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2016 11 09 5:44h. Antonio Viudas Camarasa

Delantal

8/11/2016 10:13 PM: –Para animarte, en tanto trabajo. Un abrazo, jm [adjunta foto cuadro]

8/11/2016 10:47 PM: –Para que no te vayas a dormir sin leer. Antonio [adjunta documento Word]

9/11/2016 1:52 AM: — Formidable. Acabo de terminar su lectura. He aprendido muchísimo y he conseguido, por vez primera, perseguir la biografía completa de ZV. Y enhorabuena y satisfacción por tu equilibrio en la información. Tu esfuerzo ha valido la pena. Una verdadera aportación. JM

Os doy a leer mi papers. Mi escritorio está lleno de emails, borradores de programas, invitaciones aceptadas, excusadas sin excusa creíble, sin contestar.

Esta llena del ciberespacio con un ordenador que a las ocho de la tarde no tiene internet porque alguien debe aprovecharse de mi wifi a esas horas de videojuegos infantiles antes de la cenita de los niños, que pueden llegar a ser otra generación mejor preparada si a partir de este 2016 se ponen las bases para una reforma intelectual de la enseñanza en todos sus niveles y superar la etapa de sucedáneos que hemos tenido que soportar desde la transición, donde las leyes sucesivas han convertido la universidad española en un gran almacén de burocracia sin archiveros que la registren.

Donde priva más lo de que hay de lo mío que el bien común y el respeto a las leyes y a la igualdad de todos ante la investigación, donde los grupos de poder superan las trenzas de un país de cuyo nombre no quiere acordarme, donde nuestros alumnos y nuestros profesores están siempre pendientes del curriculum engordandum en vez de leer e ir a las fuentes, donde la brillantez intelectual parece que depende del título de la tarjeta de visita más que del tener una cabeza bien amueblada. Donde la miseria del hombre se traduce en ignorancia del otro y donde casi todo el mundo no ha roto todavia el cordón umbilical de la dependencia del grupo en que se sustenta.

Pues después de este delantal os dejo si os atrevéis con la lectura de mi papers, manifiestamente mejorable, porque entre todos hacemos todo decía nuestro maestro Alonso Zamora Vicente. Aquí están los posos de todos los que han escrito sobre el autor. Debo mucho a las manifestaciones recogidas por Mario Pedrazuela, que tuvo la suerte de ser el depositario confidente de un Alonso Zamora Vicente –que retirado en la soledad de La Granjilla, añorando las ausencias y las visitas de los pidefavores– tuvo la suerte de contestar a las preguntas que tantas veces le hicimos y que por prudencia y supervivencia nunca respondió estando en activo docente y militante académico en la digna función de Secretario Perpetuo, cargo que bien llevado en la Academias aseguraba la permanencia de la Institución que es heredera de lo bueno francés.

Ante la historia de estas  instituciones que se rigen de nuevo por grupos de poder, la perpetuidad en el puesto hizo posible que nuestros exiliados permanecieran en su sillón sin ser destituidos. Una nueva ola impone cambios de estatutos para perpetuarse en sucesivas elecciones democráticamente muñidas, donde cómputo de votos equivale a cómputo de poder y cuando el cómputo no completa las cuotas de poder este se transforma en despoder y desgobierno. La sociedad civil naufraga de nuevo en la polis y tiene que levantarse del lodo. Entre todos los conseguiremos.

Os agradecería que si me podéis aportar datos me los facilitéis para mejorar lo iniciado y construir con vuestra ayuda un visión salvadora de la universidad española, que bastante lo necesita.

Tengo datos que confirman lo que acabo de aseguar. Pero prefiero que leáis un documento base que a pesar de los eleogios de JM todavía necesita de más fuentes para saber de dónde venimos para reflexionar sobre dónde estamos y poner los medios para mejorarnos.

Cuán necesaria es en estos momentos implantar de nuevo una asignatura de urbanidad, con contenidos para saber comportarnos mejor todos en la urbe, en la polis, donde ciudadanos y pol-íticos arrimemos el hombro para mejorar el auténtico nivel cultural del país, no aumentar el número de titulados con titulitis.

Y termino porque en la sociedad civil sólo se puede opinar cuando te dejan hacerlo y en el medio que te permiten. Un nuevo horizonte se vislumbra con la nueva generación de intelectuales que tienen que dar las pautas para que el rumbo de la nave no escore como en otros momentos de la historia de España ha sucedido.

Este homenaje solidario a Alonso Zamora Vicente es, ha sido y será un punto de arranque para analizar la historia y la intrahistoria de la filología hispánica unida a los aciertos y fallos de la historia de nuestro país.

6:17 horas. Faltan dos días para la inaguración del ITINERARIO ARTÍSTICO LITERARIO ALONSO ZAMORA VICENTE. 2016. CIEN AÑOS DE SU NACIMIENTO. A las once rueda de prensa para anunciar el evento. ¿Tendrán los mass media un hueco para la cultura? Lo veremos y comprobaremos en breves horas.

ALONSO ZAMORA VICENTE. EL HABLA DE MÉRIDA Y SUS CIRCUNSTANCIAS

Acercamiento a  “El habla de Mérida y sus cercanías” (1943, 1982)

Por Antonio Viudas Camarasa

Real Academia de Extremadura

Escribo un delantal a la tercera edición de «El habla de Mérida y sus cercanías». Aprovecho la forma literaria que aprendí del escritor extremeño Manuel Pacheco: el prosema. Género literario inventado por el poeta autodidacto. En el prosema cabe todo, narración, juicio, perspectiva, datos, biografía, libros, opiniones… sin necesidad de notas a pie de página ni florituras eruditas. No es un ensayo, aunque lo parezca. Además de fijarme en el primer libro zamoriano me detendré en algunas circunstancias de su vida y obra poliédrica.

Considero el discurso de investidura de doctor honoris causa de Alonso Zamora Vicente  por la Universidad de Alicante el 15 de marzo de 2002 como el testamento literario público dirigido a los discípulos y amigos que le acompañamos. De este testimonio contamos con soporte en vídeo y en texto en la red, consultados el 15 de octubre de 2016. Zamora plantea el discurso como una autobiografía de urgencia que veo como su última voluntad de docente, investigador y escritor. En el aula alicantina, con 86 años recién cumplidos, siente  su misión realizada y  deja a los jóvenes universitarios su legado. Repasa momentos de su vida: He pretendido tan solo decir a los jóvenes que se sueñan investigadores, obreros en agraz de la ciencia o del espíritu, que siempre tendrán materia para explorar. Medita sobre lo efímero de los resultados de la investigación científica, sujeta a modas y metodologías. Muestra conciencia de sucesión de generaciones en el estudio de las cosas que conforman la estructura social de la que el hombre es el centro. Las cosas son vida cambiante en el quehacer investigador. Lo nuevo pronto se hace viejo ante el empuje innovador y renovador de la juventud: De los escombros de lo viejo surge, arrogante siempre, una voz juvenil. Hay que escucharla. Os deseo que no perdáis nunca la satisfacción del trabajo bien hecho y que, entre todos, sigáis ensanchando el contenido y el prestigio de la Universidad.

En 1940 se inició como investigador en Mérida. Desde esa ciudad  mandó a la imprenta los primeros resultados. Mérida fue el punto de partida de una larga vida comprometida con la ciencia y la sociedad. Paso a redactar algunas secuencias cinematográficas de la copiosa actividad y situaciones en que estuvo involucrado en sus noventa años de existencia.

1916-1925. INFANCIA Y EXAMEN DE INGRESO

Alonso Zamora Vicente nace el 1 de febrero de 1916 en el número 10 de la Plaza de la Cebada en el barrio madrileño de La Latina. Es un edificio de líneas racionalistas. Desde el balcón de la casa se divisa el paisaje urbano,  la Plaza de los Carros, el mercado, el emplazamiento de los  desaparecidos Humilladero y Puerta de Moros, la cúpula de la parroquia de San Andrés y  el convento de San Francisco el Grande. Desde las ventanas traseras del edificio se oberva el Madrid norte de la Cava Alta, con posadas para carros,  la falda de la Plaza Mayor y a lo lejos el mercado de San Miguel y las torres de varias iglesias.  El bloque de pisos de alquiler ocupa el antiguo solar que perteneció a Beatriz Galindo La latina, profesora de gramática  de la Reina Isabel.

El niño Alonso crece en contacto con los habitantes de una casa de vecinos con bajos comerciales, un principal en el que habitan las gentes más acomodadas y los más altos con sólo ventanas, ocupados por inquilinos menos agraciados. Ramona, la portera, Eloísa, la del tercero, Cosme y doña Celes con escuela privada  en  el  segundo, Jesús, agente de seguros. Vecinos inmortalizados en Primeras hojas.

Alonso crece en un barrio lleno de historia local. Sus primeras letras las cursa en el Colegio Español Francés de sesgo institucionista según sus propias declaraciones. Camilo José Cela recuerda que en ese colegio estudió Pedro Salinas: En la calle de Toledo, ya en los soportales, funciona uno que se llama pomposamente Colegio Español Francés. Estaba situado en el número 5 y se regía por enseñanza colegiada, al cuidado de SJ (Societas Iesu, sociedad de Jesús) según he comprobado en el expediente de Salinas. Zamora con nueve años aprueba el examen de ingreso en el  bachillerato en el Instituto de Enseñanza Secundaria y Técnico San Isidro, sito en el antiguo Colegio Imperial.

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Alonso Zamora Vicente. 1925

El estatus social al que pertenece es el de clase media con criada, Dorotea,  y huerto con alpende de fin de semana en Campamento. Su padre, Alonso Zamora Bueno, participó en la Guerra de Filipinas (Cavite) y después se instaló de militar en el archivo del Ejército. Procedía de una familia de campesinos de las vegas del Júcar, El Carrasco, situado entre Tarazona de la Mancha y La Roda (Albacete). La tarde anterior al homenaje alicantino (2002) visité esta zona y comprobé la fertilidad de esas vegas. Le saludamos al día siguiente y le comenté mi visita y muy enfadado me comentó: no quiero saber nada de esas tierras. José María Galán, María Antonia Fajardo y yo nos sorprendimos ante tal reacción. Fue la primera vez que le vi enfadado. Deduzco ahora que no quería recordar el incendio de un pinar familiar provocado por unos vecinos conflictivos.

Asunción Vicente, su madre, fallece cuando él tenía seis años. Este  hecho  condicionará su infancia al contraer su padre segundas nupcias con la albaceteña María de los Llanos y convivir con una madrastra que no le dio el afecto que necesitaba. Infancia marcada y acompañada por sus hermanos mayores (Miguel, Elisa, Fernando y Paco) y su padre, acrecentada con Rosa y Cristóbal, hijos del segundo matrimonio paterno. Cuando termina el bachillerato sus hermanos le obsequian con un sello de oro que le será muy útil en momentos difíciles al término de la guerra civil. Su hermano Miguel estuvo en el ejército blanco y Paco en el rojo. Los dos hermanos  pequeños, Paco, siete años mayor,  y Alonso compartirán desde la niñez juegos, sesiones de cine y veranos en las vegas del Júcar.

La niñez y la primera infancia las ha descrito en fábula autobiográfica en Primeras hojas (1955, 1985) y Examen de Ingreso (1991). Aprovecha la técnica de Joyce en Retrato de un artista adolescente, que leyó en la traducción de Alonso Donado, seudónimo de Dámaso Alonso, que se publicó en España en el primer semestre de 1926 y del que se  hicieron eco Ramón Pérez de Ayala y Benjamín Jarnés. Alonso Zamora leyó el Ulysse (editado en Paris, 1929) en traducción francesa del original inglés (primera edición Ulysses, París, 1922, por  Sylvia Beach, propietaria de la librería Shakespeare and Company) de Auguste Morel con la  ayuda de Stuart Gisbert, revisada por Valery Larbaud  y la supervisión del propio James Joyce donde alcanza las más altas cotas del lenguaje, mediante la reordenación de la ortografía y la puntuación o la alteración de los vocablos, junto a la convivencia en el mismo texto de un sinfín de diferentes estrategias narrativas; según leo en ficha expositiva de la Biblioteca Nacional de Madrid (consulta 15/10/2016). La lectura de esta versión se la confirmó Alonso Zamora a la autora de un estudio sobre Mesa, sobremesa editado por la Universidad de Florencia. La primera traducción al español argentino del Ulises [Juan Brodersen «Salas Subirat: el ignoto traductor que logró lo imposible con el Ulises de Joyce»  en Clarín, 2 de septiembre de 2016. Consulta 10 de octubre 2016]  es de 1945 según afirma en Iberjoyce (2004) Julián Ríos: «El profesor y crítico uruguayo Emir Rodríguez Monegal, de visita en Madrid, me comentó entonces que el Ulises de Salas Subirat –emprendido por cuenta y riesgo de su traductor en 1937– había sido revisado por Borges, antes de su publicación, en 1945. La segunda edición revisada (1952) se encuentra en los fondos de la Biblioteca Índice de Cáceres y la cuarta edición en el legado Alonso Zamora Vicente de la Cuesta de Aldana.

1926-1932. BACHILLERATO

Con motivo del «Itinerario Artístico Literario Alonso Zamora Vicente. 100 años de su nacimiento» reflexiono sobre los medios educativos y varios profesores del Instituto de Enseñanza Secundaria San Isidro, donde estudió Alonso Zamora, con el testimonio de Camilo José Cela y Eladio de Juan.

Es fácil imaginar cómo fue la formación de Zamora Vicente en el San Isidro de Madrid. Desde la Plaza de la Cebada 10 tenía dos recorridos alternativos diarios, el primero por la calle Toledo arriba y el segundo por la Cava Alta doblando a la derecha. En esos años (1926-1933) también cursa el bachillerato en ese centro María Josefa Canellada. Desconozco si llegaron a conocerse. El centro fue sede de la Academia matemática fundada por Felipe II y del Colegio Imperial. El claustro y la capilla están descritos en El árbol de la ciencia del que fue alumno Pío Baroja. Disponía de herbario, gabinete de historia natural, gabinete de física y química,  dotados con aparataje diverso. Rogelio José Sánchez García, director del centro, promueve la revista nacional Segunda Enseñanza (1924-1927) y los alumnos publican la revista Instituto (1927-1928). En esos años ve la luz La colmena (1930-1932), revista pedagógica  de orientación libertaria.

Alonso recibe clases de bachiller durante tres años y tras superar la reválida cursa tres del bachillerato universitario. En 1932 recibe el título de Bachiller y se matricula en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid, primero en la sede de San Bernardo y después en la inaugurada Ciudad Universitaria. En su instituto, que tanta historia conserva, se formaron sus admirados escritores Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Tirso de Molina, Mesonero Romanos, Antonio Machado entre otros. En el museo del instituto se conserva material que Alonso Zamora debió usar y conocer como son 6 cilindros fonográficos, mapas,  globos terráqueos, un microscopio de principios del siglo XX, láminas de botánica y anatomía humana, diapositivas epidoscópicas de cristal y linternas mágicas de proyección. El centro contaba con un cuadro de profesores muy preparados, que sufrirán la mayoría  la depuración tras la guerra civil.

Camilo José Cela ha novelado y creo que ha falsificado la historia de haber coincidido en las clases con Alonso en el centro. Alonso recuerda haber conocido al Nobel en las clases de Pedro Salinas en la universidad.

Información 13.05.2016: «Cela inició la carrera de Medicina en la Universidad Complutense, pero muy pronto abandonó estos estudios para asistir, en la nueva Facultad de Filosofía y Letras, a las clases de Literatura Española Contemporánea de Pedro Salinas, a quien confía sus primeros poemas.

Allí se hizo amigo del escritor y filólogo Alonso Zamora Vicente, del poeta Miguel Hernández y de María Zambrano, en cuya casa conoció a Max Aub y otros escritores e intelectuales».

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Alonso Zamora Vicente y Camilo José Cela en Real Academia Española

Cela trae a escena a su pariente Enrique Barrigón González y en diálogo imaginario hace que Zamora pregunte por el cura de latín: [AZV]: «-Después vino el bachillerato en el instituto de San Isidro. ¿Te acuerdas de don Enrique Barrigón González, el cura de latín?». [CJC] «-¿No voy a acordarme? ¡Qué burro era!». Enrique Barrigón González es el autor de Ejercicios de traducción latina (Cuesta, Valladolid, 1923). Aprovecha Cela para describir a un cura singular, de quien Zamora no debió guardar buen recuerdo. Cela no fue compañero de clase con Alonso porque estudió por enseñanza colegiada y se examinaba por libre, con un expediente en el que la nota más alta es un aprobado, en algunas materias en segunda convocatoria. En uno de los exámenes de latín Cela lo hizo francamente mal y optó al final del ejercicio por darle recuerdos de su padre al examinador. Este cambió de opinión súbitamente y lo aprobó. Barrigón era pariente lejano del futuro Nobel. En cierta ocasión ilusionado le llevé de obsequio a don Alonso una edición de ese libro, puso muy mala cara y no me aceptó el regalo. Eladio de Juan me da la clave sobre la personalidad de este singular sujeto en La generación silenciada (2010) de Ana de Juan: “Un sacerdote magistral en su cátedra, aunque pareciera más seglar que cura […].Era un curita cañón y gozaba de nuestras simpatías, ya que le daba un aire a la sotana como Pepe Luis Vázquez a su capote”. Eladio de Juan era dos años menor que Alonso Zamora Vicente, se alistó al cumplir 18 años en la brigada dirigida por El Campesino, en la que coincidió con Jesús Martínez Tessier, padre de los hermanos (Martínez) Reverte, Jorge y Javier, periodistas y escritores. Zamora Vicente fue soldado republicano y colaboró en la salvación de los cuadros del Prado muy cerca de Tomás Navarro Tomás, llamado a filas y destinado en una brigada dedicada a labores de intendencia.

El profesor de matemáticas Pedro Puig Adam,  renovador de esta disciplina, es  discípulo de Julio Rey Pastor, fundador de la Sociedad Matemática española (1909). Eladio de Juan en Memorias inéditas de Eladio de Juan [Nana de Juan. Prólogo de Jorge Martínez Reverte Nana de Juan Penguin Random House Grupo Editorial España, 15 jul. 2010, 256 páginas. Consulta, 11/10/2016] alumno durante esos años en el centro lo retrata con estas palabras: «Ex alumno del Instituto San Isidro. Inconmensurable en su asignatura y cátedra. Inalterable en su carácter, era difícil adivinar su enfado o su alegría. Duro en la enseñanza. Temible ante un examen».

El  profesor de geografía, Juan Dantin Cereceda es estudioso de las comarcas naturales de España, fue pensionado por la Junta de Ampliación de Estudios y colaboró con el investigador Francés Paul Vidal de la Blache, en la avanzadilla del análisis de las regiones.

José Verdes Montenegro y Montoro, su profesor de ética es  militante del partido socialista y mantuvo correspondencia con Miguel de Unamuno  a partir de 1918.  Autor de Apuntes de psicología científica (5ª edic. 1922) y Deberes éticos y cívicos y rudimentos de derecho (2ª edic. 1928). Eladio de Juan lo recuerda un tanto excéntrico, pero inteligente: «Buen profesor, pero como una cabra, o al menos con las características del noble animal. Severo y recto, se complacía en sonrojar y  poner nervioso al alumno, ya unos mocitos, puesto que la asignatura se daba en el sexto año de bachillerato». Lo presenta como el profesor de las preguntas raras, detrás de las cuales vislumbro cómo con ellas hacía razonar al alumno.

Fernando Belmonte y las palabras y cosas. Alonso, futuro lexicógrafo y continuador de la escuela alemana conocida bajo la etiqueta de Palabras y cosas, admirador de Fritz Krüger en esta disciplina, siguió con mucho interés las clases de Fernando Belmonte,  que explicaba Terminología científica, industrial y artística y llevaba a los alumnos al Prado a ver los Velázquez y grecos. En esta materia el alumno aprendía nociones básicas de agricultura, artesanía, fiestas populares, gastronomía regional, historia y arte de España. La visita al Museo del Prado con Belmonte y la excursión años después con Elías Tormo a Toledo produjeron el fruto de sus dos primeros artículos sobre el caballero de la mano en el pecho y los caballeros del entierro del Conde de Orgaz, paseándose por el Toledo del Siglo de Oro. Su opinión –subjetiva claro–  en 1953 sobre sus artículos primerizos se la da a Juan Mayor [ a quien agradezco el haber dado copia de A. Zamora Vicente: “Carta abierta a Juan Mayor”, El Gallo, nº 1, marzo 1953, pág. 2.] «… con grecos y chismes viejos (casi como los que hoy me gusta coleccionar) y un fondo de tristeza que le iba muy bien» y le recuerda que cuando él era estudiante se publicaban en el entorno de su Facultad madrileña las revistas Almena y Floresta de verso y prosa.

Zamora fue un pionero en aplicar el método de la escuela de Hamburgo en su tesis doctoral en la descripción del vocabulario, las palabras y de las cosas (carboneras y  descorche del alcornoque). Esta metodología la siguieron después de él los primeros doctores en filología de la posguerra que tenían que defender su tesis doctoral hasta 1953 en la Universidad Central de Madrid, María Josefa Canellada, Antonio Llorente Maldonado de Guevara, Manuel Alvar entre otros. El libro modelo para esta descripción fue su estudio Palabras y cosas de Libardón (1953). Unos años más tarde  en la Universidad de Salamanca dirigió la tesis doctoral de Ángel Raymundo Fernández González sobre el habla y la cultura populares de Oseja de Sajambre (1958). Metodología que continuó en Madrid en las tesis y tesinas tituladas El habla deEl habla y la cultura popular en…, sobre distintos pueblos y comarcas de España.

Está por relacionar la corriente etnográfica de esta escuela creada por Meringer y Hugo Schuchardt con la filosofía del lenguaje y la lingüística filosófica en la que se fundamenta al  parecer Michel Foucault, autor de Las palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas (1966), seguidor de Nietzche y Heidegger, obra escrita para lidiar con la percepción que se tenía de las palabras y las cosas. Los planteamientos teórico-filosóficos de Foucault están íntimamente relacionados entre el sujeto, las cosas y su representación verbal. Las cosas son la estructura del mundo y el hombre está en el centro, las palabras verbalizan esa estructura, pero para conocer la verdadera esencia de las cosas el hombre tiene que conocer el uso y el ser de las mismas. Esta escuela positivista de principios del siglo XX que, en Alemania en los años treinta derivó hacia el nacionalsocialismo, se dirigió a conocer el entorno del hombre para definir la idiosincrasia de los pueblos, como son las estructuras familiares, la artesanía, la alfarería como elemento primitivo del ser humus barro hombre, las técnicas de trabajo.

Para Zamora Vicente es más importante el entorno cultural y antropológico en el que vive el hombre que las isoglosas lingüísticas. En ese sentido se adelantó con su descriptivismo de las cosas una nueva concepción del discurso humano. La etimología de las palabras y su uso son manifestaciones arqueológicas transitorias del ser humano. La filología al servicio del hombre, para conocerlo mejor a través de su propia intrahistoria. De este modo se adentró en el saber popular, rural y en la sociedad literaria de sus escritores preferidos a los que ha dedicado tan pensadas e innovadoras páginas. El territorio de una comunidad está limitado por divisiones históricas ancestrales, cuyos restos están en el habla popular y las costumbres de los pueblos. Zamora sustenta esta teoría en el magisterio de José Castillejo Duarte, que resolvía los límites entre Castilla y Léon en el modo de hacer las sopas de ajo, donde se pueden apreciar las distintas divisiones de la época romana en Hispania: «Cuántas veces he revivido unas palabras del venerable Secretario de la Junta, el Profesor Castillejo, jurista, ante la inutilidad de nuestros esfuerzos para establecer los límites de Castilla y León, frontera borrada por completo. El la había fijado por la forma de hacer las sopas de ajo. Y llevaba razón» (Alicante, 2002).

1932-1939. CIUDAD UNIVERSITARIA

Matriculado en la universidad  se formará en sus aulas y en las clases que algunos profesores imparten en el Centro de Estudios Históricos. Alonso Zamora en numerosos escritos y entrevistas ha hablado maravillas de los profesores que le dieron clase.

La posición política de los intelectuales del Centro de Estudios Históricos está claramente expuesta en una carta (Madrid, 6 de mayo de 1931) de Pedro Salinas a Amado Alonso (apud Pedrazuela, 2007, pág. 143): «Por la casa, don Ramón contento pero no participante  en  la vida pública; Castro entusiasmadísimo y con verdadero fervor republicano. Dámaso sigue reacio por su especial postura de reserva frente a la República».  En Alicante Alonso Zamora exalta la figura de avanzadilla de Dámaso Alonso [Catedrático de Lengua y literatura españolas de la Universidad de Valencia, 3 de mayo de 1933], lector durante varios años en universidades extranjeras: «De Saussure no se habló (y de las tres lingüísticas saussurianas) hasta 1935, en un cursillo de Dámaso Alonso en la Universidad Menéndez Pelayo, de Santander».

Destaca siempre a sus maestros en la vocación filológica. El respeto científico a la obra de Ramón Menéndez Pidal, las ideas filológicas y culturales de Américo Castro “que sabía mucho y  enseñaba mucho”  con pasión “por todo aquello que tocaba o deseaba o se le ocurría”,   que desde 1920 clama por nuevos planes de estudios en la universidad española y en 1922 ve aprobado el estatuto de autonomía de la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid. Representa la erudición sana y el contacto con los textos, el pensamiento de Cervantes y el consejo de no cultivar nostalgias después del fracaso de la guerra civil. Profesor de Historia de la lengua que le familiarizó con los textos literarios de la Edad Media y de los Siglos de Oro (Jorge Manrique, La Celestina, Quevedo, Cervantes).

La disciplina de laboratorio y de emprendedor tecnológico de Tomás Navarro Tomás  en las clases de fonética le puso en contacto con la escuela de Praga. El profesor que más le influyó en el conocimiento de la realidad artística y geográfica de España fue Elías Tormo, un valenciano comprometido con la conservación del patrimonio artístico. En torno a los diez años Alonso había leído la guía de las iglesias de Madrid de Tormo y la utilizaba para enseñarles a sus primos manchegos la capital de España. En la Universidad fue su profesor, el que había sido rector y ministro. Lo recuerda en 2002: «De la mano de un valenciano ilustre, Elías Tormo, ex ministro de la Corona y hacedor de la verdadera autonomía universitaria, la que hizo posible aquella deslumbrante Facultad de letras de Madrid, comprobábamos, tal una experiencia de laboratorio, cómo el valenciano y el castellanoaragonés tenían una frontera clara en las proximidades de Segorbe (ya lo había publicado en la Guía de Levante de 1923)». De los numerosos viajes por España en compañía de Elías Tormo, además de los cercanos a Segovia y Toledo, destaco el itinerario extremeño por Tornavacas, Plasencia, La Vera, Coria, Alconétar, Mérida para asistir al estreno de Medea en traducción de Unamuno, el viaje a Levante: «En alguna excursión universitaria, en Denia o sus vecindades, se palpaba casi el regreso de Cervantes, aún encadenado a la dolorosa vivencia argelina, y se revivían las fiestas con motivo de unas bodas reales y su relación con Lope de Vega o con el Duque de Lerma» y la visita a Salamanca a principios de julio de 1936. Lo veo alto con la espalda encorvada en la fotografía de grupo ante la estatua de Fray Luis de León, donde Unamuno bromeó y propuso «el saludo a lo fray Luis» en oposición y alternativa a los otros dos saludos de moda en aquellos momentos pretrágicos.

Se ha repetido numerosas veces  el elenco de grandes figuras de aquel claustro de profesores de la Facultad de Letras. El aula Valdecilla de Noviciado sigue  a José Ortega y Gasset en el curso «Entorno a Galileo». Manuel García Morente le enseña introducción a la filosofía,  Agustín Millares latín, José Montesinos lengua española. Carmen Batlle le adentra en el francés  y Luis Morales Oliver le corrige ejercicios de redacción y formación de estilo, Andrés Ovejero historia de la cultura. Lapesa, trabajador de ficha y dato exacto, en sustitución temporal de Américo Castro,  explica gramática histórica y comentario de textos medievales. Ramón Menéndez Pidal da las clases del último curso de carrera, 1936 «Textos poéticos en Crónicas medievales» a partir de enero, los lunes y viernes en el Centro de Estudios Históricos. Tomás Navarro Tomás había introducido a Zamora Vicente en el Centro, donde observaba las grabaciones,  entre otros de Miguel de Unamuno para El Archivo de la palabra y ayudaba  al maestro en la clasificación de los materiales que mandaban los encuestadores del Atlas Lingüístico de la Península Ibérica. Don Alonso en conversaciones  telefónicas con él cuando yo preparaba el vídeo para la exposición de Fonética experimental (2001) me ilustró sobre estos temas y me aconsejó sobre los contenidos del mismo, con una bibliografía selecta que aclaraba otra no tan escogida y a la que yo tomaba como referencia principal.

En la universidad dejó de asistir a las clases Xavier Zubiri, caracterizado por Rosa María Alonso (1953) como carente de «la claridad»,  que es «la cortesía del filósofo» en frase de Ortega y Gasset. Estas sesiones oscuras las seguían los «intelectuales de oficio que teníamos en el grupo de estudiantes». Cita a Luis Rosales, Vivanco, Panero, Gurruchaga,  Julián Marías y la que sería su mujer, Lolita Franco. Ofrezco la lista de algunos alumnos que frecuentaron las aulas de la ciudad universitaria  en esa época tan singular de las letras españolas: Álvaro D´Ors, Antonio Tovar, Camilo José Cela, Carlos Alonso del Real, Carmen García Lasgoiti, Consuelo Oliveros, Darío Fernández Flórez, Dolores Nogués, Eduardo Ródenas, Ezequiel Benavente, Germán Bleigber, Gurruchaga, Leopoldo Eulogio Palacios, Lolita Franco, Luis Felipe Vivanco, Luis Rosales, Manuel Granell, Margarita Sánchez, María Josefa Canellada, María Luisa Oliveros, María Rosa Alonso, Matika Goulard, Maximino Batanero, Rafael García Serrano, Teresa López Serrano.

1936-1939. GUERRA CIVIL

En 2002 en el acto de investidura de doctor honoris causa visionamos un vídeo con esta secuencia: «Si no hubiera sido por Dámaso yo no hubiera vuelto a la Facultad después de la guerra. En la guerra yo aprendí que en la vida había muchas cosas más interesantes que traducir a Tito Livio, descubrí que a una persona que lo ha pasado mal, que tiene muertos en la familia, asesinados, que tiene otros en la cárcel, es que una palabra cariñosa, un llevarle un monigote al chico pequeño, vale más que muchos años de universidad» [Videoteca: Alonso Zamora Vicente y la Guerra Civil. http://www.cervantesvirtual.com/portales/alonso_zamora_vicente/241117_guerra_civil/]

El 18 de julio estaba preparando el examen de licenciatura en el Centro de Estudios Históricos, con su amigo Eduardo Ródenas, director de Haz, revista falangista, asesinado unos días después en El Molar. De la experiencia de la guerra civil valora que es «más importante la decencia que la ciencia», cambia el ofertado destino de becario y lector de español en una universidad alemana a ser  voluntario en guerra, a las órdenes de Tomás Navarro Tomás para salvar las bibliotecas madrileñas de las bombas, bajo el mando de Antonio Rodríguez-Moñino. El domingo 19 ve cómo un pueblo ignorante incendia la iglesia de San Andrés porque creían que allí se escondían los seguidores de los sublevados. Su parroquia de San Andrés tan bien descrita en el libro de Elías Tormo, que él había leído de niño aventajado, de la que era párroco don Juan, amigo de su padre. Desde el balcón de su casa vio cómo se desmoronaba una de las cúpulas del barroco español. En el barrio se le consideraba socialista, ya que daba clases en el Centro Instructivo del Obrero, fundado, entre otros, por Alonso Zamora Bueno. Cercano a sus profesores compartía los ideales republicanos cultivados tanto en la Facultad como en el Centro de Estudios Históricos y, por supuesto muy cercano a su maestro Tomás Navarro Tomás, pero alejado del comportamiento de la destrucción del patrimonio español con la quema de iglesias. La relación estrecha y cercana con María Josefa Canellada, partidaria de una solidaridad cristiana «porque tenemos un pasado, una cultura que es –querámoslo o no—cristiana y de la cual no podemos prescindir. Sería preciso que hubiera una solución de continuidad en la Historia, que se acabara por completo todo y que volviera a aparecer el hombre limpio de todo para llegar al Comunismo. Rusia sí lo pudo hacer, porque es una nación nueva, un pueblo reciente». Estas palabras me corroboran lo cercano que estaba de Tomás Navarro Tomás, que llegó a estudiar ruso para visitar Rusia en plena guerra civil y el cariño con el que preparó la foto de Mijé junto a Tomás Navarro Tomás en la exposición de Fonética Experimental en honor del maestro exiliado para siempre después de la guerra civil.

Alonso Zamora tras la quema de iglesias decidió apartarse de los «comunistas vehementes» y se afilió a la CNT gracias a un amigo que tenía un cargo importante en el sindicato. Esto le obligó a dar clases gratis en un instituto de la zona de San Blas a los hijos de evacuados de Extremadura. Reside en la casa paterna con su padre, María de los Llanos y sus hermanastros Rosa y Cristóbal, que murió de inanición.

En esos primeros meses de la guerra se dedicó a traducir Os Lusiadas con la colaboración de María Josefa Canellada según cuenta ésta en su diario. En los primeros momentos de la guerra colaboró trasladando libros de bibliotecas particulares a la Biblioteca Nacional. Pronto dejó esta misión porque aquello olía a improvisación y según me contó no le gustó la actitud arrogante de Antonio Rodríguez-Moñino que en alguna ocasión se paseaba por la calle de Alcalá blandiendo su pistola. Mantuvo una estrecha relación con Tomás Navarro Tomás  coincidiendo en la Biblioteca Nacional colaborando en la salvación de las bibliotecas y del patrimonio del Museo del Prado. En noviembre se despedía de Tomás Navarro Tomás en Medinaceli, 4. Su hermano Miguel está en el bando de los sublevados y Paco es nombrado comandante del estado mayor del ejército republicano. En un avance en Campamento Miguel es capturado prisionero por la brigada de Paco. Se le traslada a Valencia y es liberado de la muerte al ser canjeado por una hija de Indalecio Prieto.

En la primavera de 1937 se incorpora en la brigada mixta nº 3 de la que su hermano Paco era mando, en Valdelatas, prácticas de tiro en Campamento. Destinado a oficinas se ocupa en la elaboración de nóminas de soldados. En julio de 1937 se retiran a los pueblos de   Viana, Pareja, Azañón (Guadalajara), dedicados con un camión pequeño a las tareas de intendencia en busca de pan, hortalizas. Se acercan  a la comarca madrileña de Las Vegas, regadas por el Jarama, Tajo y Tajuña, donde se cultivan los famosos melones de Villaconejos que sembrados en abril y mayo se recolectan en agosto y septiembre. El camión de Intendencia tiene una avería y es reparado en Ocaña. Alonso aprovecha para visitar a María Josefa Canellada, que había sido trasladada del hospital de sangre del Casino de Madrid al habilitado en la cárcel de Ocaña. Zamora le lleva unas flores de «parte de él y de su novia». Curiosamente se referiría tal vez a   Teresa López Serrano, fallecida en la contienda. Los jóvenes Alonso y María Josefa empiezan un largo noviazgo que terminará en boda en 1946, aplazada en varias ocasiones por el respeto a los lutos familiares de ambos.

Zamora Vicente estaba en Valencia con Navarro Tomás el 3 de septiembre de 1937 junto al cuadro Las Meninas de Velázquez  «acompañando a una comisión británica que llegó a Madrid a ver cómo se cuidaban las telas del Prado…». En el otoño de 1937 lo sitúo en Sesa (Huesca) en labores de intendencia del frente del Ebro. Desde ese paraje de La Plana de Huesca le escribe cartas llenas de cariño a María Eloína (María Josefa) transcritas en Penal de Ocaña: «No te enfades con lo que voy a decirte […] Mi gran fracaso sentimental es que yo no he tenido madre, María Eloína. […] Lejos, los cañonazos. He de llegar algún día a este olivar, y te mandaré unas hojitas en una carta. Me parece que la guerra ha terminado tan sólo porque me siento contento, comprensivo, adorador solitario de todo». Fue en Sesa donde su compañía guardaba los alimentos en el edificio del seminario de Huesca en esa localidad y en la iglesia del pueblo donde se salvó de un obús que abatió a un compañero suyo estando debajo de un olivo en el regal del río Gratizalema.

En la retirada del frente de Aragón, finales de febrero, principios de marzo de 1938 pasa con su compañía por Selgua, cruza el río Cinca por el puente de Monzón y por la Cllamó [Clamor de Almacellas] llega a Vilanova de Segrià (Lérida). «Don Alonso el límite de La Litera con Cataluña está en la Cllamó de Almacellas» y él repitió recordando algo con su entonación característica: «la clamooor». Algún recuerdo debió sugerirle mi voz en enero de 1974 en la Universidad Complutense.

La brigada cruza el río Segre por Balaguer y se asienta en Maldà (Lérida). Luego pasan a Barcelona en marzo-abril de 1938. Asistió a la representación teatral de Sansón y Dalila en el Liceo y habló en un entreacto con Tomás Navarro Tomás que  «Era el símbolo de una generación maltratada y de una situación en la que nos vimos envueltos todos sin comerlo ni beberlo […] Hacia la mitad,  poco más  o  menos,  el  apagón,  las  sirenas  de  alarma,  el  zumbido  de  los  motores,  las explosiones  que  bordan  el  teatro,  la  multitud  que  canta  en  pie,  con  frenesí,  Els segadors…». Posteriormente Zamora Vicente al frente de una compañía de intendencia se asienta en  Òdena en una masía, a escasos kilómetros de Igualada. En el último tercio de su vida volvió a la masía en un viaje a Barcelona acompañado de Juan Manuel González Martel,  que filmó el paraje en Super-8. La masía es un edificio del siglo XVIII, construido en piedra, con una heredad de 10 hectáreas. Su compañía se retiró en febrero de 1939 por Figueras. Con otros soldados cruzó la frontera por los Pirineos y fue detenido en Amèlie-les-Bains e internado en un campo de concentración. A un soldado francés-senegalés que le había detenido le  vendió el sello de oro, regalo de sus hermanos por haber terminado el bachillerato, con el que sufragó el viaje a París, donde buscó inútilmente ayuda en personas de la Junta de Ampliación de Estudios. Volvió a Amèlie-les-Bains y optó por regresar a España donde le recluyeron en un campo de concentración para ser clasificado como “soldado movilizado al servicio  del ejército rojo”. En tren llega a Irún y desde Pasajes de San Juan en barco es trasladado al campo de concentración de San Juan de la Rinconada (Sevilla), donde es clasificado en tipo B, voluntario del ejército republicano sin estar afectado por responsabilidad social, política o común,  con lo que quedaba preso hasta que no se dispusiera otra cosa. Con un aval enviado desde Mérida por un primo de su madre, Asunción Vicente, consiguió la libertad. Trabajó en la construcción hasta el mes de mayo para pagarse el billete a Madrid, donde se encuentra en el domicilio paterno con su padre Alonso, su madrastra María de los Llanos y hermanastra Rosa. Es llamado por el ejército de Franco y es destinado a Los Pirineos, pero en Barcelona, tras sufrir una recaída en la enfermedad de bronquios es declarado inútil. Regresó a Madrid donde tenía limitada la capacidad de desplazamiento al ser depurado militar y la obligación de presentarse cada día en  la comisaría de la calle Don Pedro.

En 1939 realizó el examen de fin de carrera con ejercicio escrito y oral sobre historia del arte consiguiendo el título de licenciado en Filosofía y Letras, tras haber aclarado una falsa denuncia, gracias a su profesor de la Osa, en la que alguien le acusó de ser comisario político durante la guerra. Eran tiempos muy tensos. En 1938 Joaquín de Entrambasaguas  [que fue mi profesor de literatura del Siglo de Oro en 1973] en Pérdida de la universidad española había tildado a  Américo Castro de «maniquí erudito», a Sánchez Albornoz de «inverecundo» y los trabajos de Navarro Tomás «gorgoritos fonéticos», de «poesía presupuestaria» la de Pedro Salinas y de «inefable» a Homero Serís. Con el solo apoyo de Dámaso Alonso, catedrático de Lengua y literatura españolas desde 1933 en Valencia, colaborador del Centro de Estudios Históricos durante la guerra [“Está en España, donde le han separado de su cátedra por el delito de «convivencia con los rojos» […] Dámaso no era hombre banderizo, de partido, como yo. Pero es persona (¡ay, qué raro es encontrar gente que de veras sea persona, mi querido Salinas!). Podía uno fiarse de él, estar seguro de que dondequiera que se le pusiese cumpliría, que dejaría alto y bien plantado el pabellón de España”, Carta de José María Quiroga Pla a Pedro Salinas.  París, 21 de julio de 1939, apud  Laberintos, 16 (2014), pp. 349-380, ISSN: 1696-7410, la cita en la pág. 377)  y catedrático de Filología Románica en Madrid desde el 15 de enero de 1941, Zamora Vicente se encauzó para seguir desde dentro del país la labor destrozada por la guerra en la aventura ingrata de formar parte del grupo republicano en el exilio interior en la España triunfadora de los sublevados en convivencia difícil con los unos y con los otros. Dámaso Alonso, Rafael Lapesa, Antonio Rodríguez-Moñino, Zamora Vicente y una larga lista de depurados de la guerra civil han hecho posible la continuidad de la ciencia en circunstancias nada propicias que estamos analizando en el «Itinerario Artístico Literario Alonso Zamora Vicente. 100 años de su nacimiento».

1940-1947. CATEDRÁTICO DE INSTITUTO Y DE UNIVERSIDAD

La inmediata posguerra es un nuevo laboratorio de aprendizaje para Alonso Zamora. Consigue la cátedra del Instituto de Enseñanza Secundaria de Mérida, 1940, defiende su tesis doctoral en 1942, se traslada al Instituto Gelmírez de Santiago de Compostela ese mismo año y en 1943, 14 de julio, obtiene la cátedra de universidad, primero en Santiago “Lengua y literatura españolas” con un haber mensual de doce mil pesetas. Su estancia en Galicia la recuerda en la conferencia  Compostela años atrás (abril 1992) y en el discurso de investidura como doctor honoris causa en 1995 por la Universidad de Santiago de Compostela, apadrinado por Constantino García. Su primera clase en octubre de 1943. Toda mi generación (de la que soy, en verdad, un superviviente) ha tenido un torcedor espiritual: soñar con una España nueva, […] con …una universidad también nueva, eficaz creadora de ciencia y de personalísimo talante vital (1995).

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Alonso Zamora Vicente. 1943. Archivo familiar. Fundación Biblioteca Alonso Zamora Vicente. Cáceres

En 1947, 14 de abril, por concurso de traslado es titular en Salamanca de la cátedra de  «Lingüística románica  y filología portuguesa». Son años de perfeccionamiento y formación a pesar de los tiempos difíciles: Mucho aprendí, quizá a contrapelo y embarulladamente, en aquellos años insomnes de la posguerra civil, del contacto con los sobrevivientes de la filología centroeuropea (Alicante, 2002). Conoce personalmente a los grandes de la filología románica: Mario Roques, Karl Jaberg, Meyer Lübke, Max Leopold Wagner, Gerhard Rohls, F. Krüger y  Karl Vossler el patriarca de la filología idealista (y raíz de la estilística, de la forma interior del lenguaje, etc.).

Tras ese aprendizaje lo veo obrero de la cultura, codo con codo con su generación,  en las palabras laudatorias de Santos Sainz Villanueva (2002) que hago mías: La ‘zurrada quinta’ de Zamora, y Zamora en ella, han hecho posible una España más rica, más tolerante, más culta. Una España mejor. En la tradicional e imperial Salamanca se encuentra con la afabilidad de César Real de la Riva, Manuel García Blanco y el ímpetu renovador de Antonio Tovar. La ciudad y la universidad no le gustan y se refugia en la revista Ínsula donde da a conocer  lo nuevo producido en el interior de España, expectante con la labor iniciada socialmente por Dionisio Ridruejo y Pedro Laín Entralgo. Sus reseñas son el barómetro de las escasas voces que se apartan del oficialismo franquista y religioso que ocupan las cátedras universitarias. Resalto las recensiones a obras de Ramón Menéndez Pidal, Fray Justo Pérez de Urbel, Manuel Gómez Moreno, Julio Caro Baroja, Aurelio M. Espinosa y Antonio Tovar.

El ambiente salmantino, a pesar de enlazar enseguida con un grupo de estudiantes que le siguen en las tertulias de café,  y los cafés servidos por María Josefa en su casa de alquiler de Milicias Nacionales, 2, no era de su agrado. Anima al joven profesor, Manuel Alvar López, adjunto de Manuel García Blanco, en la preparación de la cátedra de Granada. Tiene esperanzas en los jóvenes que le decepcionarán unas décadas después. Hastiado aprovecha la primera oportunidad y se exilia en misión cultural en Buenos Aires. En más de una ocasión se refugia en las conversaciones privadas y en los paseos con el opositor a cátedra y con José Mª Ramos Loscertales (1890-1956) que tantas cosas conocía del Instituto-Escuela del que fue profesor durante dos cursos, discípulo de Hinojosa y colega en el Centro de Estudios Históricos de Claudio Sánchez Albornoz.

1948-1952. ESCRITOR Y FILÓLOGO EN BUENOS AIRES

En Buenos Aires se hace escritor de creación literaria, sin olvidar su labor de investigador y profesor de Universidad. Se hace cargo de la dirección del Instituto de Filología de la Universidad, continuando la labor de Américo Castro y Amado Alonso, sus predecesores. Reorganiza el instituto tras la expulsión de varios de sus miembros  por el General Perón: «Empecé a escribir en Buenos Aires […]. Exiliados españoles de lo mío allí no había nadie o casi nadie. Y Eduardo Mallea el novelista dirigía el suplemento literario de La Nación y comencé a mandarle artículos y cosas. Le gustaron. Me trataron muy bien». (2002)Videoteca, Cervantes Virtual. Publica también en la Revista de la Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires literaria y en Azul de Montevideo.  Funda la revista Filología (1949). De esos años traigo aquí el reencuentro con Aurora Bernárdez en el último mes de vida de don Alonso, compañera de Julio Cortázar y esta fotografía publicada en el portal de la Biblioteca Alonso Zamora:

03-circa-1958-aurora-bernardez-julio-cortazar-alonso-zamora-vicenteAurora Bernárdez, Julio Cortázar y Alonso Zamora Vicente en Salamanca, circa 1957. Aurora escribe  a Alonso Zamora una tarjeta postal desde París el día 12 de febrero de 2006 una tarjeta postal, alojada en el portal de la Fundación Biblioteca AZV [consulta 7 de noviembre de 2016] que transcribo como pie de foto: Aquí va la foto que encontré revisando viejos papeles, bastante desordenados, es decir, sustituyendo el viejo desorden por un desorden nuevo. Para verla supongo que necesitarás, como yo, una lupa. Tú has cumplido 90 y yo voy vertiginosamente hacia los 86.

1940-2006. PALABRAS Y COSAS. EL HABLA DE MÉRIDA…

De 1940 a 2002 comprueba que la vida española ha cambiado muchísimo:  no hay ya batanes, ni telares, ni tertulias en la plaza, todo sustituido por la clamorosa televisión. Sus enseñanzas aprendidas de la mano de Tomás Navarro Tomás le sirvieron para dar continuidad a la romanística europea que compartió con los mejores. Cumplió su misión, la de mantener siempre la llama de la innovación investigadora. Sus cilindros fonográficos del instituto de bachillerato se transformaron en quimogramas y palatogramas con los que ilustra la primera y única edición de El habla de Mérida y sus cercanías. En el año en que Mérida le honró con una calle se reimprimió el libro, que ahora con motivo del centenario de su nacimiento,  el mismo edil ha propiciado que la Editora Regional de Extremadura lo incluya en su prestigioso catálogo en segunda reimpresión precedida del prólogo que redactó para la segunda reimpresión.

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Alonso Zamora Vicente con Esteve, María Antonia Fajardo, Merche Soto, Antonio Viudas  Camarasa y José Carlos Rovira Soler. Alicante, 13 de marzo de 2002.

Termino este prosema reflexionando sobre el extremeño que conoció Alonso Zamora Vicente y las lenguas habladas en la Extremadura que quiere conservar su patrimonio lingüístico. El libro original se puede leer de nuevo. Ha habido varias descripciones. Lo importante es la interpretación de ese libro,  no describir de nuevo como tantas veces se hace en los estudios filológicos descriptivos.

La labor del investigador universitario consiste, según aprendí del escritor y periodista Pedro de Lorenzo,  en opinar, comprometerse, en una palabra en “mojarse” con las cosas. Si digo que Zamora Vicente escribe un libro que tiene introducción, un capítulo dedicado a la fonética, otro a la morfología y otro al léxico, no hago más que describir el libro.  Para eso es suficiente leerlo, pero si digo que Zamora Vicente escribió el habla de Mérida por necesidad, porque sabía investigar y era un excelente narrador que revivía el habla, el léxico, la entonación, la cultura de un pueblo para dar testimonio del mismo con los métodos lingüísticos que aprendió y que él mismo inventó, estoy interpretando esa cosa, le estoy dando vida verbal a esa cosa que es un libro que sirvió de tesis doctoral y le aupó a ser un filólogo de nómina universitaria,  y un pensador del valor y el significado de la vida de un pueblo, primero español y después hispánico.

Para Zamora la lengua era su patria, una lengua formada por todos los acentos geográficos y por todas las clases sociales; sus personajes literarios se deben reconocer por la manera de cómo hablan y por su propia voz.

Apátrida temporal, exiliado voluntariamente por más de trece años de la universidad oficial española,  tuvo como único pasaporte la lengua española que habló siempre, escuchando sus acentos, en los distintos y numerosos  puntos del planeta que visitó. No voy a repetir que Sever Pop, el exiliado rumano, acogido en la Universidad católica de Lovaina, en el mejor libro de dialectología del siglo XX calificó esta monografía de modelo. Ya lo divulgué en su día como primicia. Sí diré que con la aseveración de Pop y las citas que de lo publicado hasta 1950 Alonso Zamora Vicente hubiera pasado a la historia de la filología universal como una autoridad internacional. Su obra hasta esa fecha constituye un escaso tanto por ciento de su producción total.

En relación con los estudios dialectológicos le rondaba por la cabeza escribir un manual de la asignatura con la que se estrenó gracias al lento despertar matinal  de un catedrático que no podía dar clase antes de las doce del mediodía. Anunciada con mucho tiempo de antelación en 1960 los lectores conocieron la primera edición de la Dialectología Española con capítulos dedicados al mozárabe, leonés, aragonés, extremeño, riojano, murciano, canario, judeoespañol y español de América. El libro tuvo éxito científico y comercial. Las 390 páginas de 1961 (reseñadas entre otros por Vicente García de Diego, Pierre Gardette, Georges Gougenheim, Zdnek Hampejs, Fred Hodcroft, Fritz Krüger, José Joaquín Montes Giraldo, María José de Moura Santos, Tomás Navarro Tomás, Rodolfo Oroz, G. B. Pellegrini, Vittore Pisani, José Pedro Rona, Gregorio Salvador, Hans Schneider, J. A. van Praag, Frida Weber de Kurlat) se convirtieron en  587 índices incluidos (más doce páginas sin numerar con el catálogo completo de Gredos de su Biblioteca Románica dirigida por Dámaso Alonso)  de la segunda edición muy aumentada de 1967, que compré en la reimpresión de 1970, en el otoño de 1972 cuando inicié mis clases con el profesor Zamora que enseguida me captó como futuro investigador animándome a investigar mi habla fronteriza ribagorzana, que tantas alegrías y desazones me está llevando el defenderla.

Escribe el manual como guía y enseguida se transforma en un clásico que ha servido para formar en esta materia a las generaciones de estudiantes y filólogos que lo han leído con provecho, considerándose algunos de sus lectores discípulos del maestro por el solo hecho de haberlo leído.  Tomó en consideración observaciones y apostillas de los reseñistas y les agradeció su generosa atención y afirma en la advertencia a la segunda edición que: He intentado enmendar algunos extremos, ensanchar mis puntos de vista y poner al día varias cuestiones. Como siempre, la imperfección asedia y el resultado sigue a la espera de nuevos pulimentos.

Esos pulimentos no se llevaron a cabo. En Alicante dedicó varios minutos a dar las razones por las que nunca publicó una tercera edición. Afirma categóricamente que el contenido de ese libro es testimonial porque lo estudiado era verdad inesquivable: esto fue así  y  Y ya no es. Las cosas del libro de Michel Foucault eran cambiantes y así lo reconoce el maestro cuando proclama que: En la escuela pidaliana, hemos hecho una dialectología, levantando toda una construcción riquísima, eso sí, y verdadera, con el rigor de una ciencia exacta, con criterios documentales y muy depurados y deja paso a nuevos enfoques que han sido posibles gracias a su magisterio.

El habla de Mérida de Zamora Vicente es un testimonio de cómo era la vida antropológica de los años cuarenta, manifestada en las palabras del momento.  El extremeño de la dialectología de su segunda edición pervive en las generaciones mayores, pero el habla de los jóvenes está muy alejada del entorno etnográfico de hace más de seis décadas.

Las cuestiones teóricas sobre el complejo lingüístico de España han variado mucho desde los años sesenta. Dialecto, habla de tránsito, es lo estudiado en el manual, pero los distintos enfoques han hecho que podamos hablar de lengua asturiana, lengua aragonesa con toda propiedad en la filología internacional de hoy. Por eso el extremeño, de verlo como habla de tránsito, ha pasado en mi modesta opinión siguiendo las enseñanzas del maestro para renovarlas,  a ser estudiado en un territorio donde se habla el castellano oficial sin olvidar la variedades del alto extremeño, el bajoextremeño, el portugués rayano en las provincias de Cáceres y Badajoz y A fala, declarada bien de interés cultural, por eso desde esa perspectiva he afirmado y me ratifico que la Comunidad Autónoma de Extremadura es un país plurilingüe, en el que se habla el castellano oficial, el alentejano portugués, A fala en las localidades de San Martín de Trevejo, Eljas y Valverde del Fresno, y el extremeño con dos variedades: el altoextremeño y el bajo extremeño.

Para mí es un honor haber tenido un maestro que siempre ejerció la libertad de cátedra y me enseñó a ejercerla, gracias a esa libertad de cátedra los estudios filológicos siguen avanzando sin necesidad de repetir el contenido de manuales que siempre están sometidos a constante revisión, por esa razón y porque la materia prima de la etnografía de los pueblos ha cambiado al ser sustituido el barro por nuevos productos, las palabras de herencia cultural son sustituidas por otras nuevas, producto de la evolución y cambios en los medios de vida.

7:04. Antonio  Viudas Camarasa

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