en ACTUALIDAD, Barcarrota, PACHECO 2020

Actualizado 2020 10 27 15:43

Cándido Vicente Calle

en

MANUEL PACHECO

EN BARCARROTA

7/8 N 2020

Cándido Vicente Calle

Manuel Pacheco, evocación del paisaje

SÁBADO 7 N 2020

JORNADA DE MAÑANA

11:00h. SESIÓN TÉCNICA


MESA REDONDA–DEBATE –1. Manuel Pacheco: Filosofía, naturaleza e historia

  • Lugar: Parador Palacete de Santiago. Calle Badajoz, 31, 06160 BARCARROTA, Badajoz). 38°30’54.6″N 6°51’01.6″W
  • 2. Manuel Pacheco: Evocación del paisaje. Cándido Vicente Calle. Ex-docente de biología. IES Bioclimático. Badajoz

Curriculum vitae

Miembro de la Sociedad Científica de Mérida.

Profesor de Secundaria, en la especialidad de Biología y Geología, durante 30 años. Colaborador del Área de Ecología de la UNEX, donde he participado en diversos proyectos científicos, destacando los relacionados con el paisaje extremeño, especialmente la dehesa y su problemática.

Fotógrafo aficionado, con especial predilección por la fotografía de paisaje, flora y fauna. Miembro de AEFONA (Asociación Española de Fotógrafos de Naturaleza). Mención honorífica en el concurso fotográfico de la Royal Society en 2019

 

Resumen

Manuel Pacheco, evocación del paisaje

Cándido Vicente Calle

Barcarrota, 7/11/2020

Sentado en la butaca del crepúsculo un

hombre contemplaba la catedral de un río.

 

Mi intervención en este homenaje a Manuel Pacheco en su centenario consistirá en una visión de su poesía   desde un punto de vista paisajístico, tratando de ilustrar con imágenes las emociones que han resurgido en mi memoria al leer los versos en los que rinde tributo a la naturaleza y especialmente a “sus” paisajes.

Si bien el paisaje, de forma muy genérica, se puede definir como cualquier espacio constituido por una serie de elementos físicos y biológicos (naturales o no) que le proporcionan unas características muy concretas, hay que considerar que la percepción de esta realidad por el observador es un elemento esencial, que le otorga una importante carga subjetiva. Y es este aspecto el que adquiere especial relevancia cuando el poeta lo describe o utiliza.

A pesar de que el paisaje no es un elemento primordial en la obra de Pacheco, sí encontramos bastantes poemas en los que el elemento central son los lugares que protagonizaron momentos muy importantes en su vida, como la ciudad de Badajoz y, sobre todo, su río, el Guadiana.

Por otra parte, he podido hallar un buen número de menciones a elementos paisajísticos de todo tipo, que utiliza para expresar emociones y sentimientos, desde una nube al mar, o desde una calle estrecha de la ciudad antigua a los colores del otoño.

La idea de ilustrar con imágenes los versos seleccionados proviene del hecho de que he recorrido y fotografiado muchos de esos paisajes comunes, de manera que a medida que descubría alusiones, vivencias de elementos paisajísticos o usos metafóricos de los mismos, he ido evocando mis recorridos por algunos de esos espacios concretos y mis vivencias inolvidables en ellos. Así, he extraído aquellos versos que me han hecho recordar esas experiencias y algunos que, de forma sorprendentemente precisa, me hicieron pensar en aquella foto concreta que hice en ese momento.

TEXTO ONLINE en PAPERS / ESCRITORIO.

Recibido y editado 2020 10 27

Manuel Pacheco, evocación del paisaje

Cándido Vicente Calle

Sentado en la butaca del crepúsculo un
hombre contemplaba la catedral de un río

En primer lugar, debo agradecer a Antonio Viudas Camarasa su insistencia en mi participación en este evento. La idea de descubrir las referencias al paisaje en la poesía de Manuel Pacheco me pareció un reto interesante, a pesar de apenas conocer su obra. O tal vez gracias a ello, porque ha sido una oportunidad, que agradezco enormemente, para sumergirme en la lectura de este autor, que me ha sorprendido muy gratamente. El tópico de ser un poeta  eminentemente social se ha roto.  Me parece que es un escritor imposible de clasificar. He descubierto en él un profundo amor y respeto por la naturaleza, en particular de nuestra tierra.

¿QUÉ ES EL PAISAJE?
¿Qué es el paisaje? Ésta es una cuestión muy compleja y difícil de responder de una forma precisa, ya que incluye muy variados elementos y puntos de vista altamente subjetivos. Así, su definición será muy diferente según se enfoque desde la geografía, biología, filosofía, pintura, etc.

De forma muy sencilla y general, podemos llamar paisaje a todo espacio constituido por una serie de elementos físicos y biológicos (naturales o no) que le proporcionan unas características muy concretas. Sin embargo, la percepción de esta realidad por el observador es un elemento esencial de todo paisaje, que le otorga una importante carga subjetiva, en la que destaca el componente cultural, de manera que la forma en que cada individuo percibe el paisaje se basa en su experiencia vital previa y sus vivencias en el mismo.

Si bien no es muy frecuente en Pacheco utilizar los paisajes o la naturaleza en general, como elemento central de sus poemas, sí dedicó algunos a los lugares que han sido especiales en su vida, esencialmente a Badajoz y, sobre todo, a su río, el Guadiana.

 

PAISAJE Y NATURALEZA EN PACHECO
Además, es posible encontrar un buen número de menciones a elementos paisajísticos de todo tipo, que utiliza para expresar emociones y sentimientos.
En consecuencia, cuando me pareció que iba a resultar complicado reunir una mínima cantidad de alusiones paisajísticas, finalmente el problema ha sido tener que seleccionar entre los numerosos versos que me han cautivado y no poder incluir en esta ponencia muchos de ellos.

Ya que he recorrido y fotografiado muchos de los paisajes que Pacheco menciona en sus poemas (considerando como paisaje no sólo el espacio, natural, rural o urbano, sino también los elementos que lo singularizan en un determinado momento), a medida que he ido leyendo sus poemas y descubriendo alusiones, vivencias de elementos paisajísticos o usos metafóricos de los mismos, he ido evocando mis recorridos por algunos de esos espacios concretos y las experiencias inolvidables vividas en ciertos lugares y momentos.

Así, he escogido para esta intervención principalmente aquellos versos que me han hecho“ revivir” de nuevo esos episodios, sobre todo algunos que, de forma sorprendentemente precisa, iluminaron el recuerdo de la foto que surgió como consecuencia de ello (pensando en una fotografía como un
proceso observación, reflexión, planificación y ejecución).

Por este motivo, decidí acompañar la lectura de estos fragmentos con esas imágenes que creo pueden aportar un apoyo visual a la poesía de Pacheco.

 

 


En primer lugar, quiero destacar los versos con los que he iniciado este texto, en los que el poeta enfatiza una sensación que frecuentemente nos producen ciertos paisajes, como es la de estar contemplando un monumento que es dinámico, cambiante según los momentos del día o las estaciones:

 

Sentado en la butaca del crepúsculo un

hombre contemplaba la catedral de un río

 

 

 

 


En cuanto a lugares concretos, desde la dehesa hasta el mar encontramos referencias a paisajes que en algún momento conoció y percibió como singulares, bien por el entorno, algún elemento especial, la magia de un instante o una experiencia vivida allí.

 


Las menciones a los paisajes de nuestra tierra se encuentran con mayor frecuencia en poemas dedicados a muchos de sus amigos, como iremos comprobando.
Este, dedicado a Juan Luis Cordero, retrata la esencia de Extremadura, el sol y la encina, seguramente los protagonistas más representativos de nuestro paisaje:

No te pudrirá el silencio.
Extremadura canta mi verso
de sol y de cigarras.
Tu alma como la encina
bandera de tu patria
ruda y dulce,
cantando a la esperanza.
A la muerte del poeta Juan Luis Cordero

 

 

 

 

 

 

 


También recuerda, en estos versos dedicados a su amigo Antonio Viudas Camarasa, un espacio singular, los Barruecos, un caótico bosque de bolos graníticos de formas singulares originado por los agentes geológicos externos:

 

Las rocas de Malpartida
son un bosque de esculturas.
Viven el sol del paisaje
con resistencias de acero.
Se levantan hacia el cielo
y el crepúsculo es su encaje.
Las rocas de Malpartida

(A mi amigo Antonio Viudas Camarasa…)

 

 

 

 

 

 

 


De su localidad natal, Olivenza, recuerda el simbolismo del puente Ajuda, cuyos restos permanecen como un monumento al recuerdo de tristes sucesos históricos:

 

Está el recuerdo, la fotografía
de un poema dormido en tu corriente,
historia de una lucha, sangre ardiente,
mapa dormido en la melancolía
Insoneto para recordar al puente Ajuda

 

 

 

 

 

 

 

 

 


El mar también está presente en algunos unos pocos fragmentos de su obra, como en estos versos que ilustran la melancolía asociando el crepúsculo, la agonía del verano y el final de unos momentos felices:

 

El mar y tú, mi soledad, tu mano.
No digas que la luz está muriendo,
La espuma de la ola está lamiendo
los últimos latidos del verano.
Insoneto del recuerdo (A Fiona Mac Donald Hull, en la noche de Cádiz)

 

 

 

 

 

 

 

 

 


La luces del alba y del crepúsculo modelan momentos inspiradores, especialmente sugestivos para todo el que es capaz de emocionarse con detalles que por habituales suelen pasar desapercibidas para mucha gente. Pacheco glosa estos instantes irrepetibles de cada día frecuentemente. Por ejemplo, ese breve lapso en que el cielo comienza a iluminarse, antes que el sol asome por el horizonte:

En el paisaje del suspiro
se tensan las campanas de la aurora.
El sueño de la brisa
va tocando los nidos de la noche
para que salte al vuelo la luz.
Despertar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


También las luces del ocaso le inspiran con frecuencia, siempre asociadas a melancolía:

Muere la tarde entristecida
sobre los árboles marchitos
y está el crepúsculo llorando
con una pena de chiquillo.
Crepúsculo otoñal (alcazaba de Badajoz)

 

 

 

 

 

 

 

 

 


He descubierto algunas hermosas alusiones a elementos concretos del paisaje, que incitan a la reflexión al tiempo que te hacen incluso esbozar una sonrisa ante su sencilla y afortunada simbología. Como ejemplo, veamos su descripción de una nube:

 

Una montaña de espumas
en el azul impalpable.
El capricho de un pintor
que dibujaba en el aire.
Para nombrar una nube

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Los mismos paisajes cambian, a veces de forma radical, según las estaciones. Estos hermoso y también sencillos versos me han hecho recordar el agua que corre en los rápidos y los carámbanos que se forman en las más crudas madrugadas del invierno:

 

El agua es una gacela
perseguida por un perro.
Un arquero de cristal
la ha convertido en enero.
Villancico: el agua

 

 

 

 

 

 

 

 

 


La dehesa en primavera es un espectáculo de luz y vida:

Bajo el encinar,
la conquista del sosiego,
decir aquí ¡hasta luego!
es como mirar el mar.
Primaverar el estío

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Los asfixiantes veranos de Extremadura hacen evocar a Pacheco la tierra sedienta, las plantas agostadas, como me ocurre cuando recorro sus campo y experimento las sensaciones que expresa en estos versos:

Ha venido el verano
como una mano inmensa
aprisionando el corazón de la brisa,
tapando con alas de bosque calcinado
la boca de la lluvia,
poniendo en la copa de la tierra
las páginas sedientas del polvo que se asfixia.
Verano de Badajoz

 

 

 

 

 


El otoño está presente también en muchos momentos de la poesía de Pacheco, que siempre evoca con melancolía:

El otoño es un cáliz donde duermen las rosas,
donde la flor del agua tiene aromas de fiebre.
Otoño es una lluvia que lloran los jardines
cuando el ángel violeta suspira entre la nieve.
Jardín y otoño

 

 

 

 

 

 

 

 

 


En cuanto a los paisajes de ciudad, Pacheco describe en varios poemas estampas urbanas, aunque en la mayoría de ellas se inspira en su paisaje urbano más inmediato. Sirvan como ejemplo estas sensaciones que nos transmite sobre su ciudad, que se materializan en este “olor de Badajoz”:

Badajoz huele a pétalos de sangre,
a río sin dormir, a abrazos de barqueros,
a corazón de tierra llevada sobre el hombre,
a palmeras en llamas y a postal de crepúsculos,

 

 

 

 

 

 

 

 

 



a historia derruida
en los huecos que dejan sus murallas
y a crimen de automóvil
en sus calles estrechas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 


y a luna de plenilunio tocando
el polvo azul de la Alcazaba.
Badajoz huele a páginas en blanco
para escribir la luz de Extremadura.
Olor de Badajoz

 

 

 

 

 

 

 

 


Sin embargo, no olvida recordar las miserias de algunas zonas, los lugares nada bucólicos por el abandono de sus calles o sus gentes, que también merecen su atención como poeta, aunque a algunos pueda parecer inadecuado:

Si habla el hambre no existe primavera,
los suburbios te dan otros olores.
Nos ha jodido mayo con las flores.
Este refrán nos viene de primera.
Si el poeta poema la esterquera
se enfadarán los límpidos señores,
pues la poesía quiere ruiseñores
para cantar la vida de primera.
Insoneto de las flores

 

 

 

 

 

 

 


Pacheco fue un gran admirador de algunos de los más importantes pintores extremeños de su tiempo, especialmente Vaquero Poblador, Adelardo Covarsí y Ortega Muñoz, a los que dedica poemas, que expongo aquí por tratarse de pintores cuya obra tiene un importante componente paisajístico. De los “Poemas para leer la pintura de Vaquero Poblador” extraigo este fragmento en el que reivindica su estilo pictórico:

¿Que me gustan los paisajes de mi amigo?
¿que esos colores no los da la naturaleza?
¿que esos árboles no los da el campo?
¿que esas montañas no son de la tierra?
¿usted no sabe que la realidad
es más fantástica que todas las fantasías?

 

 

 

 

 

 

 

 



el artista no fotografía,
recrea lo creado,
vuelve a copiar la esencia de las cosas.
Poema en forma de pintura

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Muy sugestivos resultan los versos en los que recrea la crudeza de los paisajes extremeños representados por Ortega Muñoz:

No te importa la gente,
la gente no comprende tu expresiva belleza,
tiene miedo de tus crudos paisajes
y quiere un árbol dulce
con blancos ruiseñores y tibias primaveras


Extremadura vive en la pintura
de tu ruda paleta
Oda a Ortega Muñoz

 

 

 

 

 

 


En su poema dedicado a Adelardo Covarsí, ensalza la maestría del pintor al representar los paisajes de Extremadura y sus cielos iluminados por las luces del alba y el ocaso:

Las llanuras extremeñas
lloran por tus pinceles.
Tus manos han captado sus flechas deshojadas,
esas honduras de un cielo
que se cansa y se cansa.


El crepúsculo sabe
de tu color sonoro,
las encinas te sueñan,
los cazadores callan…
En la muerte del pintor extremeño don Adelardo Covarsí

 

 

 

 

GUADIANA
El río Guadiana ha sido siempre un eje vertebrador para la ciudad de Badajoz, el elemento fundamental del paisaje y la vida de los pacenses a lo largo de toda su historia.
Igual que ocurre en otras ciudades surcadas por grandes ríos, el Guadiana se ha convertido en su elemento paisajístico más importante, que le otorga una personalidad especial y diferente. Además, sus orillas, agraciadas con una flora y fauna especialmente ricas, han sido el principal centro de ocio y recreo para los pacenses durante siglos (a pesar de haber sufrido un abandonado injustificado).
No resulta extraño, por tanto, que para Pacheco sea el epicentro de su paisaje personal, su referencia geográfica y el paisaje por excelencia en su poesía, pues evidencia en numerosos poemas su conocimiento desde muy joven de sus parajes y recovecos, de modo que no parece aventurado afirmar que es el lugar donde vivió algunos de los momentos más felices de su vida.
Eso lo transmite con intensidad en muchos pasajes de su obra.
Hasta tal punto fue estrecha su relación con el río que lo personaliza en femenino:

Mi río tiene nombre de mujer
y se llama Guadiana


Y le escribe versos plenos de amor, como estos que extraigo de su canto al Guadiana:

 

Tu piel es como un libro
cuando se lee en la cama

Tu piel de paño líquido,
de sábana de fuente liberada,
de hamaca azul con fuentes de rocío
para dormir el sueño de las aguas

Porque te quiero entera
te digo estas palabras
Canto al Guadiana

 

 

 

 

 


En sus “Canciones de verano” describe el río de un modo entrañable:

 

Las caderas del río
tienen faldas de ranas.

Líquida lagartija de caminos
su lengua iba poniendo
latidos de frescor
en las plantas quemadas

Un río no es un río.
Es paso de nieve azul
herida por la tierna libélula del aire.
Una lágrima o beso para el puente
con ovillos de sal en las pestañas.
Un paisaje caído de la mano

Un río no es un río,
Es una ceja de agua
Que llena de estrellas el suspiro
Me pesan las paredes (de “Canciones de verano”)


Recuerda con especial cariño y sensibilidad sus baños en los charcones que se formaban en distintas zonas del río:

La ciudad queda lejos.
El río como un pájaro
me late entre las manos.
Mi cuerpo se desliza
como junco de corcho,
como luz sin peso
de un astro de libélula,
como un punto suspensivo
en la plana del aire.
Paisaje de río

 

 

 

 

 


La isla de los monos, uno de los parajes preferidos para sus paseos y baños en compañía de sus amigos, es recreada en esta carta a su gran amiga Esperanza Segura Covarsí:

Te escribo en una isla que sabe de tu cuerpo
donde el agua se tiende con sus manos de seda.
Hay

 un rumor azul de flechas vegetales
y camas de nenúfares para dormir la siesta

Te escribo una carta de río.
El agua me ha prestado un sauce de alma nueva.
La mañana es un niño dormido en un regazo
y escribo en la isla mi carta de poeta
Carta a mi amiga Esperanza

 

Con esto termino, con la pena de no haber podido incluir más fragmentos, pero con la sensación de haber colaborado humildemente a ensalzar su figura como poeta universal en este homenaje



Manuel Pacheco en Barcarrota 7/8 N 2020

(Homenaje a Extremadura 2a. edición)

 

 

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