©Papers de Antonio Viudas Camarasa. 2024.
Luis Álvarez Lencero. 1. El surco de la sangre. (Madrid. 1953).
Última actualización 2024, 26 de febrero, 6:54.
Plan de fomento de la lectura del poeta maldito Luis Álvarez Lencero (1923-1983), hijo de padres solteros, nacido en un chozo de La Nava de Santiago (La Nava de Mérida), Badajoz, en una dehesa donde su abuelo materno, Juan Lencero, era obrero pastor a sueldo y escandallo. Edición digital en conmemoración de los 100 años de su nacimiento.
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LUIS ÁLVAREZ LENCERO
1923-1983
100 años de su nacimiento
9 poemarios en vida. 1. El surco de la sangre (Madrid 1953)
Edición, introducción y notas
de
Antonio Viudas Camarasa
2024
www.dialectus.es
Para citar por cortesía esta edición digital 2024 de El surco de la sangre de Luis Álvarez Lencero use esta URL: dialectus.es/Luis Álvarez Lencero/2. El surco de la sangre: dialectus.es/LuisAlvarezLencero/1.elsurcodelasangre
1. EL SURCO DE LA SANGRE
- Número 5. Colección»Doña Endrina». Guadalajara. España. 1953. Al cuidado de Antonio Fernández Molina. Dibujos de Madrilley. Noviembre de 1953. Bachende 35 81 13 -Madrid. 20 páginas grapadas sin numerar . 11,5×16,50 cms.
Ilustraciones de María Luisa Madrilley a la primera y única edición realizada en vida por Luis Álvarez Lencero.
Madrilley era esposa de Ángel Crespo, que funda en 1951 la revista Deucalion en Ciudad Real, muy unido al grupo postista de Antonio Fernández Molina, director de Doña Endrina en Guadalajara y Gloria Fuertes, directora de Arquero en Madrid y a Manuel Pacheco y Luis Álvarez Lencero que mantienen viva desde 1952 la revista Gévora en Badajoz.
Gloria Fuertes le dice que su primer libro, al que llama carta, “empieza bien y termina mejor”:
- «Tu carta ‘El surco’… es muy bella; empieza bien y termina mejor. ¡Qué estupendo lo que me dices de ese amigo tuyo labriego que era: ‘Capitán de los trigos y las tórtolas y que olía a Dios como el romero’ (¡quién fuera él!). Y la ‘Estatua rebelde’ qué profunda. Y esa ‘Evasión’, cosa buena para rezarla en estos días de ‘recuerdo santo’».
Se entera con su carta de que está:
- «… bien de salud y de rebeldía. Haces bien en ser bueno y síguete cuidando hijo que con estos cambios bruscos de ideas mueren muchos hombres».
Con muy buen humor termina su carta diciéndole:
- «Por aquí llueve y hace Poesía.
- Te agradezco la dedicatoria y te felicito por lo que sabes. Abrígate hijo mío y no ofendas nunca a tu manada. Sentirás un abrazo de Gloria Fuertes»
Gloria Fuertes, Madrid, 9 Abril 1954. A Luis Álvarez Lencero. Badajoz. Apud Álvarez Lencero y6. SU MÁS HERMOSO POEMA. Religión digital. https://www.religiondigital.org/nido_de_poesia/Alvarez-Lenceroy6-HERMOSO-POEMA_7_1440825920.html
Para saber más sobre la edición de El surco de la sangre 1953, léase A los 14 años en una herrería: Luis Álvarez Lencero. Antonio Viudas Camarasa. Separata libro de la revista El carro, número 8, 2024, editado por la Asociación Cultural Luis Chamizo de Guareña.
ÍNDICE
Dedicatoria
OFRENDAS
- A Antonio Machado
- A Miguel Hernández
- Otoñada
CUATRO POEMAS
- Al labriego extremeño
- Oda al lobo
- La estatua rebelde
- Evasión azul
Luis Álvarez Lencero
El surco de la sangre
A Carmen Gómez del Villar
O F R E N D A S*
*Los tres primeros poemas de su primer libro son ofrendas.
Dos dedicados a escritores que influyeron en su concepción de España. Ka España filosófica de Antonio Machado y la España del pueblo a la que perteneció Miguel Hernández.
El tercer poema es un tributo al profesor y director de la Escuela de Artes y Oficios de Badajoz que le enseñó los entresijos del creador artístico el pintor extremeño Adelardo Covarsí, cuñado del militar liberal Enrique Segura Otaño — fundador del Centro de Estudios Extremeños y primer director de la Revista del Centro de Estudios Extremeños 1927— y abuelo de Esperanza Segura Covarsí, gran amiga intelectual, en tertulias primigenias de tarde de sábado, de Luis Álvarez Lencero.
A Antonio Machado*
1
TURBIA de sol, de aceituna
y olorosa de barbecho,
la alondra azul de tu pecho
se quedó muerta en la cuna.
Que fue un cuchillo de luna 5
para tu cuerpo de oliva,
una estrella fugitiva
quien escupió tu martirio,
y quedaste como un lirio
sobre un charco de saliva. 10
2
Doblada Castilla entera
no llora trigo en mi mano.
La espiga de un buen hermano
se perdió en la sementera.
Lágrimas bebo en la era 15
de amapolas desangradas,
y están las tierras mojadas
del peso de las ortigas,
porque el sol siente fatigas
de brillar en las espadas. 20
3
Antonio, que el mediodía
—como el lobo destetado—
te sigue por un helado
campo de cristalería.
Bebe tú la sangre mía 25
para curar tu semilla,
y aléjate de la orilla
donde apoyes el gemido,
porque un nardo dolorido
no necesita la arcilla. 30
* Lencero interpreta que fue un «cuchillo de luna» quien le escupió el martirio al lirio que era Machado. Lo considera trigo necesario y para que siga en pie le ofrece que se alimente de la propia sangre del poeta mientras bebe lágrimas de «amapolas desangradas».
A Miguel Hernández
“Será una sola y dilatada herida
hasta que dilatadamente sea
un cadáver de espuma: Viento y nada” *
M. H.
1
MI corazón se dobla lastimado
harto de florecer luna caliente.
Uña por uña estoy cansado,
y un bisturí de pena
me tiene su latido desganado 35
y quiero suspirar a boca llena.
No vengo de la sal ni de la arena,
derretido en un párpado de frío.
Mi sangre está bordada por el viento, 40
y en llanto de rocío
me tumbo con un hondo sentimiento
sobre la rosa muerta en el estío.
Dulce responde la infeliz esposa.
Desesperada corta sus mejillas 45
mi dentadura larga y gaseosa.
Y luego que la vierto en mis rodillas
bato mis alas con olor de abeja,
pongo en mi yunque su azafrán gemido
y en un tigre de lumbre convertido 50
subo a beberme su encarnada queja.
2
Mi carne se descuelga, se fatiga:
Un molino de estrella apuñalada.
Y en sudores de cal y de ladrillo
la víbora agachada, 55
de un picotazo turbio de cuchillo,
Me tiene la camisa ensangrentada
Mojo la almohada por olvido y asco
con este sueño de gusanería.
Pero de pronto roza mi ventana 60
la tórtola del día,
y otra vez al candil de la desgana
de cadáver se viste el alma mía.
Vuelvo al cansancio con la frente sola
Desesperadamente solo hacia la era. 65
Me lo pide un latido de amapola
mientras mi arado espera
con un celo de esperma y caracola
despeinando a la rubia panadera.
Y este dolor de diente y de barbecho, 70
como un galgo de sal en mis pestañas,
un cubo de saliva da a mi pecho
y una esterquera viva a mis entrañas.
3
Roja locomotora de relente
me escucho por el túnel de mi vena. 75
Ya tengo en la estación arrinconada
la abeja de mi pena
y esta angustia de tiza golpeada
ha de dar una flor y una colmena.
Y dejaré en la orilla del Guadiana 80
la sombra de mi voz hecha pedazos
lejos del beso la alondra y el latido.
El pez me vestirá de coletazos
la húmeda ventana,
y mientras que de abrazos 85
floto en sueño de juncia convertido,
mi corazón irá serenamente
como un toro de luna derramada
sin detener su frente
a buscarte, Miguel, de viento y nada. 90
* Última estrofa del poema Sino sanguinario de Miguel Hernández que inicia: «De sangre en sangre vengo, / como el mar de ola en ola». La palabra sangre es muy utilizada por Lencero en el sentido transmisión de vida que la utiliza Hernandez. Lencero, con la tórtola del día, herrero del yunque y camisa ensangrentada como un toro de luna, va a la búsqueda de Miguel Hernández a quien homenajeará en 1971 con la escultura El toro, que representa la fuerza de España, expuesta en la galería Círculo 2 de Madrid, regentada por su amigo Antonio Leyva Fernández.
Otoñada*
(En la ausencia de Adelardo Covarsí)
EL genio de la “Otoñada”
va cabalgando en cometa,
Siete “Aguiluchos” de lumbre
por el camino le esperan.
Pálido, yerto y dormido 95
lo reciben las estrellas,
y posan sobre su frente
Un laurel y una violeta.
Los “Cazadores furtivos”
vomitan las escopetas, 100
lágrimas de los cartuchos
para ver si lo despiertan.
Pero el silencio de nieve
Responde plumas y quejas,
y beben los remolinos 105
las golondrinas inquietas.
El Guadiana se ha clavado
como un puñal en la tierra,
y el sol herido de angustia
se arrodilla con su pena. 110
Nubes llevan de horizonte
en el pico las cigüeñas.
Campanas de bronce viento
mueven dos manos de cera.
Extremadura en un grito 115
se abre el pecho con las piedras
y un ánfora de sollozos
entristece a la tristeza.
Portugal también le llora.
“Patrullas de la Serena” 120
gimen caminos de montes,
a través de las tormentas.
Águilas de terciopelos
anidan en las veletas,
para beberse el rocío 125
Del vaso de los poetas.
Sienten frío los pinceles
en el alba de su ausencia,
y las tardes están mustias
y sin color la paleta. 130
Voces suenan por la tierra
que inmortalizan su nombre.
Lo vemos en las estrellas
soñando.
Ciñe su frente serena 135
el armiño de la gloria,
y un puñado de violetas.
De su pincel infinito
perlas de luces gotean.
Que el genio de la “Otoñada” 140
va en las crines de un cometa.
Siete “Aguiluchos” de lumbre
por el camino le esperan.
* Adelardo Covarsí, fallecido en 1951 es llorado en este poema que previamente Lencero publicó en Alor, revista fundada por Francisco Rodríguez Perera. Publicado en la revista Alcántara. AÑO VII. NÚMEROS 47 Y 48. Septiembre-octubre de 1951, pág. 76. La dedicatoria de la primera tiene esta variante: «En la ausencia de nuestro llorado D. Adelardo Covarsí». Lencero se muestra muy conocedor de la obra de su maestro Covarsí. Cita sus cuadros de Los aguiluchos, Cazadores furtivos y Patrullas de La Serena. Es una elegía dulce de despedida al genio que desde las estrellas: «De su pincel infinito / perlas de luces gotean».
C U A T R O
P O E M A S
Al labriego extremeño*
A Juan Tena Benítez* *
CAPITÁN de los trigos y las tórtolas.
Príncipe de los campos y las hoces 145
que te lavan la cara los crepúsculos
y vas de novio azul con las encinas.
Domador de la víbora y la yerba
sudoroso de pan y de barbecho:
Habitante de alcobas cereales. 150
Tu palacio es de escarcha y de granizo.
Las abejas se beben tus pestañas
porque hueles a Dios como el romero,
y en tu hombro se duerme la cigüeña
con un libro de cúpulas y nubes. 155
Sacerdote del surco y la semilla
Que te lame el ganado las espaldas.
Se arrodillan las mulas ante un cristo
mientras llenas de oro sus morrales.
Te persigue la mosca de la era. 160
El mastín se despluma cuando silbas
y tu carro es un trono. Siete veces
La amapola se afila en tu costado.
Hombre bueno de menta sol y luna,
repetido en la espiga y en los charcos. 165
La muerte es un caballo que se espanta
Cuando empuñas un látigo de lluvia.
Luego la noche es como un lienzo sucio
arropando las viñas y los lobos.
Tu corazón: Un pez enjabonado 170
por la espumosa mano de la harina.
Compañero del barro y la tormenta.
Cada rayo te borda una camisa.
Los olivos te ponen un sombrero
y el domingo es delgado como un baile. 175
Hora es ya que tu música rebote
Por los campos de modas y cemento.
Cada hombre te sude una mirada
Con que llenes la flor de tu botella.
Príncipe de los trigos y las tórtolas. 180
Capitán extremeño. El mediodía
llora tu voz morena y el cortijo
se alumbra de aceituna y de mujeres.
* Luis Álvarez Lencero en relación a la sociedad rural extremeña es un eslabón más del latifundismo. El campesino extremeño fue tratado en Corte y aldea del padre Francisco de Salas y en alguna obra de Vicente Barrantes. José María Gabriel y Galán lo transcendió en el inmortal poema de El embargo. Luis Chamizo lo convirtió en el cuidador de la madre tierra que tiene entrañas. Adelardo Covarsí pintó El jornalero extremeño circa 1924 para la Sociedad de Labradores. En 1939 Alejo Godofredo Manso Ortega Muñoz le dio forma con ropa humilde en paisaje austero en El campesino extremeño. Este Labriego extremeño Lencero recres o tiene con las vivencias compartidas de Juan Lencero, pastor de un cortijo de la Nava de Santiago, en una infancia de convivencia de nieto que despierta a la vida y abuelo que con esfuerzo trabaja para un amo de dehesa extremeña.
* * Juan Tena Benítez, pintor, en 1953, era compañero de trabajo en el Instituto Nacional de Previsión de Badajoz. Subastó un cuadro suyo con el fin de financiar la publicación del primer libro de Luis Álvarez. Juan en 1988 me facilitó numerosa y valiosa documentación para escribir una biografía de Lencero. Hoy el legado de Juan Benítez Tena se conserva en el Centro de Estudios Extremeños de Badajoz.
La estatua rebelde*
ESCUPIMOS los tibios zumideros*, delgado el vuelo con las alas tensas.
Trémulas y engolfadas en la luz se duermen las avispas de los ojos 185
Y los verdes cadáveres de las adelfas húmedas sorprenden.
Los dedos de la sangre exprimen el limón del labio
por donde un hilo de cristal se inicia al borde
Para que estalle el alma.
Un toro cáustico de lumbre se precipita sordo 190
sobre la sucia flor de las camisas.
La tarde es un caballo.
La tarde tiene belfos de saliva.
Y os digo que la tarde es un caballo azul.
Vuelve la dentadura de la lluvia sobre la carne seca. 195
Las frutas de la leche se entreabren para tapar un beso. Llueve.
Pero
El sueño es una piel de párpados podridos.
Dura mucho tiempo el sueño. Más tiempo todavía.
Desconocidamente dulce escarcha. 200
Por eso los sobacos de los muertos sudan yerba.
Pero no importa;
al fin las alambradas sirven de algo,
para colgar el hígado o la lengua,
o acaso la manzana del cabello 205
para que luego el zumo
la mosca sude**
maravillándose las patas y la trompa de un solo trago.
Pero la escarcha sabe a tuétano silvestre.
La escarcha es como un niño de jabón 210
que pide una paloma degollada.
Y luego nace la mañana como un ciervo
comiéndose las hojas de las nubes.
Vuelven a la ciudad las calaveras
habitadas de pájaros sus cuencas. 215
Las rosas maniatadas se desnudan.
Codo a codo las mugrientas latas piden rancho
por una carne,
por un poco de carne
por una bandera de maldita carne 220
para tapar los huesos empolvados.
Soldados de ceniza lavan los fusiles por el canal de alba.
Luego se visten de alacranes las espaldas de la tierra
y las orejas no pueden contener insultos.
Relincha el puente de las cejas verdes, 225
Y el mar
es un quirófano de lirios cancerosos.
Babea el sol de enero una moneda.
Los niños tiran al crepúsculo las ratas
y una bandeja suda pechos de aguardiente. 230
Sigue lloviendo la sangre sobre la yerba.
Los caballos famélicos piafan*** con el estandarte de la pus****.
Mientras
Un agua pensativa y lenta alarga su cerebro transparente.
* Este poema utiliza un léxico alejado de la rosa, incluyendo palabras que los puristas consideran feas como sobaco, escupir.
* Zumidero por Sumidero es forma familiar y coloquial que he oído en diversos hablantes cultos de Extremadura.
** Dude, errata advertida por sude.
*** piafan Recoge un léxico muy técnico que desconoce muchos hablantes urbanitas con el significado de ‘alzar las patas delanteras dejándolas caer con fuerza’: «El caballo piafa al ser frenado bruscamente» (Gambaro Sol [Arg. 1984]).
**** La pus. El uso la voz pus en femenino como en el extremeño coloquial es una manera de identificarse con el habla popular. La DRAE admite tanto en masculino como en femenino. Reconoce que la forma en femenino es la cuota en Chile
Oda al lobo*
DE la espalda del sol y de la espiga 235
donde el ave despeina su melena.
De la luna agachada y de la ortiga,
de los charcos del pus y de la pena,
nace un niño con diente de fatiga:
Carne fresca al mercado y a la hiena. 240
Suda el viento una fosa y un verano.
Un corazón que huele a dentellada,
un nardo sin umbral y sin hermano,
una amapola ahogada
para el perro, la calle y el gusano: 245
Un corazón que viene para nada.
Y avanza el automóvil de la luna
con la lepra del plomo en sus entrañas.
La máquina se preña de aceituna.
De sólo telarañas 250
se alimenta en el hombro de la cuna
fabricando un motor con sus pestañas.
Y crece como un lirio golpeado
de navaja y buitre parricida.
Lleva a cuesta la baba del ganado 255
Y una ametralladora casi hundida
que le escupe un clavel asesinado,
y un alba de cristal recién parida.
Llora el niño un dolor de sanguijuelas,
un dolor de arrastrarse poco a poco 260
un caballo de pólvora y espuelas,
y un látigo de moco
que le tiñe la crin de lentejuelas.
Y el hombre tiene prisa.
no conoce la rosa ni el balido. 265
No ha mamado en la alcoba de la risa.
Tan sólo está podrido.
Tan sólo por las cuencas de los ojos
le florece el sudor de la camisa.
Y la ciudad se viste de bolsillo. 270
Pasan turbios galápagos de cuero
salpicando de sangre y de colmillo
la esquina del dinero.
La muerte vende carne, y su cuchillo
trabaja con la sed del carnicero. 275
Tanta piedad de nube y sementera
para el vientre del número homicida.
Tanto batir las alas de madera
por un mundo de pus endurecida.
Qué triste vomitar una tijera 280
dilatando los charcos de la vida.
Responsable del barro y del piojo
donde el lirio se muere maltratado.
Que arroja el corazón por la ventana.
Que llora maniatado 285
comiéndose la queja de la lana.
Y este hombre con alma de lombrices
acumulando tiempo, pan y nada.
Que no ha visto a la rosa sin raíces.
Que no cuida a la alondra embarazada. 290
Este dios que perfora las matrices,
¡éste!,
Es un lobo que ofende a su manada.
* Este poema es un grito desesperado contra un «dios que perfora las matrices» y es lobo «que ofende a su manada». Lencero recuerda su dura infancia rural y advierte sobre la vida de la ciudad que no conoce ni «la rosa ni el balido» mientras la muerte vende carne. Es un poema lleno de tristeza y angustia existencial iluminado con la luz de sus ingeniosas metáforas.
Evasión azul*
SEÑOR que con tu látigo
Bendices a la oveja. 295
Que por tu mano limpia
come la paja el toro.
Que mulles los tejados
para acostar la luna
y suenas en la espiga 300
Violines de tu Cuerpo.
Señor de las montañas,
del viento y de los peces.
Que sudas las estrellas
como una buena madre. 305
Que tiemblas en los huesos
de los olivos mansos
y empujas al crepúsculo
para lavar al hombre.
Señor de los pulmones, 310
del beso y de la vida.
Que domas con tu labio
los potros del instinto.
Que alumbras a los muertos
con ángeles de nata, 315
pisando tan suave
que el mar no se despierta.
Señor de los silencios
del prado y de las mulas.
Que pones cascabeles 320
junto a la voz del niño.
Que das con tu saliva
palmadas en los ojos,
y brillas como un cáliz
de lágrima encarnada. 325
Señor de los domingos,
del pueblo y de la hormiga.
Que cierras tu ventana
para no darte cuenta.
Que hueles a la rosa 330
con distraído pulso
y llevas en tu hombro
los pétalos del tiempo.
Señor de la tormenta,
del copo y de la calle. 335
Que soplas la ceniza
para inventar un nardo.
Que olvidas a la piedra
besando su cornada
y toses en la pluma 340
la forma para el vuelo.
Señor de la madera,
del pan y de la fuente.
Que llamas a los pájaros
con trigo de rocío. 345
Que dices que no es nada
cuando te deben algo
y siempre en tus mejillas
florecen amapolas.
Señor de los caminos 350
donde se pudre el hambre.
Que pones en la vaca
la leche de la hierba.
Que peinas tus cabellos
con soles que te siguen 355
y nadie te saluda
porque les da vergüenza.
Señor de los viñedos,
del tuétano y la alondra.
¡Qué delicado y hondo 360
tu látigo de espuma!
Me habito tan pequeño,
tan áspero y tan mudo,
que mi campana escupe
carne de polvo y nada. 365
* Este poema de Lencero es una oración que se anticipa a la literatura religiosa del Concilio Vaticano II que se divulgó en los años sesenta en editoriales religiosas. Es un año anterior a Quoist, Michel (1954). Oraciones para rezar por la calle. 207 pp. Salamanca: Ediciones Sígueme. ISBN 84-301-0157-8.
En este poema está el germen de su último Poemas para hablar con Dios.
Luis Álvarez Lencero
9 poemarios en vida
1953-1982
1. El surco de la sangre. 1953. 365 versos.
2. Sobre la piel de una lágrima (Dos ediciones, 1957). 565 versos.
3. Hombre. 1961. 784 versos.
4. Tierra dormida. 1969. 314 versos.
5. Juan Pueblo (Dos ediciones, 1971 y 1982). 1.071 versos.
6. Canciones en carne viva. 1973. 561 versos.
7. Carpeta Homenaje a Extremadura. 173 versos.
8. Poemas para hablar con Dios. 1982. 1.398 versos.
9. Humano. 1982. 993 versos.
Edición, introducción y notas
de
Antonio Viudas Camarasa
Supervisión digital:
Rosa María Lencero Cerezo, sobrina nieta de Luis Álvarez Lencero
Documentación y hemeroteca digital:
Carlos Baena García.
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