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2017 01 08, Editor

MESA REDONDA DEBATE AZV 5 ALONSO ZAMORA VICENTE – TESTIMONIOS Y MIRADAS II

 

13 de noviembre de 2016

Itinerario artístico literario Alonso Zamora Vicente

Ponencia

ALONSO ZAMORA VICENTE Y EL INSTITUTO DE SAN ISIDRO

Por Vicente José Fernández Burgueño

Instituto San Isidro. Madrid

Buenos días,

Me llamo Vicente Fernández y soy catedrático de Biología y Geología y Jefe de Estudios de Nocturno del Instituto de San Isidro de Madrid, que como ustedes saben estuvo vinculado a la juventud y adolescencia de Alonso Zamora Vicente.

Quisiera, en primer lugar, disculpar la presencia entre nosotros de José Manuel Pelegrín profesor de Lengua castellana y Literatura del Instituto, al que obligaciones familiares le impiden acompañarnos y  trasmitirles el saludo de Isabel Píñar Gallardo, directora del centro,  del Claustro de Profesores y del Consejo Escolar, así como su satisfacción porque se haya contado con el Instituto para este Itinerario Artístico Literario sobre Alonso Zamora Vicente ya que, además de esta  intervención el día de hoy,   la tercera etapa del mismo se desarrollará el próximo 27 de enero en el Instituto de San Isidro. El centro que lo acogió en sus estudios de Bachillerato, al igual que  a su mujer, María Josefa Canellada Llavona, a su amigo, Camilo José Cela y Trulock y a uno de sus profesores en la Universidad Central de Madrid, Pedro Salinas Serrano.

Por ello, dado que nos veremos en enero en el Instituto y allí podremos analizar con más detalle hechos y documentos sobre el paso de Alonso Zamora por él mismo, quiero circunscribir esta pequeña intervención sólo a dos aspectos: El tipo de bachillerato que cursó y los profesores, especialmente los catedráticos de Instituto, que pudieron estar relacionados con él.

Alonso Zamora  como tantos otros jóvenes y adolescentes de su generación, la de la segunda y tercera década del siglo XX, tuvo que estudiar y aprender sometido a diferentes planes de estudios secundarios. Más tarde,  cuando llegó a la Universidad, vio como  sus estudios universitarios quedaban en suspenso por la guerra civil y no pudo terminarlos hasta finalizada esta. Estos años,  tanto en el Instituto como en la Universidad,  estuvieron  marcados por los acontecimientos políticos de una época que va a acabar en la guerra civil. Es lo que hemos llamado estudiar en tiempos de conflicto lo que  sin ninguna duda  influiría  en su carácter.

¿Pero como fueron esos estudios de bachillerato?  Sabemos que aprendió las primeras letras en el Colegio Hispano Francés situado en la calle Toledo muy cerca de su arranque en la Plaza Mayor, en  los soportales que finalizan, en la actualidad,  en el cruce con la calle Imperial. Colegio que años antes había acogido también  a Pedro Salinas.  Allí aprendería a leer y escribir, las cuatros reglas matemáticas y los contenidos básicos de la enciclopedia escolar de la época. Y con ese bagaje y siguiendo las directrices legislativas del momento, en 1926, con  los diez años cumplidos, , solicitó y fue admitido al  examen de ingreso. Examen que realiza  y aprueba en el instituto de San Isidro, el Instituto de su barrio,  el 10 de junio de 1926.

Aquí tenemos que hacer un pequeño paréntesis para confrontar este hecho con lo que el mismo relaciona en el libro, por todos conocido, Examen de ingreso. Lo hemos leído en varias ocasiones, a partir del texto de la Colección Austral de Espasa Calpe y aunque una primera impresión nos haría suponer que está hablando en primera persona, y por tanto de su propia experiencia, enseguida podemos inferir que puede no ser así o no totalmente así. Hay un dato muy significativo y es la fecha en que aparentemente se realiza el examen de ingreso relatado en el texto, el 20 de julio de 1925. Ni antes, ni ahora, ni posiblemente el día de mañana, se harán exámenes en los institutos en el mes de julio. Además,  no fue en 1926 y no en 1925 cuando se realizó dicho examen

Una vez aprobado, y por lo tanto cubierto el trámite imprescindible para cursar la segunda enseñanza,  debía haber comenzado  el bachillerato en el plan de estudios que había estado  vigente desde 1903. Inicialmente uno más de los numerosos planes de estudios que se habían ido sucediendo a lo largo del  siglo XIX pero que se mantuvo como uno de los más duraderos de la historia.   Este plan  de estudios, el plan Bugallal,  tenía  por objeto aligerar el plan precedente de 1901 del Conde de Romanones. Para ello, entre otras muchas medidas, se reducía el número de asignaturas, para hacer el bachillerato más llevadero para los alumnos,  y se ordenaban en seis cursos con cinco asignaturas cada curso.  Además,  se refundían  en dos los tres cursos obligatorios de dibujo,  se reducían a dos los seis cursos de gimnasia,  se dejaban  dos cursos de geografía y  se suprimía un curso de caligrafía. Desaparecía la enseñanza del inglés y del alemán, se llevaba la enseñanza del latín al segundo y tercer curso en vez de al tercero y cuarto y se trasladaba a este último año la enseñanza de la Preceptiva literaria.

Pero dicho plan, no fue con el que comenzó Alonso Zamora, ya que  en 1926 nos encontramos inmersos en  el régimen instaurado a partir del 13 de octubre de 1923  con  el golpe militar encabezado por el general Miguel Primo de Rivera y que puso fin a la Restauración. En el marco educativo, el planteamiento antiliberal del nuevo régimen se concretó, como primera medida,  en la negación de la libertad de cátedra, llevándose  a cabo reformas tanto en el bachillerato con en la universidad. En la segunda enseñanza, el cambio se materializó en el  denominado «Plan Callejo», debido  al ministro de Instrucción Pública, Eduardo Callejo de la Cuesta,  que  reformó el bachillerato en profundidad  mediante el  Decreto de 25 de agosto de 1926. La reforma se basó en la superación de  los defectos  que encontraban en el bachillerato vigente, el plan de 1903,  fundamentalmente en la falta de articulación con la enseñanza primaria y con la superior, en el excesivo número de exámenes y en la larga duración de los estudios. Por otro lado se había percibido  una creciente demanda de la educación secundaria y un aumento de la presencia femenina en los Institutos, a pesar de las trabas que la sociedad y el propio sistema educativo ponían a las mujeres para el acceso a estas enseñanzas. Por otra parte, y esto es una importante novedad, se contempló que el bachillerato pudiera tener valor en sí mismo sin la obligatoriedad de tener  que continuar estudios posteriores

Las características más relevantes de este Plan Callejo eran las siguientes: Se establecían dos niveles en el bachillerato,  con un   Bachillerato elemental de tres años de duración, que constaba de cinco asignaturas por curso y permitía la del título  correspondiente expedido directamente por los Institutos. En este Bachillerato elemental  se reducía considerablemente el número de exámenes, ya que los alumnos podían optar por examinarse sólo al finalizar el bachillerato,  hacerlo por grupos de asignaturas o examinarse individualmente de cada asignatura. Se establecía que para  acceder al bachillerato elemental el alumno tenía que  tener cumplidos los 10 años y debía superar un examen de ingreso. El Bachiller universitario, cuyo título lo expedía la  Universidad, estaba diferenciado en  Ciencias y Letras. Se accedía con el título de bachiller elemental y constaba de tres cursos, el primero común y los otros dos ya específicos de la modalidad elegida. Cada curso comprendía cinco asignaturas incluida la religión, siendo a elección de los alumnos el poder examinarse por grupos de asignaturas o hacerlo individualmente.   Al finalizar los tres cursos se establecía  un examen de grado en la Universidad ante un tribunal especial para poder obtener el título de bachiller en ciencias o letras. Cabía la posibilidad de terminar el bachiller un año antes  dirigido a los alumnos con calificación de sobresaliente en el  bachillerato elemental. La religión no era objeto de calificación, aunque se exigía la asistencia a clase a los alumnos que no renunciaban expresamente. Durante todos los cursos del bachillerato elemental y universitario se practicaban ejercicios de educación física, paseos  y juegos deportivos. Por último, se introducía la asignatura Terminología científica, industrial y artística en el primer curso, aunque desapareció cinco años más tarde y se establecía la obligatoriedad de texto único.

Este Plan tuvo cinco años de vigencia, ya que en 1931 una de las primeras medidas que adoptó el Ministerio de Instrucción Pública de la Segunda República fue su derogación mediante el Decreto de 7 de agosto de 1931 pero no para instaurar un nuevo plan de Estudios, sino para volver provisionalmente al Plan Bugallal de 1903, con algunos ligeros retoques que inicialmente se estableció solo para el curso académico 1931-32 pero  perduró hasta 1934 ya que es  curioso que hubiera que esperar hasta   ese año,  con el gobierno de centro-derecha presidido por Alejandro Lerroux  para que existiese un plan de estudios, el plan Villalobos,  durante la época republicana. El triunfo del Frente Popular llevó a que a partir de febrero de 1936 vuelva el plan Bugallal.

En consecuencia, Alonso Zamora se vio inmerso en estos cambios que conoceremos con más detalle, incluyendo las asignaturas cursadas y las calificaciones obtenidas, cuando nos veamos en Madrid, pero que ahora podemos resumir de la forma siguiente:

Comenzó en el curso 1926-27 el primer curso de bachillerato con el plan Callejo y continuó con el mismo los dos años siguientes, 1927-28 y 1928-29, obteniendo en este último año, su título de bachiller elemental. Continuó con el bachillerato universitario, realizando el curso común en 1929-30 y el primer año de la modalidad de Letras en el curso 1930-31, pero la llegada de la Segunda República y la supresión del plan vigente, le llevó al plan de 1903, en el curso 1931-32. Con ello, evita el examen de grado universitario, pero al desaparecer la diferenciación de Letras y Ciencias le obliga a tener que cursar especial, mezcla de ambas modalidades,  con  algunas asignaturas científicas que no formaban parte del currículo precedente.

En todo caso, supera todas estas dificultades y obtiene el título de bachiller que le va a permitir continuar sus estudios en la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad Central.

Pero no podemos terminar está modesta aproximación a los estudios secundarios de Alonso Zamora sin hacer mención, aunque sea brevemente, a los profesores, catedráticos y auxiliares, que de una forma u otra influyeron en su madurez intelectual, bien directamente con su magisterio o a través de los libros de texto que escribieron. Así,  nos encontramos con insignes figuras de la cátedra ya que no podemos olvidar  la importancia y el prestigio que en esos años tenía el ser catedrático de un Instituto, especialmente en alguno de los dos institutos históricos de la capital, el Instituto del  Cardenal Cisneros y el Instituto de San Isidro. Por ello,  el camino de Alonso Zamora tuvo que cruzarse con insignes docentes como  Miguel Aguayo Millán, catedrático de   Matemáticas  y director del centro hasta 1931, con  Luis Olbés Fernández, catedrático de Física y Química y Secretario del Instituto, con el ilustre matemático y pedagogo, Pedro Puig Adam, con el gran filosofo krausista, Urbano González Serrano, con el  geógrafo, Juan Dantín Cereceda y con  los que fueron directores durante los años de la Segunda República, el naturalista Enrique Rioja Lo-Bianco y el latinista y sacerdote, Enrique Barrigón González. Y tanto otros, y valga una última mención , con el profesor Auxiliar de Francés, Manuel García Morente, que a la vez era catedrático de Filosofía de la Universidad Central, de cuya facultad llegó a ostentar el decanato y con el que quizás se encontraría después en la Universidad.

Como hemos señalado, bien directamente o a través de sus libros, en la mayor parte de los casos  obligatorios en el Instituto, estos insignes profesores influirían en la formación académica y personal de nuestro insigne homenajeado.

Pero, de todo ello y de otros aspectos relacionados con la trayectoria en el Instituto San Isidro de Alonso Zamora Vicente,  hablaremos en enero en el propio centro Hasta entonces no queda más que reiterar nuestro agradecimiento por habernos permitido  participar en este itinerario y desearles, en nombre propio y del Instituto de San isidro,  el mayor éxito en la empresa emprendida. Muchas gracias.

Vicente José Fernández Burgueño

 

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