en Etapa 2: Mérida 16-17 Diciembre

2016 11 17. Antonio Viudas Camarasa

El martes 15N estuve en la Editora Regional de Extremadura entregando a María José Hernández las pruebas corregidas del prólogo a la tercera edición de El habla de Mérida y sus cercanías.

Ahora estoy redactando una apéndice explicando las ediciones de esta obra, que dan para un detenido análisis. Mientras aclaro fechas y circunstancias os dejo con el correo abierto que remití a las personas que formaban parte de nuestro círculo preparatorio el 30 de junio de 2016.

La sugerencia de Antonio Vélez Sánchez, gracias a sus gestiones, ya es realidad hoy 17 de noviembre de 2016 y será pública el próximo 17 de diciembre de 2016.

La Editora Regional de Extremadura ha acogido en su colección Rescate la tercera edición de EL HABLA DE MÉRIDA DE ALONSO ZAMORA VICENTE, uniéndose al Itinerario Artístico Literario ALONSO ZAMORA VICENTE. 100 años de su nacimiento».

Pero antes os quiero contar los desvelos de un edil para publicar la segunda edición de El habla de Mérida y sus cercanías. Antonio Vélez en 1981 se encuentra de alcalde, sin haberse presentado a alcalde, por cese o renuncia de su antecesor.

Es un enamorado de Mérida y quiere hacer de Mérida un centro cultural. Aprovecha sus amistades con el exilio interior e exterior de España en Nerja, donde conoció a personas de renombre. Allí entabló amistad con Cela.

En 1982 quiere que Mérida suene y cambia los nombres de algunas calles y propone entre otros a Alonso Camilo José Cela y Alonso Zamora Vicente para los rótulos de esas vías.

La Corporación los aprueba y empieza su actividad. El padre de Antonio conoció personalmente a Alonso Zamora Vicente en su estancia en la ciudad como catedrático de instituto. El día 21 de diciembre de 1982 se presentaba la segunda edición de EL HABLA DE MÉRIDA Y SUS CIRCUNSTANCIAS.

El mismo día por la mañana según consta en un fotocopia que me ha facilitado en un libro que debe de ser el de visitas ilustres del Ayuntamiento de Mérida Alonso Zamora Vicente escribe con letra difícilmente legible, que creo que he leído correctamente esta salutación:

Letra del Secretario debe ser:

«Ilmo. Sr. D. Alonso Zamora Vicente, Secretario de la Real Academia de la lengua» [El secretario del ayuntamiento le rebaja el tratamiento porque como académico usufructuaba el tratamiento de Excmo. Sr. D.]

y en letra manuscrita de AZV:

«Entro hoy, creo que, por vez primera en el Ayuntamiento de Mérida. Y entro con la cabeza alta, tranquilo: estoy entre amigos. La alegría y el agradecimiento a toda la Corporación por este hecho van aquí expuestos. Gracias por sentirme  por como si estos cuarenta años no hubiesen pasado.
Mérida, 21 , Diciembre, 82
[Firma] A. Zamora Vicente. [Rubricada]»

A continuación con la misma letra de entradilla leo

«Ilmo. Sr. D. Camilo José Cela. Escritor y Académico.

Y le sigue este texto:

«A mis amigos de Mérida, en el despacho de su alcalde Antonio Vélez, en un día para mí emocionante.
Con toda gratitud y mis mejores augurios.
[firma] Camilo José Cela
21.XII,82″

El 12 de noviembre en la sala de ponencias del Itinerario Artístico Literario en Malpartida de Cáceres Antonio Vélez me entregó varios documentos que atestiguan que la segunda edición se editó en 1982.

De sus entusiastas recuerdos verbales que Antonio Vélez me ha transmitido, los documentos dan fe del homenaje que el ayuntamiento de Mérida le rindió a nuestro maestro en el primer año de alcaldía de Antonio Vélez Sánchez.

Me traslada extracto de las actas de la Junta del Patronato de la Biblioteca Municipal de Mérida, referente a la publicación de El habla de Mérida y sus cercanías de Alonso Zamora Vicente:

«Reunida la sesión de la Junta del Patronato de la Biblioteca Municipal a las 8 de la noche del día 1 de abril de 1982, formada por Antonio Vélez Sánchez, Emiliano Jiménez Aparicio, Honorio Serrano Gómez, Francisco Peñafiel Castaño, José González Campos, María Soledad Encinas Solís, José Manuel García y García, Clara Isabel Gómez Néstares, Carmela Rentero Carreño-Caínzos y José Álvarez de Buruaga».

Referente a la publicación del libro de Alonso Zamora Vicente acuerdan lo siguiente:

Cita textual:

«Se acuerda imprimir la obra de Alonso Zamora Vicente ´El habla de Mérida y sus cercanías´. El autor da permiso para ello y con la autorización debida se reproducirá la obra impresa por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas».

En la siguiente sesión del Patronato reunida el día 27 de mayo de 1982 formada por las mismas personas, queda lo siguiente reflejado en el libro de actas:

Cita textual:

«Siguiendo la edición de publicaciones, se a lude a la obra de D. Alonso Zamora Vicente de la que se trató en la sesión anterior. Cuando haga un prólogo a la edición nueva, se imprimirá».

En la sesión del 24 de Noviembre de 1982 se dice lo siguiente:

«… y se tiene el propósito de editar, en diciembre, la obra de D. Alonso Zamora Vicente «El habla de Mérida y sus cercanías».

El libro se presentó el día 21 de diciembre de 1982. En nota de la delegación del Periódico HOY 22/12/1982 leemos que en la presentación de la reedición de esta obra «estuvieron presentes los académicos Cela y Zamora, sus esposas,  autoridades locales, el director de cultura, Hilario Álvarez Fernández, y numerosos emeritenses».

Camilo José Cela dijo que el acto era glorioso y advirtió a los desorientados que además de un Zamora investigador hay un Zamora  escritor y humano con el que conservaba una larga amistad, sospecho que aludiendo a algún que otro hispanista desinformado.

Zamora manifestó tener fe en los escritores que siguen escribiendo. El periodista destaca en titular «Rodríguez Ibarra estuvo en la presentación del libro de Zamora Vicente» y que llegó al acto en coche oficial  y con chófer «posteriormente afirmaría que se sentía un poco extraño en un coche que no es el suyo y con un chófer con el que no está acostumbrado a viajar».

La admiración del presidente de la Junta por don Alonso se fraguó ese día y la demostró en años posteriores sobre todo cuando un académico de cuyo nombre quiero olvidarme vino por Extremadura a dar una conferencia y cobrar su correspondiente dádiva y aprovechó para hacer publicidad de su biblioteca que consideraba mejor que la de Alonso Zamora Vicente, en un momento en que las negociaciones para la adquisición por parte de Extremadura de la Biblioteca Alonso Zamora Vicente estaban en punto muerto, demostrando la rivalidad del declarante, nacida en las vegas del Tormes donde el maestro Gonzalo Correas recogió en el mercado salmantino entre otros el refrán siempre popular «Quien es tu enemigo, el que es de tu oficio».

El periodista anónimo, como es habitual en esta España nuestra, dedica más letras negras al cotilleo político –morboso en aquel día en que el presidente tiene que designar gobierno, nombrar consejeros– que a la presentación del libro, el titular así lo expresa: «Rodríguez Ibarra estuvo en la presentación del libro de Zamora Vicente», la realidad cultural era otra:  «Zamora Vicente presenta el libro en presencia de Rodríguez Ibarra, recién designado Presidente de la Junta de Extremadura». Dos votos tránsfugas propició el cambio de presidente según creo recordar.

El letra pequeña el periodista da noticia de la conferencia que Alonso Zamora Vicente pronunció en el Salón de Actos del Instituto Santa Eulalia con el título «Un aventura dialectal en la Mérida de 1940».

Se siente satisfecho de que la ciudad, cuarenta años después, le invite para hablar de su libro sobre el habla merideña. Habló de cómo era la dialectología española entonces, de cómo desarrolló su trabajo y la metodología empleada y contó alguna anécdota.

El periodista recoge el calor humano que siempre despertaba Alonso Zamora en sus propias palabras refiriéndose a los libros como «El habla de Mérida y sus cercanías que  no llegan a las manos del público y en su opinión: «Se queda siempre en bibliotecas, en sitios especializados. Desapareció enseguida. Y desde entonces, ya he hecho algunas cosas más  que redondean el libro por algún otro lado y ahora lo reedita el Ayuntamiento de Mérida. Yo lo agradezco muchísimo, pero quizás lo reeditan con una razón de amor, naturalmente».

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El habla de Mérida y sus cercanías. Mérida. s. a. , pero 1982. Editada por Patronato de la Biblioteca Municipal de Mérida.

Zamora Vicente está muy agradecido al Ayuntamiento de Mérida y a su alcalde a quien dedica un ejemplar de El habla de Mérida, con estas palabras: «Para Antonio Vélez, coautor máximo de este libro, con mi gratitud por tantas cosas como hoy me ha regalado. Con un abrazo. [Firma] Alonso».

Era el 21 de diciembre de 1982. Nótese que pone la dedicatoria a «Antonio Vélez» y firma simplemente «Alonso». La única vez que veo su firma de este modo, al estilo Jesús Delgado Valhondo, «entre tantos excelentísimos, yo soy simplemente Jesús». Entre tantos excelentísimos ante Antonio Vélez, Alonso Zamora Vicente fue simplemente «Alonso».

El agradecimiento de Alonso hacia Antonio se muestra en las dos dedicatorias que le hace de las dos ediciones de Mesa, sobremesa. En la edición  de La Isla de los Ratones le pone: «Para Antonio Vélez Sánchez, en su Mérida, de su amigo. A. Zamora Vicente». En el ejemplar de  la edición de Novelas y Cuentos leo: «Para Antonio Vélez, con un gran abrazo. A. Zamora Vicente».

El 21 de enero de 1983 José María Martín  Valenzuela escribe una crónica artículo sobre el Habla de Mérida y sus cercanías recién editada, que dadas las características de su rápida edición se ha convertido en un libro raro y curioso. Hecho con mucho cariño y afecto está falto de todos los requisitos necesarios para ser una edición cuidada. Martín subraya:

«La reedición de El habla de Mérida y sus cercanías es una reproducción facsímil de la publicada en 1943 en la revista de Filología Española (Anexo XXIX) a la que se ha añadido un prólogo del autor. Prólogo delicioso, en el que se pone de relieve el estilo personalísimo del excelente escritor que es Zamora Vicente. Las anécdotas, las observaciones, sobre la obra, sobre la época y las circunstancias en se realizó, hace ya cuarenta años, están contadas con la originalidad expresiva conseguida por ese humor tierno, irónico y sabio que el lenguje de Zamora Vicente comunica. Prólogo que por sí solo, justificaría la nueva edición. (Me permito aquí recomendar al Patronato de la Biblioteca Municipal la corrección de pruebas antes de pasar a  su impresión: es una lástima que un prólogo como el de este libro esté lleno de erratas de imprenta)». Y nos recuerda que la sede del Instituto donde dio clase Alonso Zamora estaba en la Calle Moreno de Vargas, autor de la Historia de la ciudad de Mérida, reeditada en 1981 por el Patronato de la Biblioteca Municipal de Mérida. Es un lástima que las instituciones desaprovechen los recursos humanos de los que disponen. No es de extrañar estos desaguisados que se vienen repitiendo desde la más remota antigüedad, sobre todo cuando de asuntos culturales se trata. El funcionario descolocado debió pasar por alto la corrección de pruebas del libro.

El martes pasado estuve corrigiendo las erratas advertidas en la Editora Regional. Espero que no se me haya pasado ninguna, pero no he podido disponer del original manuscrito del prólogo de Alonso Zamora Vicente a la segunda edición que se reproduce en esta edición del Itinerario Alonso Zamora Vicente. Disculpo a los editores, porque bastante hicieron en crear el Patronato y sacar adelante la edición del libro en aquellos tiempos nuevos que hemos disfrutado. No disculpo con Martín Valenzuela al encargado de la corrección de pruebas, aunque don Alonso seguro que nunca hizo mención a este hecho, a pesar de que a sus discípulos no nos dejaba pasar ni una en este aspecto.

Respecto a la conservación del léxico merideño Martín apostilla que:

«El poder nivelador  de los medios de comunicación, radio y televisión sobre todo, ha actuado, sin duda alguna, sobre la zona estudiada. Del mismo modo, el cambio de técnicas, de industrias y una mayor relación entre los pueblos colindantes habrán ido eliminando algunas peculiaridades lingüísticas, aunque la mayor parte de los usos lingüísticos estudiados están vivos todavía: casi todos los términos que recoge Zamora en su léxico están en el reciente Diccionario extremeño, de A. Viudas».

Os dej, queridos lectores, con la historieta que empezó en junio 2016 y terminará con final feliz en diciembre del mismo año:

30 de junio de 2016. Antonio Viudas Camarasa escribió:

ITINERARIO ARTÍSTICO LITERARIO ALONSO ZAMORA VICENTE 100 AÑOS DE SU NACIMIENTO

11-13 noviembre 2016

Queridos familiares, condiscípulos y  amigos de don Alonso Zamora Vicente:

Termina junio y vamos avanzando entre todos en la organización del homenaje a nuestro maestro.

Hace dos días don Antonio Vélez me sugirió y le animo desde aquí a que lleve a cabo la idea de la tercera edición de El habla de Mérida y sus cercanías, para poderla presentar en nuestro itinerario durante el mes de noviembre de 2016. Otra utopía que no dudo en que se hará realidad.

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1943. El habla de Mérida y sus cercanías. Madrid. CSIC

Portada de uno de los ejemplares. Su historia da para un cuento escrito un lunes. Mala organización de la censura, le obligaron a rehacerlo del todo. “Tenía unas fotografías preciosas que tuve que rehacer. Fue una lástima –me dijo en cierta ocasión—“. Lo que no me dijo es que alguien no facilitó como debía su publicación. Si alguna vez se encuentra el ejemplar entregado a la censura conoceremos la primera versión del libro.

Querido don Antonio Vélez sobre todo para usted le transcribo la historia de AZV, contada por su amigo Camilo José Cela, en relación a Mérida, que conocía el premio Nobel, como soldado de guerra en Torremejías. El premio Nóbel se inventa una entrevista o sagazmente le hizo una entrevista y le hace decir o dice AZV:

“—Me doctoré en filología románica el 41 o 42; mi tesis fue El habla de Mérida, que tú conoces. Eran momentos duros, con toque de queda, con toros bravos en el campo y maquis en el monte, cn gran pobreza de medios… Luego sale un señor y te dice que, en tal página, a la “o”  breve le falta el signo de cantidad. ¡Vaya por Dios! Sí, eran momentos duros, momentos de mucha confusión; si no es por Dámaso, yo renuncio después de la guerra; a él le debo el haber seguido” (pág. 120)

Esta mañana he repasado el homenaje de su amigo Camilo José Cela en su revista mallorquina y he tenido en mis manos el ejemplar de la tesis doctoral de Mario Vargas Llosa. El homenaje está fechado en 1973 y la tesis en 1971.

Justo cuando don Alonso ve los frutos de su magisterio en plena madurez, cuando cumple 50 años. Después de los diez años de excedencia voluntaria, cuando en 1969 toma posesión de la cátedra de Filología Románica de la Complutense, vacante por la jubilación de Dámaso Alonso. En esos años se dedicará a su país “Después de rodar por el mundo pienso que nos debemos a nuestro país, pese a todo: pese a la envidia, que es el mal hispánico”. La actividad de Alonso Zamora Vicente una vez reposado y estabilizado en Madrid, con su Academia y su Complutense es muy difícil de entender por el ingente número de tesinas y tesis que dedicó. En ese período nos formó a los que por ley de vida podemos tributarle ya en plena madurez los homenajes con motivo de los 100 años de su nacimiento, ante el testimonio de algunos alumnos formados en Salamanca y tal vez en Santiago de Compostela. Estoy intentando localizar a todas las personas a quienes don Alonso ha dirigido la tesis o la tesis doctoral. Espero noticias de Luis Alberto Ratto Chueca. Sé que será una tarea laboriosa, pero lo intentaré y lo conseguiré.

Si el primer fruto fue la tesis de Daniel Devoto en Buenos Aires (1951) el fruto de plenitud lo obtiene cuando se puede dedicar a su cátedra de Filología Románica en la Complutense de Madrid. Después de viajar por América del Sur, América del Norte y Europa recala en Madrid. Todos los testimonios apuntan que en Salamanca su labor fue de “forajido” y no pudo ser nunca estable. Del 1946 a 1948, año en que se autoexilia a Buenos Aires no debieron de ser tiempos fáciles en una Salamanca provinciana de posguerra, llena de intrigas y envidias. A la vuelta en 1952 permanece en esa ciudad a regañadientes, excepto sus alumnos a los que se entrega y guardan un recuerdo maravilloso, el ambiente salamanquino no le gustó nada y fijó su residencia en Madrid. En un breve diálogo nos los explica el hispanista americano Elías L. Rivers en “Zamora Vicente y una España mía”:

“—Pero usted tiene su cátedra en Salamanca, y ¿vive en Madrid?

—Sí, hombre: Salamanca es una ciudad nomumental para visitarla, pero ahí no se puede vivir. Ya lo he probado” (Pág. 395)

De sus tiempos salmantinos, paradoja de la vida, he encontrado los mejores recuerdos a su docencia. Seguro que habrá más.

En 1973 su discípulo Manuel Bermejo Marcos, profesor en la Universidad de Leed (Reino Unido) afirma con rotundidad el magisterio de don Alonso. Manuel Bermejo reconoce su magisterio en sus discípulos de ese año:

“Usted es maestro, admirado don Alonso, y tiene alumnos ya profesores de fama por todas partes, tanto en la Universidad española como en las foráneas de acá o allá del Atlántico” (pág. 392).

Me sitúo en mi tiempo zamoriano en ese 1973 me estaba dirigiendo la tesina sobre el léxico agrícola en La Litera, siguiendo su pionera metodología de Palabras y Cosas de Libardón. Esos trabajos que aprendió en los libros de Fritz Krüger, “no te olvides de consultar Die Hochpyrenäen (1935-38), fundador de la Volkstum und Kultur der Romanen (1928)”, de la Escuela de Palabras y cosas de  Hamburgo y a quien tanto admiraba como investigador don Alonso. Por cierto en 1975 visité Hamburgo en busca de su escuela y no quedaba nada, todo se había convertido en una Facultad de Económicas. Quedaba el fruto de esa escuela en el singular museo etnográfico de dicha ciudad, donde están representadas todas las cultura del mundo. Antonio Viudas Camarasa scripsit, 30 de junio de 2016.

 

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