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2019 10 25

Cartografía sabática

Por Carlos Tristancho

 

Carlos Tristancho

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Miembro del Comité Científico Técnico de MANUEL PACHECO CONEJO CIEN AÑOS DE SU NACIMIENTO 2020 OLIVENZA-BADAJOZ

 

Fueron muchos los aventureros, que dedicaron y arriesgaron sus vidas, en el afán de descubrir parajes recónditos y luego trazar mapas sobre aquellos territorios. Hace tiempo, este mundo agotó sus lugares desconocidos y de inmediato el hombre, se pegó al telescopio a la búsqueda de nuevas estrellas, galaxias u otras formas de vida.

A mi, sin embargo siempre me apasionaron otros paisajes, los humanos… llenos de enigmas y de una profundidad infinita.Capaces de provocar sentimientos que arrastrarian, al más fuerte, a los abismos que hay allende las fronteras de la razón o emocionar tanto o más que el aroma que desprende la tierra, mojada y excitada por una tormenta de verano.

El paisaje humano al que voy a referirme, es al de la tertulia de Esperanza Segura en los setenta y pondré particular atención, en el más humilde y poético accidente, de esta insólita geografía que dibujaré con palabras a lo largo de una crónica fracturada en el tiempo.Me refiero a Manuel Pacheco, poeta de luces y sombras, jardinero de palabras, amante fiel de sus ideas y visionario de lo invisible.

Badajoz en aquellos años, de menos información y más cultura, era la ciudad de los humanistas.Las tertulias se repartían por la geografía de la ciudad en abundancia… las del casino, la Marina, el Águila, Colón, la de la Sociedad Económica de Amigos del País…, pero de entre todas ellas, prevalece con nitidez, en ese rincón de mi memoria donde habitan los recuerdos selectos, la de los Sabáticos, la que tenía lugar en una casa de la calle López Prudencio, persona, en honor a la cual y a otros hechos que en ella acaecieron, bien podría llamarse “Calle de la nostalgia”. Allí a mediado de los setenta, abrieron José y Mariano “el gordo»“ la librería Crónica y en un cuartucho al fondo alojó Antonio Cosme Covarsí su primera tienda de LPs y Singles que ya tituló Ítaca, pero no abriré este paréntesis porque no sabría cómo cerrarlo. Flanqueada por aceras estrechas discurre entre dos plazas San Andrés y San Juan, aunque ninguna de las dos se llame oficialmente así, sino de Cervantes y España, al punto que la primera, popularmente, la apodan la Plaza de las Tres mentiras. Alrededor de ella transcurrió mi infancia al tiempo que se iniciaban las tertulias de la primera generación, en casa de la hija de Enrique Segura Otaño y la hermana de Adelardo Covarsí, el pintor que arropaba con su mirada, cada día, al sol del atardecer antes de que se quedara dormido, en la piel del río.

Todos los sábados acudíamos a aquella cita, paisanos de Badajoz de distintas generaciones y allí compartíamos inquietudes culturales y artísticas. Aquella convocatoria evocaba el mito de Pandora. El saloncito donde nos reuníamos era la caja que guardaba los regalos de Júpiter a los hombres y la Esperanza, nuestra anfitriona.

Allí conocí y disfruté de la poesía y humanidad de Manolo Pacheco, siempre lo recordaré asociado al azul saudade, al blanco cumulus nimbus de su cabellera y al color de la sonrisa amable de su inseparable Manuela.

Inolvidable aquella tarde, cuando entre cuento y anagrama resuelto del fiscal García de Pruneda o algún comentario del archivero de la catedral Carmelo Solís, del pintor Vaquero Poblador o Pedraja o Cansinos o Teresa Viniegra o el Bollo o Carlos Espada o algún olvidado… vete a saber, inolvidable digo las acrobacias que lograron hacer en medio de aquel aire viciado, la belleza de las palabras que componían “un poema para estrechar la mano de tres jóvenes”( Pedro de las Heras, Josechu Martínez y M.Carlos D. Tristancho) con el que Pacheco respondía tratándonos de triangulo de luz, a unos haikus que previamente le habíamos dedicado a él.

Viene a colación sobre mi siguiente reflexión,un relato que escribí hace tiempo titulado “Anatomía del dolor y el Amor”. En él narro un capítulo familiar acaecido durante la guerra civil:
Cuando se llevaron detenido a Ramón, el padre de la tía Virtudes, para fusilarlo, siendo como era republicano intercedieron por él hasta las más significadas e influyentes personas del bando nacional, argumentando en su defensa que era un hombre bueno, a lo que sus verdugos respondieron: Sí , es verdad, pero su pluma hiere como una espada
y lo mataron…
y es que los escritores a veces ofenden,
la belleza … hiere
y algún poema, mata…
pero no mata al hombre,
mata su ignorancia,
su codicia,
su cobardía,
su arrogancia…
pues bien,
Manolo era un francotirador,
que disparaba con luz
y su arma , la poesía.

Por último, me vais a permitir que cuente un capítulo acerca del poeta , que sucedió en la guerra y que probablemente conoceréis porque al igual que a mí, le gustaba contárselo a todo el mundo, pero sobre todo lo elijo como epílogo de esta pequeña semblanza, porque retrata a la perfección a su persona.

Manolo se desplazaba a lo largo del tiempo que sirvió en la contienda, arrastrando un cajón muy pesado, que los compañeros al conocer su procedencia extremeña, suponían lleno de manjares de la tierra, chacina, quesos, garbanzos, etc , por lo cual todos se apresuraban a ayudarlo en su tarea, imaginando que en agradecimiento algún día los compensaría. Cuando en uno de los desplazamientos la caja se abrió por accidente y comprobaron que solo contenía libros, se enfadaron con él, al igual que el sargento, cuando descubrió que en lugar de balas llevaba velas en sus cartucheras.Manolo describió esta situación con una belleza poética exquisita.
!!! Soldado !!!, dijo el sargento
⁃ tus cartucheras no pesan.
⁃ No llevo balas de muerte, llevo velas.
El crepúsculo de Oyartzum, encendía estrellas.

Posdata a la cartografía:

A la lecturad relato, como sobremesa del desayuno,arropados por las faldas de la mesa camilla y al calor del brasero y la familia, mi madre comenta. Yo era muy amiga de Adelita, la nieta de Lopez Prudencio, me acuerdo bien del matrimonio, la abuela vestida de negro muy arrugadita y él también muy mayor era de estatura mediana, más bien bajito. Vivían en una casa con mirador, que creo recordar estaba en la calle de las zarzas. Por cierto este señor era amigo de tío Ramon el padre de Virtudes.

 

Recibido: [16:09, 25/10/2019] Carlos Tristancho: Cartografía sabática

Publicado en dialectus.es: [21:06, 25/10/2019]

 

Citar como Carlos Tristancho: Cartografía sabática dialectus.es

URL: https://dialectus.es/carlos-tristancho-cartografia-sabatica-homenaje-manuel-pacheco-2020/

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