mucha grecia, muchos mitos, pero no se manchan ni se comprometen” (OP de MP, p. 355)

Encontramos referencias a los autores malditos dispersas en los textos en cuya factura sigue sus pasos. Así en “El túnel” del Diario del otro loco, donde se impregna del humor negro de Los Cantos de Isidore Ducasse, conde de Lautréamont:

“Y no sé qué hacer con tantos muertos y tantas cajas y tantas lágrimas y tantas tumbas y tantas misas y tantos curas así que es mejor no ir a casa después de muerto y decirle a las ratas que me hagan el túnel para salir a pasear por el cementerio a leer al Conde de Ducasse y luego volver al cajón a pudrirse, como corresponde a un muerto bien educado”. (OP de MP, p. 229)

En “Prosema en forma de gata” da noticia de la literatura en lengua francesa que tan bien conoce y dice “Hablábamos sobre libros de Michaux, Lautréamont, Boris Vian, Genêt, Arrabal y otros” (p. 387-388). O siguiendo al cantautor y poeta Georges Brassens, sin citarlo, en su comentario a la obra del pintor Barjola compone un poema inspirado sin duda alguna de la canción “Pornographe” de  Georges Brassens.

J’suis l’pornographe                                       Soy el pornografo
Du phonographe                                            del fonografo
Le polisson                                                     el pícaro
De la chanson                                                de la canción
Afin d’amuser la gal’rie                                 con el fin de divertir a la galería
Je crache des gauloiseries                             escupo chistes verdes
Des pleines bouches de mots crus                 bochinches de palabras procaces
Tout à fait incongrus                                     o totalmente incongruentes

De esta idea del pornógrafo nace sin duda este elogio del poeta que escribe anti-poemas y la denuncia de la poesía académica como auténticamente pornográfica:

a los auténticos poetas no los quieren

porque desnudan las palabras,

les quitan las caretas

y las dejan sin bragas

y pornográficamente hablando

sólo las palabras vestidas

son pornográficamente pornográficas.  (OP de MP, p 395)

 

Con el mismo espíritu de crítica y búsqueda de caminos no trillados para la literatura extremeña, vuelve a reivindicar a la literatura francesa como eje de coordenadas de su poética.  Así aparece en el “Prosema en forma de mañear y ardear el espíritu de la poesía pachequiana”, donde Pacheco evoca y valora su primer libro de poemas  Ausencia de mis manos y se declara heredero de la ética y la poética de Jean Paul Sartre. Con Ausencia de mis manos dice:

“rompí los moldes caducamente carcomidos de la poesía que se escribía en esta Extremadura-dura, poesía que no se manchaba las manos como quería Sartre”. (OP de MP, p. 438)

Aunque en un principio, el delirio surrealista del Diario de Laurentino Agapito Agaputa me tentaba sobremanera por la posibilidad que me ofrecía de establecer un estudio comparado sobre la experimentación narrativa con la novela visual de José Antonio Cáceres, Fábula de don Facundo Jeremías que pasó por el mundo y murió de pulmonía, aún inédita, finalmente me decanté por el estudio sobre el cuento “La casa vieja” ya que me parecía que me permitía dar una visión más amplia de la escritura de Manuel Pacheco. Ya que en este cuento, lejos de circunscribirse a las claves creativas del surrealismo y de su admirado André Breton, Pacheco sondea otros procedimientos de escritura que proceden de escritores en lengua francesa. Quiso el azar que, mientras dudaba en la selección del objeto de análisis, proyectaran en una de las cadenas de televisión la película Vera, un cuento cruel, dirigida por Josefina Molina y que, de golpe, se actualizara el universo de imágenes y lecturas que hacía de “La casa vieja” un anti-cuento. Así que tuve que desempolvar las lecturas de Literatura francesa y belga: la poesía de Emile Verhaeren, la España negra, Darío de Regoyos, Gutiérrez Solana, lecturas de mi primer trabajo de investigación ya que “La casa vieja” está trascendida por la lecturas de los autores citados y la visión que de España tienen. Este cuento, publicado en el diario HOY el 24 de enero de 1988 con el título de “La casa vieja” me parece un ejemplo ilustrativo del proceder de Pacheco a la hora de indagar en procedimientos creativos que le permitieran romper con la visión ortodoxa de lo que la literatura debía reflejar: la belleza y la vida interior sublimada del poeta. Paso pues al estudio de la complejidad compositiva de esta historia.

Bajo la trama y organización de una historia que reconstruye un episodio de la vida personal del poeta, la primera casa del matrimonio Pacheco, emerge una cartografía compositiva que viene de la literatura en lengua francesa y una visión de España de viajero nada romántico.  Es en la forma de contarnos el hecho de encontrar la primera casa donde fundar su hogar donde se translucen, por un lado, el relato Véra de Villiers de L’Isle Adam y, por otro, la visión de España negra de los cuadros y reflexiones de Gutiérrez Solana y del viaje de Emile Verhaeren a España acompañado por el pintor español Darío de Regoyos.

En ambas historias, la de Villiers de L’Isle Adam y la de Pacheco, asistimos a un juego fúnebre. El del joven viudo, en el caso de “Véra”; el de la vieja viuda, en el caso de “La casa vieja”. Sin embargo, el paralelismo de ambas historias se establece buscando siempre el reverso, la antítesis. Pacheco busca hacer visible una realidad alejada de la idealización simbólica del amor más allá de la muerte que indaga Villiers de L’Isle Adam. De tal modo que fusiona la historia idealizada de amor más allá de la muerte del cuento cruel de “Véra” con la triste visión de la España negra, de luto perpetuo y beatería. Como en el cuento de “Véra”, donde el testigo de ese culto a la muerte por amor es el mayordomo, en “La casa vieja” lo serán la pareja de jóvenes recién casados. Pero no nos contará el amor de los jóvenes sino el decrépito y corroído por el paso del tiempo de la viuda.

El arranque de “La Casa vieja” toma como modelo el del cuento Véra como demuestran los paralelismos del inicio y, uno a uno, les va dando la vuelta para que sirvan a la historia que Pacheco quiere contar.

Así encontramos que ambas historias se inician en otoño:

La tarde gris otoñal (LCV, p. 162)

 Sucedió durante uno de esos crepúsculos otoñales (V)

Al espacio donde se va a desarrollar la historia accedemos casi del mismo modo:

Buscaban una casa. Subieron la escalera gastada por los pasos de varias generaciones y golpearon la puerta… Nadie. (LCV, p. 162)

una gran casa señorial (V)… Las pesadas hojas de la puerta se abrieron… En la escalinata, taciturnos sirvientes mantenían en alto las antorchas

Los personajes aparecen descritos con ligeras variantes:

Una mujer alta y delgada –como un árbol esquelético vestido de negro- (LCV, p. 162)

Un hombre de treinta y cinco años, enlutado, con el rostro mortalmente pálido (V)

En la descripción del espacio interior, Pacheco, aunque sigue el modelo del cuento de Véra, lo hace con un propósito totalmente divergente. La austera y siniestra decoración de LCV se enfrenta a la indolente sensualidad de la decoración de V.  Cito los dos textos, subrayo similitudes y resalto las diferencias.

Las ventanas abiertas de ambos textos iluminan sendas habitaciones que parecen un museo. El tiempo sigue latiendo en LCV, el tiempo está detenido en V. En ambas habitaciones las cosas están vivas pero con matices divergentes. Un retrato ocupa el espacio de nostalgia de años (LCV) y de reciente dolorosa pérdida (V):

La vieja alquilaba la habitación interior y, al abrir la ventana, las paredes oscuras de la habitación primera adquirieron la forma de un museo surreal. Las paredes estaban cubiertas de estampas, de santos y retratos. En los rincones unas mecedoras, en el centro de la pared una cómoda llena de santos de barro; (LCV, p. 162)

Y ahora contemplaba la habitación y el vacío que Ella había dejado. La ventana, tras los amplios cortinajes de cachemira malva recamados en oro, estaba abierta: un último destello del atardecer iluminaba el marco de madera –sometido a la pátina del tiempo– y el retrato de la difunta. (V)

El estilo de Pacheco es un bisturí que corta lo real y muestra, descarnada, la realidad: “santos de barro”- Lo que Pacheco liquida con dos palabras: museo surreal, se encuentra largamente detallado en la minuciosa y sensual descripción de Véra:

El conde echó una mirada en torno; todo seguía igual: la ropa arrojada la víspera sobre un sillón, las alhajas en un ángulo de la chimenea francesa, el collar de perlas, el abanico semicerrado, los pesados frascos de perfume que Ella no volvería a aspirar. Sobre el lecho de ébano con columnas retorcidas, aún revuelto, junto a las almohadas, donde todavía era visible entre los encajes la huella de la cabeza adorada, vio el pañuelo enrojecido por las gotas de sangre del instante en que su joven alma se separó del cuerpo. El piano abierto, sugiriendo una melodía inacabada. Las flores indianas recogidas por ella, en el invernadero, y que se marchitaban en viejos jarrones de Sajonia; y, al pie del lecho, sobre una piel negra, las pequeñas chinelas de terciopelo oriental, en las que resaltaba –bordada en perlas– la simpática divisa de Véra: Quien ve a Véra la ama. Los pies desnudos de la bienamada aún vivían ayer mismo dentro de ellas, y, a cada paso, eran acariciados por aquella vellosidad de cisne.

Siguen apareciendo elementos comunes a los decorados de los relatos: el reloj, el retrato, la percepción del tiempo por parte de los personajes.

en el centro de la cómoda un reloj viejísimo con un tic tac parecido a los golpes que se dan en las reuniones espiritistas y unas lamparillas que ardían continuamente difuminando las sombras de aquellas cosas vivamente muertas.

(…) Para la vieja no existía el presente. (LCV, p.163)

Y más allá, en la penumbra, el reloj de péndulo, cuyo resorte él había roto para que no sonasen ya otras horas.(V)

 

La vieja señaló un gran retrato de hombre. (LCV, p. 162)

un último destello del atardecer iluminaba el marco de madera –sometido a la pátina del tiempo– y el retrato de la difunta. (V)

La función del retrato es también divergente, a la hora de darnos una visión del personaje de la vieja y del conde Athol. La vieja habla de su marido con lejanía y frialdad:

  • Es mi marido, era pintor, también pescaba.(LCV, p. 162)

Villiers de L’Isle Adam nos transcribe los sentimientos del conde Athol al hablar del personaje: Véra: su voluptuoso amor, su pálida esposa, su desesperación.

Frente a la negación de la muerte del relato de Véra en el que el protagonista a fuerza de amor forja la vida y Véra, que juega en lo invisible, regresa a habitar el espacio donde se siente tan amada, La casa vieja se les aparece a los ojos de los jóvenes inquilinos como una horrible tumba donde el culto a la muerte lo impregna todo.

— ¿te fijaste frente a la puerta de entrada, en aquel marco grande –como la vitrina de un nicho- lleno de flores muertas y los retratos ampliados de los nichos donde ya no existiría el polvo de todos los hijos que se le murieron? Creeré que vivo en un panteón. (LCV, pp. 163)

Y es a partir de esta evocación de casa panteón, donde se inicia la intersección con la visión de España negra del viaje de Verhaeren por España acompañado de Darío de Regoyos o los cuadros y reflexiones de Gutiérrez Solana. Ese ambiente lóbrego y triste.

La primera noche en la casa vieja hacía frío. No salieron. El aire parecía tocar una flauta carcomida, rozaba las ventanas y ponía en la alta y gran chimenea un aullido de lobo oliendo a la muerte (…). Había pausas y era peor el silencio; era un silencio donde el sonido perdía el roce de sus pies de pluma. Se oía un musitar lento y apagado, casi matemático. (LCV, pp. 163-164)

La visión de la España negra emerge en la descripción de la vieja que les alquila la casa.

La vieja rezaba el rosario sentada en una mecedora y el rezo parecía surgir de las sombras, por cada salve se oía un beso, un suspiro, un largo y penetrante sollozo, después –casi sombra de la sombras- la vieja se levantaba y a pasos de sonámbula iba hacia las estampas y los retratos y los besaba uno a uno; sus besos parecían ventosas, porque sus labios secos con su aliento de muerte se pegaban a los cristales. Con sus manos sarmentosas, con sus pobres dedos torcidos, le daba cuerda al reloj para que no dejara de latir su corazón fantasma. (LCV, p. 164)

La visión de Verhaeren y Darío de Regoyos la encontramos en los gestos de culto y rezos.

¡Oh qué viejas esas de España, que muchas parece que han asistido a la agonía de Cristo! De repente se puso a tararear una canción lejana, pero cantada con aquel temblor de vejez, y sus manos de un amarillento de madera no hicieron un movimiento apoyadas en sus rodillas. Parecía acordarse de algo triste que nadie más que ella podía saber. ((EN de V y R, p. 33)

(…)

Mil lucecitas en un altar alumbraban un cristo flaco y huesudo con falda morada y corta. ¡Inolvidable! aquel canto desigual y sin órgano que duraba horas; especie de súplica monótona, gutural, pesada (EN de V y R, p. 38)

La visión de Gutiérrez Solana se filtra en la descripción de la vieja que hace Pacheco con ligeras variaciones:

La vieja salía muy temprano a misa, se sostenía sobre unos tacones altos que la hacían más delgada, y su cara llena de polvos transparentaba aún más su huidiza mirada. Se veía en la calle y parecía imposible que con tantos años tuviera la agilidad de una gacela. (LCV, p. 165)

pero hay que ver lo derechas que andan, aunque su tamaño sea tan pequeño y su peso tan ridículo.  (EN de GS)

La visión de la España negra de Gutiérrez Solana se refleja en las costumbres de las viejas. La contabilidad incomestible en  La casa vieja. La costura en los portales de la España negra de Gutiérrez Solana y la reiteración de la palabra “viejo” “vieja” en ambas descripciones. Pacheco introduce ligeras variaciones: la funda de gafas o la petaca mugrienta se transforma en los bolsos viejísimos de la vieja.

Cobraba recibos en una iglesia y para llevar la cuenta tenía guardados en un bolso viejísimo un montón de garbanzos; los garbanzos estaban más viejos que el bolso.

Otro día eran unos viejos papeles amarillentos así abarquillados –como hojas de otoño- que sacó de otro viejísimo bolso. (LCV, p 165)

 

Cosen sentadas en los portales, con unos pañuelos blancos a la cabeza y con lentes y gafas, como los viejos, que las sacan de un estuche mugriento como la petaca, compañera inseparable. Viejas llenas de arrugas, la cara y las manos como las patas de las gallinas; viejas laboriosas, que zurcen las medias de mascara, y estos zapatos blancos de sus nietos, con una suela gruesa, que parecen de chino; estas viejas que a sus piernas delgadas como palillos, tienen el humor de vestirlas con medias de trozos de colores chillones. (EN de GS, p. 103)

Todavía hay un último paralelismo significativo entre Véra y La casa vieja que hace de este cuento un anti-cuento, ya que finalmente lo que narra bajo el formato de una historia de ficción y tomando como modelo un cuento simbolista francés es una situación real de la vida cotidiana del matrimonio Pacheco. En el cuento de Véra, el conde Athol, que no se adapta a la pérdida de su amada, encuentra el camino de reunirse con ella –imaginamos, el cuento queda abierto- en la muerte, a través del suicidio. En La casa vieja, la muchacha encuentra la forma de adaptarse al panteón que es la casa vieja porque comenta el narrador “-hay que adaptarse a la vida o salirse de ella-“. Si el conde Athol se sale de la vida, la muchacha, la esposa de Pacheco, se adapta, necesidad obliga. No estamos en la órbita de lo imaginario especulativo y la ensoñación, estamos frente a frente a la cruda realidad, la supervivencia. La atmósfera no es la languidez de palabras y descripciones simbolistas sino la crudeza de bisturí que analiza lo real.

Así pues, la indagación formal para construir La casa vieja, lejos de encaminarse por la vía surrealista habitual en otros relatos de Pacheco, adopta más bien la visión esperpéntica de la visión de la España negra y sigue el modelo de un cuento simbolista francés. A la visión idealizada del amor más allá de la muerte del cuento Véra (“El amor es más fuerte que la muerte”), Pacheco le da la vuelta por la vía de traer a ras de tierra la descomposición del amor por el paso del tiempo y la realidad de la vida cotidiana sin florituras de una pareja de recién casados. Lejos del fin romántico e idealizado del cuento Véra, en el que el conde Athol recupera la llave del panteón familiar (Véra se la ha devuelto) que le indica el camino a seguir para reunirse con su amada esposa,

De pronto, como una respuesta, un objeto brillante cayó del lecho nupcial sobre la negra piel con un ruido metálico. Un rayo del tétrico día lo iluminó… El abandonado se inclinó. Lo cogió y una sonrisa sublime iluminó su rostro al reconocer aquel objeto. ¡Era la llave de la tumba! (V)

 

Pacheco se aferra a la vida, deshace los fantasmas de la casa y nos ofrece cierto final feliz:

La muerte había entrado para llevarse con ella todo lo que olía a muerto (…) y allí, sobre el desierto de la ceniza, sobre la luna verde que imanta de palideces la garganta del histerismo, ellos –jóvenes de una generación perdida- iban a construir su hogar. (LCV, p.166)

 

BIBLIOGRAFÍA

GUTIÉRREZ SOLANA, José. La España negra. Madrid, Imprenta De G. Hernández y Galo Sáez, 1920.

URL https://www.holaebook.com/book/jos-gutirrez-solana-la-espaa-negra.html

PACHECO CONEJO, Manuel. Obra en prosa (1949-1995). Mérida, ERE, 1995.

VERHAEREN, Emile y REGOYOS, Darío. España negra. Palma de Mallorca, José J. de Olañeta, editor, 1989.

VILLIERS DE L’ISLE-ADAM, Auguste. Contes cruels. Paris, Librairie José Corti, 1977. Texto completo en español: Ciudad de Seva. URL https://ciudadseva.com/texto/vera/

 

Manuel Pacheco en Barcarrota 7/8 N 2020

(Homenaje a Extremadura 2a. edición)

 

Coordinadores:

Juan María González Antúnez

 

Antonio Viudas Camarasa

Organizan:

Ayuntamiento de Barcarrota (Biblioteca Municipal Francisco de Peñaranda)

 

Comité Científico Técnico Pacheco 2020

 

 

 

 

 

Sociedad Científica de Mérida

 

 

Colaboran:

Plan de Fomento de la Lectura en Extremadura

 

 

 

Excma Diputación de Badajoz

 

 

 

Asociación de Amigos de Bradenton de Barcarrota

 

 

 

                                                                        Patrimonio Barcarrota

Textos,

exposición texto,

cineclub hacia el hipertexto…

TEXTOS

*Carlos Tristancho

 “Pacheco en la ciudad de los humanistas”

 

*Antonio Vélez Saavedra

 «Un Pacheco para cada día, las ventajas de leer a Pacheco en el siglo XXI»

 

*Manuel Pulido Mendoza

«Manuel Pacheco y América»

 

*Antonio Viudas Camarasa

 «El cine en doce poemas desconocidos de Manuel Pacheco. Archivo de Rafael Utrera Macías»

 

*Emilia Oliva García

 «La voz francesa en la narrativa de Manuel Pacheco»

*Adrián Tejeda Cano

 «Manuel Pacheco y Rainer María Rilke. Paralelismos. Una ligera aproximación”

 

*José Martín Martínez Riqué

«La España de Manuel Pacheco»

 

 

*Carlos Baena García

“Manuel Pacheco y el cine: fotogramas y versos. Un recorrido sobre la sábana de los sueños aplicando la magia de la poesía”

 

*Cándido Vicente Calle

«Manuel Pacheco, geografía del paisaje»

 

*José Carlos Cubiles Becerra

 «El pensamiento filosófico en la poesía de Manuel Pacheco: poemas ejemplares»

 

*José Antonio Llera Ruiz

 «La narrativa breve de Manuel Pacheco»

EXPOSICIÓN TEXTO

*Pedro de Las Heras Salas. 

«Manuel Pacheco y el cine»

 

 

SESIÓN

DE CINECLUB  HACIA EL HIPERTEXTO

Rafael Utrera Macías

Guionista de la sesión de cineclub 2020 en Barcarrota en recuerdo de la sede de la Sociedad de Amigos del País de Badajoz en donde conoció a Manuel Pacheco leyendo poesías… en los debates posteriores al visionado.

*Rosa María Lencero Cerezo

Lectura de poemas de Manuel Pacheco, tras el visionado del cortometraje «Vecinos» de Mac Laren

 

 

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