en PACHECO 2020

2020 02 20

CRISTO CRUCIFICADO

Por Manuel Pacheco

 

   Se agranda la luna como una pupila inmensa para mirar la tragedia. El crimen se levanta como un pulpo de nieve y la turba, pagada por los negros fantasmas que no quieren la paz ni la luz escarnecen el rostro del Divino Poeta del Amor.

   Una inmensa caravana de caras congestionadas por el vino y manos envilecidas por la baba amarilla del dinero avanza, manchando la estampa azul de la tarde.

   Entre la turba –como un lirio de cristal–, con altura de nardo desvelado, hundido por el peso de una cruz enorme, camina como un ala de cisne la dulce lumbre blanca de Jesús.

   Sus caídas penetran en la tierra, que llora lágrimas de polvo sobre la fiebre de sus heridas rodillas, y hacen rojos tulipanes jardinizando las huellas de sus pasos.

   Y lloran los almendros, y sus lunas pequeñas tejen con sus pétalos pañuelos de alba para limpiar el sudor de la cara ensangrentada, y los claveles se levantan como pulsos de sangre rebelde para protestar contra el crimen.

   La primavera se hace rosa, arroyuelo cristalino, pluma, caracola, Amor. Y el hombre se hace tigre contra el Hombre que lo viene a salvar. Y el poeta d e s  h o j a estas glosas sobre el sueño azul del REDENTOR,

           –I–

Tu paso azul deshojado

sobre la tarde que muere:

ese soldado que hiere

el jazmín de tu costado.

El crepúsculo llorado

sobra tu cuerpo caído

y ese madero aterido

por un arcángel de nieve,

tu cuerpo de sangre llueve

sobre un mundo corrompido.

           –II–

Sobre un mundo corrompido

vas sembrando tu Semilla

y está naciendo en mi orilla

la blancura del latido.

Tú quieres hacer tu nido

con plumas de ruiseñor

y la llama de tu amor

se ha transformado en paloma.

Por el Alba Azul asoma

tu mano de Redentor.

          –III–

Luna pálida. Dolor

de la faz ensangrentada,

–luz de almendro la mirada

para deshojar amor:

pulso de alondra y de flor

en la espina del gemido,

Señor de la Cruz Caído

para salvar la BELLEZA.

Astro de Eterna Pureza

por un madero mordido.

  –IV–

Mi verso se ha detenido

en tu mirada amorosa

–Altar de lumbre la rosa–

para mirarte dormido.

Viene por la nieve herido

el llanto azul de María,

y el agua de mi poesía

lentamente se derrama

para mojar tu llama

la perenne melodía.

     –V–

Para estar en tu agonía

como un pétalo de cera

enciendo en tu cabellera

la luna de mi poesía.

Viene el caballo del día

con su crin amoratada,

y tu carne traspasada

por los clavos del dolor

con futuros de ALBORADA.

 

 

Publicado en Imperio: Diario de Zamora de Falange Española de las J.O.N.S.: Año XXVI Número 7715 – 1961 Marzo 26 página 30

Fuente facilitada por Carlos Baena (Sociedad Científica de Mérida) el día 12 de febrero de 2020

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