en PROFESOR TITULAR DE UNIVERSIDAD EN FUNCIÓN DE SUSTITUTO DEL SUSTITUTO, SENDERISMO DE HOSPITAL, Uncategorized

20190113 Antonio Viudas Camarasa

 

La principal característica del análisis del discurso :

«…no hemos de mirar tanto el autor que habla, cuanto lo que habla» Luis de Granada

 

«Y aunque no hemos de mirar tanto el autor que habla, cuanto lo que habla, es
bien que sepas que quien hizo este libro no es Gerson, como hasta
aquí se intitulaba, mas sí Fr. Tomas de Kempis, canónigo reglar
de S. Agustín. El cual comienza así en el nombre de Jesucristo
nuestro Señor.[…] De la imitación de Cristo y desprecio de toda vanidad». Prólogo de Fray Luis de Granada a De imitatione Christi

 

Lectores, Luis de Granada da la clave de la principal característica y propiedad del análisis del discurso:

No hay que fijarse en quién habla sino lo que habla.

He leído que hay que meterse en líos y hubiera preferido oír que entre todos debemos resolver los líos, los problemas que tiene la universidad española y la extremeña en particular.

He leído que la universidad fomentará casi exclusivamente los grados que aseguren la colocación de sus egresados. Interpreto que se confunde la universidad de Extremadura con una Oficina de Colocación.

¡Qué lejos de la Universidad que quería Santiago Ramón y Cajal estamos!

No importa quién lo haya dicho sino lo que se ha dicho. Espero a partir de mañana escuchar mejores discursos los hable quienquiera que los hable.

Un lector apostilla:

«Dígalo Agamenón o su porquero»

Pues, sí, la universidad es propiedad de los dueños que la dominan. El concepto de universidad como centro de saber ya ha desaparecido. El capital de algunos capitalistas es el que dirá y dice lo que la universidad tiene que hacer para servir a sus intereses.  Esto tiene pocos visos de remontar. Aunque cada día más gente se está dando cuenta de estos problemas y puede venir una luz que ilumine estas tinieblas.

No pierdo la esperanza, pero creo que he tenido suerte de estar aquí y hasta aquí para ver hasta dónde hemos llegado. No me arrepiento de no haberme jubilado con la jubilación de oro que me propuso el decreto presidencia a mis sesenta años.

Me quedan 47 días para cumplir los setenta años y los cuento con nostalgia y a la vez con alegría. Es un sabor agridulce. La suerte ha sido el haber podido llegar hasta aquí.

 

La inmadurez que da el sistema es lo que predomina

Me da pena que no haya personas mejor preparadas para llevar las riendas de esta institución y me preocupa la poca savia renovadora de la juventud que llega a nuestras aulas. La inmadurez que da el sistema es lo que predomina.

En la sociedad actual la ciencia no va acompañada de la ética como propugnaba Tomás de Kempis.

El hombre debe conocerse a sí mismo. La introspección del hombre que se conoce a sí mismo es complementaria de la ciencia. En la universidad española el humanismo se ha dejado de lado. La cita de Kempis es un valor que debe ser considerado dentro de la ética:

«El humilde conocimiento de ti es más cierta senda para Dios, que escudriñnar la profundidad de la ciencia». Tomás de Kempis

En la universidad actual se debería anteponer la buena conciencia y la vida ética virtuosa a la propia ciencia:

«No es de culpar la ciencia u otro cualquier conocimiento de la
cosa, aunque sea pequeño; porque la tal ciencia en sí considerada
buena es, y de Dios es ordenada: mas siempre se ha de anteponer
la buena conciencia y la vida virtuosa». Tomás de Kempis

En la Universidad y monasterios laicos del siglo XXI  muchos integrantes se esmeran más por mover cuestiones efímeras  que por extirpar vicios y fomentar virtudes

En la universidad muchos estudian por saber sin salir formados como hombres para la convivencia cívica. El saber debe servir para bien vivir. En la Universidad y monasterios laicos del siglo XXI  muchos integrantes se esmeran más por mover cuestiones efímeras  que por extirpar vicios y fomentar virtudes. Estas cuestiones vanales e interesadas genera muchos males en el pueblo que financia la universidad y genera mucha vida muelle en los grupos sociales. Sustituyo monasterio por universidad y tengo reflejada la sociedad del siglo XXI

«Mas porque muchos estudian m´as por saber que por bien vivir, por eso yerran muchas veces, y poco o ningún fruto hacen. ¡Oh si tanta diligencia pusiesen en extirpar los vicios, y sembrar virtudes, como en mover
cuestiones: no se harıan tantos males y escandalos en el pueblo,
ni habróia tantas disoluciones en los monasterios!» Tomás de Kempis

En la universidad del siglo XXI se viven los mismos problemas que vivió Tomás de Kempis en su entorno intelectual monástico. En el balance final de nuestras vidas no nos preguntaremos qué hemos leído ni de qué hemos hablado en la universidad, sino de lo qué hemos hecho para mejorar la sociedad de nuestro entorno con una vida digna. No consiste en leer opiniones sino en construir nuestra opinión propia para mejorar el entorno. No sólo leer es misión del universitario, tiene que crear, renovar las lecturas para comprender mejor el mundo y transformar la ciencia en acción buena:

«Ciertamente el día del juicio no nos preguntarán qué leímos, mas qué hicimos; ni cuan bien hablamos, mas cuán honestamente vivimos». Tomás de Kempis

Para Kempis el leer sin fruto y el hablar bien no es el fin del discurso sino que el mejor discurso es vivir honestamente disfrutando de la ciencia y no generando discusiones bizantinas como tantas hemos vivido en el entorno universitario español en los últimos treinta años.

En la universidad española las rentas pasan de unos maestros y señores a otros

En la universidad española las rentas pasan de unos maestros y señores a otros. Los que son los últimos arrendatarios disfrutantes muy rápidamente de la nueva cosecha y  se olvidan  rápidamente de lo que sembraban sus predecesores. Se cumple aquel eslogan de «Al maestro cuchillada que tantas veces oí a mi amigo el archivero de Cáceres Antonio Rubio Rojas».

Díme: ¿dónde  están ahora todos aquellos señores y maestros que
tú conociste cuando florecían en los estudios? Ya poseen otros
sus rentas; y por ventura de ellos no se tiene memoria.

Pienso en los grandes que escuché en el verano de 1974 en un cursillo en Málaga o en la mayoría a los que invité/invitamos al Primer Congreso Internacional de Historia de la Lengua en 1987 celebrado en Cáceres con el patrocinio pre Enclave Extremadura 92. Ya a muchos ni se les cita en la bibliografía de las fichas de quienes ahora «poseen sus rentas». Aquellos que florecían en la fama de los años ochenta la humus igualitaria ha borrado su memoria. Por eso insiste Kempis y remata su frase con la referencia a la vanidad del mundo:

«En su vida algo parecían, mas ya no hay de ellos memoria. ¡Oh cuan presto
pasa la gloria del mundo!

El profesor titular o sustituto que no hace concordar el estudio y la lectura de la ciencia  con un valor ético…

El profesor titular o sustituto que no hace concordar el estudio y la lectura de la ciencia  con un valor ético corre el riesgo de fracasar en los conocimientos y en su vida honesta por ejercer la «vana ciencia».  Un maestro grande soberbio por lo general es víctima de la vanidad de sus pensamientos y conocimientos. La vigencia del pensar de Tomás de Kempis no ha fenecido. Es más admite una nueva lectura en este 2019 en que la Universidad de Extremadura con su nuevo rector ha pedido la colaboración de todos y el anterior ha celebrado sus logros y ha perdido perdón por sus errores:

«Plugiera a Dios que la vida concordara con su ciencia, y entonces hubieran bien estudiado y leído. ¡Cuántos perecen en este siglo por su vana ciencia, que curan tan poco del servicio de Dios! y porque más eligen ser grandes que
humildes, por eso se hacen vanos en sus pensamientos». Tomás de Kempis

Y gracias a Fray Luis de Granada que tradujo esta obra del latín al romance y a Martín que me ha facilitado esta versión online he podido escribir un esbozo actualizado de lo que pensaba Tomás de Kempis sobre el análisis del discurso en la ciencia medieval del siglo XV y con esta cita te deseo, amigo lector, que leas este libro, porque mucho esfuerzo puso el autor en escribirlo y Luis de Granada en traducirlo al romance castellano:

«Y porque tal fuente como esta, que agua tan clara echa de sí para hacer tanto fruto, estaba tan turbia y casi llena de cieno, por no estar el romance tan claro y tan propio, ni tan conforme al latín como fuera razón; fui movido con zelo de esta perla preciosa, que tan obscurecida estaba, y por eso tan poco gozada, de sacarla de nuevo, cotejándola con el latín, en el cual el primer autor la escribió; y quité lo que en el libro hasta aquí usado no
había estado conforme al latín. Declaré lo obscuro, para que
en ninguna cosa tropieces. Quité lo supérfluo, añadí lo falto. Y
así con la gracia del Señor trabajée para presentarte este espejo
en que tú te mires, cuan limpio y claro yo supe; y de darte este
camino, en que andes, el más llano que yo pude». Tomás de Kempis

En este borrador siguiendo a Luis de Granada he querido traducir como hizo él del latín al romance la mentalidad del siglo XV a la de este siglo XXI que en el fondo tiene lugares comunes como es la búsqueda de la verdadera ciencia que debe ir acompañada de la honestidad de quienes la practican.

 

«Si te parece que sabes mucho, y entiendes muy bien, ten por cierto que es más lo que ignoras».

Cuanto más y mejor entiendes, tanto más gravemente serás
juzgado si no vivieres santamente: por eso no te ensalzes por
alguna alta ciencia que sepas; mas teme del conocimiento que
de ella te fue dado. Si te parece que sabes mucho, y entiendes
muy bien, ten por cierto que es más lo que ignoras. No quieras
saber altivamente, mas confiesa tu ignorancia. ¿Por qué te quieres
tener en más que otro, hallándose otros muchos más  doctos y
sabios que túu? Si quieres saber y aprender algo provechosamente,
desea que no te conozcan, y que te estimen en nada. Esta
es altísima y utilísima lección, y el verdadero conocimiento y
desprecio de sí mismo.

Gran sabiduría y perfección es sentir siempre bien y grandes
cosas de otros, y tenerse y reputarse en nada. Si vieres alguno
pecar públicamente, o cometer cosas graves, no te debes estimar
por mejor; porque no sabes cuánto podrás perseverar en el bien.
Todos somos flacos; mas tú no tengas a alguno por más flaco
que a ti». Tomás de Kempis

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